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Baldón de turismo marihuanero

Mujica aseguró que no se produciría un carnaval marihuanero, afirmación derrumbada por la propagación del consumo y la venta ilícita

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03 de enero de 2018 a las 05:00

La alentadora temporada estival promete marcar un récord de visitantes, de actividad comercial y de ingresos fiscales, poniendo al turismo al tope de los rubros de exportación junto con la carne y la industria forestal. Es resultado del buen manejo ministerial del tema y, fundamentalmente, del cese de las restricciones que el kirchnerismo impuso durante años al flujo de argentinos, que representan el 80% de los extranjeros que llegan al país. Pero este éxito apareja también problemas difíciles de combatir. Uno es la inseguridad. La concentración de veraneantes en distintos puntos del país atrae a los delincuentes, que abandonan sus centros habituales de operación para concentrarse en los turistas como blancos más redituables y accesibles de sus fechorías. Las fuerzas de seguridad y las intendencias, especialmente en el este y el litoral, extreman cada verano medidas de control y vigilancia que atenúan pero no alcanzan a erradicar la amenaza delictiva.

A esta vieja pesadilla recurrente se agrega ahora la provisión ilegal de marihuana a extranjeros, otra derivación del baldón nacional en que cayó el expresidente José Mujica al alentar la drogadicción con la legalización del cannabis. Ya durante 2017 se registraron casos de venta a extranjeros, promovida por "tours de cannabis" que se ofrecían abiertamente en internet. Como la decena de farmacias que venden marihuana (de las 1.200 que existen en el país) lo hacen a través de un registro riguroso, los tours, o los propios turistas por su cuenta, se abastecen en otras dos fuentes. Una es la provisión ilícita por los cultivadores hogareños, virtualmente imposibles de controlar para que no excedan las ilusorias seis plantas permitidas.

Otra son los clubes de fumadores, donde el consumo escapa fácilmente a la vigilancia del magro cuerpo de seis inspectores para todo el país de que dispone el Instituto de Regulación y Control del Cannabis (Ircca). Y aunque se les compruebe a estos clubes que violan la prohibición de suministrar marihuana a extranjeros, la multa de unos US$ 70 prevista por la ley poco daño les hará ante el ingreso de US$ 250 que le cuesta el tour a cada adicto. De más impacto es que también se los puede clausurar, siempre y cuando se llegue a la meta improbable de establecer la infracción. El consumo de todo tipo de drogas, especialmente en los ambientes festivos que acompañan a las temporadas veraniegas, sigue viento en popa pese a la etérea presunción de Mujica de que la legalización de la marihuana ayudaría a abatir el recurso a estupefacientes más nocivos.

La tentación a proveerse de cannabis es notoria en turistas extranjeros, atraídos por el hecho de que la droga es legal en el avergonzado Uruguay y a quienes poco les importa, o deciden ignorar, que el uso de la droga esté legalmente restringida a los uruguayos. Mujica aseguró en su momento que no se produciría un carnaval marihuanero, afirmación derrumbada por la propagación general del consumo y la venta ilícita a visitantes de otros países por clubes de fumadores y cultivadores hogareños. Y es una esperanza irreal pensar que el ínfimo puñado de inspectores del Ircca pueda imponer el cumplimiento estricto de una ley que, de todos modos y como ya es innegable, jamás debió aprobarse.

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