El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, ha decidido poner en práctica una estrategia espartana para cerrar la crisis por la que atraviesa su Gobierno: "encerrarse" de forma indefinida con sus socios hasta hallar una salida pactada.
La idea de poner fin con un "encuentro sin límites" de tiempo a las diferencias avivadas por los reveses electorales en los recientes comicios europeos y locales se adoptó este miércoles tras una larga reunión y algunos gestos de distensión.
Fini y Follini, que forzaron hace cuatro días la dimisión del ministro de Economía, Giulio Tremonti, piden ahora que el jefe del Ejecutivo nombre de inmediato a su sustituto y que no se "quede" durante meses con la "cartera", como ya hizo en 2002 con la de Exteriores.
Desde la Presidencia del Gobierno se concretó que el "cónclave" ininterrumpido se articulará en torno a tres mesas que se ocuparán, respectivamente, de la estructura y la "colegialidad" del Consejo de Ministros, la reforma federal y los Presupuestos para 2005.
Sobre el relanzamiento económico giran buena parte de las exigencias de AN y la UDC, que en cierta medida chocan con los compromisos de Berlusconi de bajar los impuestos y paralelamente recortar los gastos públicos para cumplir el Pacto de Estabilidad europeo.
La evaluación a la baja, la primera que una de las principales agencias internacionales aplica a un país de la zona euro, se basa en el deterioro de las cuentas públicas y en el riesgo de que sigan empeorando.
La Liga, que desde hace meses vive sin su líder natural, Umberto Bossi, alejado de la vida política por enfermedad, se ha mantenido durante la crisis muy próxima a Berlusconi, incluso tras la dimisión de Tremonti, su más firme valedor en el Gobierno.
Con estas premisas se presenta el "cónclave" ininterrumpido del domingo, que recuerda a episodios históricos como la elección en Viterbo 1271 del papa Gregorio X, tras permanecer vacante la cátedra de San Pedro 33 meses.
(EFE)