Casi con el mismo escenario político con el que llegó su antecesor, Juan Pablo II hace 14 años, el Papa Benedicto XVI apronta su viaje a Cuba. La gira también incluye a México, pero las miradas están en el mensaje que el líder religioso dejará en la isla gobernada por los hermanos Castro, al frente del Partido Comunista.
Un país bloqueado por Estados Unidos desde 1961, que tiene presos de conciencia, un sistema de partido único, falta de libertades básicas y problemas económicos, esperan a Benedicto que arribará el 26 de marzo a la ciudad Santiago de Cuba.
Monseñor Emilio Aranguren, Obispo de Holguín, señaló ayer a El Observador que en “el país se han dado pasos” aunque no a la velocidad que la iglesia católica desea. Según supo El Observador, en publicaciones internas de la Iglesia –que tienen impedida su circulación pública– se expresa la necesidad de una mayor agilidad en los cambios que se procesan en la isla. Además la iglesia mantiene un diálogo con las autoridades del Partido Comunista buscando incidir. Una de las conversaciones es para que no sea considerado “disidente” todo aquel que exprese alguna crítica al gobierno.
Sin embargo, María Werlau, directora del Proyecto “Archivo Cuba”, que documenta las muertes ocurridas bajo la revolución castrista, dijo desde EEUU a El Observador que “es escéptica respecto al rol de la iglesia en la isla, que muchas veces parece avalar lo hecho por el régimen”.
Mientras tanto, previo a su viaje, Benedicto XVI ya comenzó a recibir notas con pedidos. Algunas son de los anticastristas, que son fuertes en Miami, y otras a favor de la liberación de los cinco detenidos por EEUU que los acusó de espionaje por infiltrarse en grupos anticastristas, y los mantiene presos desde hace 15 años.
Una de las notas que recibió el Vaticano provino de “La Estrella de Cuba”, una asociación de cubanos residentes en Alemania. Según el texto, al que accedió El Observador, se le pide al Sumo Pontífice “que interceda en la mejoría de las relaciones de Cuba y EEUU”, país este último que “se niega a reconocer una realidad social diferente infligiendo un cruel castigo a toda la población de la isla”, expresa la carta. La agenda anunciada prevé que el Papa pase tres días en Cuba y que cierre su gira con una misa en La Habana en la emblemática Plaza de la Revolución “José Martí”.
Esa ciudad fue el último bastión en caer en manos de la revolución de Fidel Castro, en 1959, al derrotar a la dictadura de derecha de Fulgencio Batista.