31 de enero 2012 - 18:02hs

Cuenta la leyenda que mientras en Palestina los romanos crucificaban a un hombre que se decía hijo de Dios, tanto en las islas de Polinesia como en la costa de lo que luego se conocería como Perú, había pueblos de pescadores que practicaban un particular deporte que consistía en pararse sobre un tronco cortado a la mitad o sobre una especie de kayak de totora y barrenar olas con la ayuda de una rama.

Esa forma primitiva de surf, que en general se practicaba de rodillas, evolucionó hasta las tablas modernas y hasta las posturas erguidas. Y en este verano 2012, una de las tendencias de los deportes acuáticos implica una vuelta al pasado glorioso de los inicios del surf.

La forma se denomina paddle standing up board, o sea, literalmente, “tabla para remar parado”. Y esa descripción en cuatro palabras es exacta para lo que significa esta práctica, que se parece al surf más común en que la tabla, si bien es más larga y más gruesa, tiene la misma forma y remite al estilo primitivo.

En el último recodo del arroyo Maldonado, pasando el puente ondulado hacia la desembocadura, se encuentra la escuelita Bahía Pez, donde se pueden alquilar estas tablas y también recibir clases de cómo usar el paddle.

Allí trabaja Diego Umpiérrez, 35 años, surfista de Maldonado, que se tira al agua desde hace por lo menos 28, y que ha viajado por diferentes países del mundo con una tabla y que detrás de la tranquilidad de su voz tranquila y pausada demuestra experiencia.

¿Quiénes practican el paddle surf? “Desde aficionados hasta surfistas más experimentados”, dice Umpiérrez, para quien el arroyo es un complemento ideal para un surfista “clásico”. “Ayuda en la relajación del cuerpo, mejora la postura arriba de una tabla y el equilibrio en el agua”, agrega.
Las tablas se adaptan al tamaño del usuario. Las hay desde los 8 pies a los 18 (entre los 2 metros y los 5 metros y medio). Para el impulso se utiliza un remo, que también se adapta a la altura de la persona.

El instructor explica que antes de lanzarse al agua en el arroyo hay que analizar un par de elementos importantes. El primero es el viento (ver recuadro). Básicamente dos vientos llegan hasta ese sector de la costa uruguaya: el suroeste o pampero y el noreste, desde Brasil. “El pampero levanta la marea y te puede tirar contra el puente. El noreste baja la marea y revuelve el agua, dejándola fría”, dice Umpiérrez. En las costas uruguayas no sucede como en otros sitios donde la marea es determinada de forma drástica por los ciclos lunares, sino que tiene al viento como principal impulsor del agua de sur a norte y viceversa, segúncómo sople.

El segundo análisis es el del cielo. Detectar la presencia de una tormenta o poder adelantarse a una eventualidad del clima es una ventaja.

También se controla la seguridad del navegante. Antes de la salida se realizan ejercicios de estiramiento y se cuidan los aspectos digestivos.

Otro factor a tener en cuenta es la delimitación del recorrido con el paddle antes de salir. Es una forma de prevenir y de aceptar que el hombre es terrícola. Quienes lo practican dicen que la sensación que se logra sobre la tabla es única.

La estabilidad de la tabla es notoria, y la ayuda del remo permite una movilidad y una gran versatilidad dentro del agua, tanto para la navegación en arroyo como para barrenar olas en el océano. A pesar de que la Unión de Surfing del Uruguay organiza competencias de paddle, para Umpiérrez lo más importante es sentir la sensación de estar desafiando la gravedad sobre la superficie.

Los surfistas casi siempre invocan una especie de mantra vital con respecto a su relación con el deporte. Pero incluso dentro del lado místico del asunto hay una parte lúdica innegable. “Este es un deporte de diversión. Acá lo que se busca es la magia de caminar por encima del agua, porque es eso lo que se logra”, dice Umpiérrez. Bueno, siguiendo el símil del principio, tanto Jesús como los incas andaban en negocios parecidos.

El costo en alta temporada del alquiler de la tabla por una hora es de US$ 50. Una hora de clase cuesta US$ 100. La escuela Bahía Pez estará abierta hasta fines de abril. l

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