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Capacidad versus doctrina es el dilema

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06 de julio de 2020 a las 14:45

Por Jorge Alejandro Crosa

Mientras un frío y lluvioso día de martes transcurre en Montevideo, no podemos dejar de reflexionar sobre los hechos que se han dado en la última semana por parte de los aspirantes a acceder a la magistratura comunal, en el próximo mes de setiembre.

Marcando la agenda de temas partió en punta Laura Raffo, con un programa ya redactado, consensuado y que espera con los “brazos abiertos” que alguien del oficialismo, salga a debatir, al menos algo de lo allí volcado.

Es que las presentaciones del oficialismo han sido realmente carentes de contenido.

Preocupa, en lo personal, que la discusión política se base solamente en: “Tenemos 20 puntos de ventaja” y “Montevideo es un bastión de la izquierda”.

En ese sentido, el cronista se pregunta y debate consigo mismo la pertinencia de las aseveraciones bastante generalizadas al parecer en el electorado, según las últimas encuestas de opinión.

Mientras en la coalición oficialista se disputan el centro de la discusión, algunos apelando a marcar “el acento” en los temas que importan, otro adolece de opinión y recuerdan en forma por demás autosuficiente (y hasta pachequista) que “lo hicieron y lo volverán a hacer”, mientras la “invitada de turno” espera cualquier hecho “nacional” y no departamental, para involucrarse en la tendencia “tuitera”.

En el otro lado, la contendiente propone y propone y se “da de jeta” contra un muro construido por la indiferencia ideológica y administrativa.

Poco sirve el enfrentamiento dialéctico, se ve. Ni las izquierdas son tan “zurdas”, ni las derechas son tan “fachas”. Quizás la lucha más importante que tenga Raffo y su coalición opositora hoy sea la disputa cultural y emocional sobre las hegemonías (mal denominadas) de izquierda en cuanto al concepto de “Montevideo es y será del FA”.

El programa de gobierno que se va conociendo de la candidata de la oposición, dista bastante del concepto “liberalista” y falto de cercanía a la población.

Sin embargo, los candidatos oficialistas hacen gárgaras de pueblo, mientras hablan muy bajito, casi inaudibles.

Asentamientos, balances financieros, ausencia de propuestas y “ninguneo propositivo” parecen ser la respuesta común, para estirarla y llegar a la época de los comerciales emotivos y los jingles pegadizos.

Más allá del folklore, que puede ser mayor o menor materia del prime time para los noticieros locales, está el hecho de que la población, en su mayoría, no se está cuestionando “la verdad de la milanesa”.

¿20 puntos arriba? Sí. Ok. ¿Pero, para qué? ¿Para seguir haciendo lo mismo?

Lejos están los tiempos de un intendente referente para este cronista, como el arquitecto Mariano Arana, quien conocía al dedillo la situación no solo de Montevideo sino del área metropolitana.

La mano en el “zoronca” y la reflexión sincera: ¿realmente Montevideo está bien? ¿Se puede circular bien por las calles? ¿No se inundan? ¿están bien iluminadas? ¿limpias?

Más allá de un tema cultural de nuestra gente, está la realidad que nos corta como el aire frío del invierno.

La coalición gobernante toma la intendencia y sus municipios como centros de poder, como las formativas de un cuadro de fútbol. Afuera quedan la acción, la promoción activa de la economía departamental, la integración regional, territorial y barrial.

“Vamos de pesado y ganamos sin despeinarnos”. Y ahí es donde subyace  la gran dicotomía: capacidad vs doctrina.

Es imperioso ganar otra vez Montevideo, dicen de tiendas oficialistas, pero la pregunta obligada es: ¿para qué? ¿con qué fin?

Paso raya y veo: falta de un programa único, disputa interna “correcta” pero “incómoda”, escasa confrontación propositiva con el otro, lucha permanente con el gremio mayoritario, déficit permanente.

Lo único claro es que nadie quiere cargar con el fiambre de una “doble derrota”, tanto en el aspecto electoral, programático y fundamentalmente emotivo.

Fue en el 2004, cuando el Uruguay decidió marcar un cambio, cansado de ineficientes gobiernos o negativas  percepciones generalizadas sobre el bienestar de propios y ajenos.

¿Estaremos en los albores de un nuevo cambio?¿Se estará gestando silenciosamente el mismo? ¿La población se dará cuenta de una vez que gobernar bien, no es patrimonio de bandos?

A tres meses de la elección, hoy emerge una alternativa más que válida y equitativa. Raffo “pide la pelota” con un programa de gobierno armado, completo y contrastable.

El tema es que la jugadora “tira una pared” y siquiera un “ladrillo” le devuelven.

La clave entonces, pasa por sintonizar con la población, en frecuencia de capacidad, de propuestas y no en adoctrinamiento político a ultranza.

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