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27 de marzo 2023 - 5:00hs

El 08/12/2020, desde Roma, la agencia de noticias EFE anunció lo siguiente: “El Papa y un grupo de directivos de grandes empresas se han unido en el Consejo para un Capitalismo Inclusivo con el Vaticano para responder al desafío de Francisco de unir los imperativos morales y el capitalismo y hacer un sistema económico más justo. ‘El Consejo invita a empresas de todos los tamaños a aprovechar el potencial del sector privado para construir una base económica más justa, inclusiva y sostenible para el mundo’, señaló hoy un comunicado de esta organización con ocasión de su lanzamiento. El Consejo está integrado por cerca de una treintena de altos ejecutivos, llamados los Guardianes del Capitalismo Inclusivo, que representan a empresas con más de 2.000 millones de dólares… de capitalización y que emplean a 200 millones de trabajadores en 163 países1.” La fundadora y presidente de ese Consejo (o Coalición) es Lady Lynn Forester de Rothschild2.

La noción de “capitalismo inclusivo” está muy en sintonía con la noción de “capitalismo de partes interesadas” (stakeholder capitalism) propugnada por el Foro Económico Mundial (FEM), cuya Asamblea Anual reúne durante varios días en Davos (Suiza) a miles de los principales líderes empresariales, políticos e intelectuales del mundo. El capitalismo de partes interesadas se presenta en oposición al capitalismo de accionistas (shareholder capitalism), que considera que el objetivo principal o único de las empresas es maximizar los dividendos de sus accionistas. Las partes interesadas que cada empresa debería contemplar, además de sus accionistas, son su personal, sus clientes, sus proveedores, sus inversores y la comunidad en general.

A su vez el capitalismo de partes interesadas parece ser una versión más avanzada de la noción, que tiene ya más de medio siglo, de responsabilidad social empresarial o corporativa.

Pienso que en principio las ideas de responsabilidad social empresarial, capitalismo de partes interesadas y capitalismo inclusivo son muy positivas, en cuanto son expresiones del principio de solidaridad social (dado que las tres son muy semejantes, en adelante me referiré sólo al capitalismo inclusivo).

No obstante, conviene tener muy en cuenta que el humanismo secular y el relativismo moral que padece nuestra civilización se caracterizan por un divorcio entre la moral, por un lado, y la economía, la ciencia y la tecnología, por otro lado. La ciencia y la tecnología practicadas sin límites éticos se convierten en una grave amenaza contra el género humano. Incrementan cada vez más el poder del hombre, pero éste parece desorientado acerca de la forma correcta de usar ese poder creciente. La economía tiende a sustentarse en una visión reduccionista del ser humano como simple productor o consumidor de bienes y servicios; y la empresa, motor de la economía, tiende a estar motivada principalmente por un afán desenfrenado de lucro.

Por desgracia muchas veces el capitalismo inclusivo, en sus diversas formas, encubre nuevas manifestaciones del viejo economicismo. Así, con frecuencia, aquél se convierte en una continuación del afán desmedido de lucro por otros medios: una herramienta más del marketing.

Una expresión en inglés de invención reciente da justo en el blanco: virtue signalling (literalmente, señalización de virtud). El Diccionario de Inglés de Cambridge define esa expresión así: “el hábito popular moderno de indicar que uno tiene virtud [moral] meramente mediante la expresión de disgusto o favor por ciertas ideas políticas o sucesos culturales”. Entre la voluntad de parecer virtuosos y la verdadera virtud moral hay una gran distancia.

Por otra parte, de hecho el capitalismo inclusivo, al igual que los criterios de inversión ESG3, está profundamente ligado a ideologías muy cuestionables: a) el “desarrollo sustentable”, que por lo general contiene grandes dosis de catastrofismo climático y de neomalthusianismo; b) la “Diversidad, Equidad e Inclusión” (DEI), sumamente comprometida con la perspectiva de género y las divisivas políticas de identidad (identity politics); etc.

Además, el capitalismo inclusivo, tal como es propuesto y practicado por el FEM, incluye la idea de que los problemas sociales y políticos deben ser enfrentados de forma conjunta y coordinada por los gobiernos, las empresas, las organizaciones no gubernamentales y las instituciones académicas. En la práctica, esto puede dar lugar fácilmente a una excesiva influencia de las grandes empresas en el gobierno. En última instancia, el FEM, siguiendo las ideas de su fundador y presidente vitalicio Klaus Schwab, parece tender a la formación de una tecnocracia global.

En resumen: Sí, intentar crear algo así como un capitalismo con rostro humano parece ser uno de los principales imperativos morales de nuestra era. Pero estemos muy atentos y usemos bien nuestro discernimiento. No nos dejemos engañar por cantos de sirenas.

Esta invitación al discernimiento no tiene nada que ver con teorías conspirativas. Por ejemplo, es absurdo creer (como lo hacen unos cuantos) que el FEM es una conspiración reptiliana para conquistar el mundo; pero no es irracional afirmar que el FEM no es una convención de profetas, ángeles y santos que se esfuerzan de un modo puramente altruista para salvar a la humanidad o al planeta; y tampoco lo es sospechar que el FEM es principalmente un lobby de las empresas más poderosas del mundo, que cuidan ante todo sus propios intereses, no siempre coincidentes con los de las grandes mayorías.

1. https://www.lavanguardia.com/vida/20201208/6104726/vaticano-une-grandes-empresas-impulsar-capitalismo-moral.html

2. https://www.coalitionforinclusivecapitalism.com/

3. Environmental, Social and Governance: ambientales, sociales y de gobierno (corporativo).

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