Guillermo Cervera (Madrid, 1968) es un fotoperiodista inusual. Es raro que un reportero gráfico que ha publicado en The New York Times, Marie Claire o La Vanguardia genere productos tan disímiles como impresionantes: fotos de surf o imágenes de guerras que abarcan desde Bosnia en 1993 a los levantamientos en Libia y El Cairo en 2011; de los rebeldes en Chad a la guerra de pandillas en Caracas (Venezuela) o el grupo separatista de los Tigres Tamiles durante la guerra civil de Sri Lanka. Este fotógrafo tampoco despertó su pasión por las imágenes como otros. Según cuenta a Vice todo empezó con las revistas Playboy que descubrió en su temprana adolescencia escondias en el escritorio de su padre, que éste al enterarse cambió por ejemplares de National Geographic, llevando a Guillermo a trasladar su pasión por las conejitas de Hefner al mundo definitivo de las imágenes. Su familia no quería saber nada con la fotografía y lo impulsó a estudiar Ingeniería hasta que, con 23 años su pasión y la propuesta de un amigo lo arrastró en 1993 a Bosnia, literal bautizo de fuego para un fotoperiodista que no volvió a tocar un libro de ingeniería. Pasó luego varios años atado a su otra pasión, el surf y en 2008 regresó a la profesión como reportero en Pakistán. Cruzó la frontera hacia Afganistán a cubrir las primeras elecciones libres y quedó prendado del país. Conoció a Basir, que ha sido su guía y amigo en Afganistán, al que ha regresado muchas veces generando fotorreportajes que han sido publicados en decenas de las mas importantes publicaciones del mundo. Dice Cervera en el reportaje de Vice: "Hace unos años hubo toda esta hipocresía sobre ayudar a Afganistán, enviar un montón de dinero, ayuda humanitaria, tropas, había que cambiar la sociedad afgana... Y piensas, ¡pero tú qué coño vas a cambiar! ¿Quién eres tú para cambiar nada?" Por eso su último trabajo "Bye bye Kabul" muestra la vida cotidiana de la ciudad que tantas veces recorrió, más allá del belicismo de OTAN vs. talibanes, una vida que no será la misma a partir del retiro de las tropas occidentales. Cervera cuenta que consigue esas fotos tan naturales en una sociedad tan alejada de la forma en que él mismo creció, gracias a que se "mimetiza", se viste igual que los hombres pashtunes de su edad y camina libremente, según él no necesita hablar el idioma, la cámara actúa como mediador universal. De todos modos su amigo Bazir lo acompaña en todo momento.
Bye Bye Kabul
La vida cotidiana de la capital afgana mientras está en un limbo entre el retiro definitivo de la OTAN y la inexorable toma del poder por los talibanes, en los ojos de un reportero gráfico español