(Esta carta, junto con el anexo que se acompaña, nunca fue enviada. Cuando iba a hacerlo, recibí por parte de alguien allegado, el pedido de que dejara de enviar cartas, ya que las mismas, me dijo, no serían publicadas nunca y se sentían demasiado presionados por la prensa).
Comienzo a escribir mi cuarta carta. Seguramente alguien la archivará junto con las anteriores y dentro de un tiempo editará un libro, quizás una novela o un supuesto ensayo psicológico acerca de la personalidad del que suscribe, pero siempre esquivando las respuestas fundamentales, que es de lo que se trata. Incluso puede escribir mi autobiografía sin que yo haya tomado parte en ella. Bien.
Hace unos años Zabalza resaltaba mi inveterada costumbre de mantener mi higiene personal y lo hacía dentro de un contexto peyorativo. También criticaba mi propensión a mantener el orden y mi costumbre de vestir ropa limpia, elementos todos que me descalificaban como militante revolucionario, términos que nunca utilicé para referirme a mí, convencido como estoy que dicha condición es resultado de un proceso personal y que no se consigue (como han creído tantos y tantas) viajando a Cuba, a costa del trabajo de los cubanos, para realizar una serie de cursos, cursillos y cursetes que no valían para nada, pero que daban la oportunidad de hacerse fotos con uniforme militar, boina ladeada incluida, cartuchera a la cintura y a veces hasta con metralleta en ristre. ¡Cuántas veces escuché “es que yo estuve en Cuba, ¿viste?, que era como decir “es que yo tengo carnet, y vos no”.
Pues bien: de la misma forma que antes opiné que a nadie importaba si me lavaba más o menos que otros, opino ahora que no está bien que ante mis cartas, en vez de responder a mis preguntas se opte por hablar de mi niñez y adolescencia por personajes de todo tipo y profesión que no me conocen más que por las versiones, casi todas interesadas, que de mí se han dado, dejando de lado las más elementales normas tanto de la sociología como de la ética, como son hablar de lo que realmente se conoce, en vez de dedicarse a repetir el sonsonete que desde la época de Di Candia (más de un politólogo, comunicólogo y comentólogo) se preguntará “pero ché, quien es el coso ese...?) se vienen repitiendo.
¿Por qué no se han publicado las cartas, toda vez que se ha demostrado la autoría? ¿Por qué en vez de responder a lo que pregunto unas veces y afirmo en otras se repite la misma cantinela de siempre, repitiendo los mismos tópicos de siempre y en boca de los de siempre, sin aportar un solo elemento que dé validez a sus acusaciones?
Parafraseando a Edward Albee, ¿quién teme a Amodio Pérez? Me respondo: muchos. Empezando por Mujica, el desmemoriado, siguiendo por el ministro de Defensa, tan documentado en tantos temas que no ha entendido nunca, el propio Zabalza, que según sus Cuentos herejes ha vuelto a sus raíces ácratas y critica la orientación política del MLN en los años 71 y 72 y olvida que fue precisamente Raúl Sendic, el gran timonel, el que la impuso; Federico Fasano, que aspiró a ser reconocido como el salvador de la democracia uruguaya y a punto estuvo de conseguirlo, y tantos y tantos otros que han basado su estatus tanto político como personal y profesional convirtiéndose en lameculos de quienes no vacilaron en apropiarse del trabajo de cientos de militantes intermedios y de base e iniciar la etapa más negra del MLN, pero que ellos, en su paranoia, imaginaron que los conduciría a la victoria final.
¿Por qué, si tan seguros están todos de que no tengo razón se impide, como desde hace cuarenta años que exponga mis ideas y mis conclusiones?
¿Acaso será que temen, como dijera el negro Mansilla en una reunión del Ejecutivo que el tiempo siempre acabe dándome la razón? ¿Es que no se atreven a confrontar sus ideas con alguien tan inferior con sus autoproclamadas capacidades políticas?
¿Qué pretenden? ¿Que quien fue condenado previamente y mediante una confabulación por quienes para eludir sus responsabilidades me acusaron de traidor y se negaron a admitir las palabras de Wassen, se presente en Montevideo para dar una conferencia de prensa? ¿O que me sirva de internet para que puedan encontrar el rastro? Como dijera una vez Calcagno, soy tonto pero no mazco vidrio.
En cuanto a que no existe ningún relato serio que sostenga lo que digo, ¿cómo va a haberlo si una de las partes ha tenido y todavía tiene el poder de impedir que ese relato sea conocido?
Ya he dicho y repito que hablar del pasado es lo único que me interesa. Mi presente y mi futuro están en otro lado. Descuide la diaria: esta es la última carta que le envío, por lo que ya no le restaré ni un minuto de su precioso tiempo, que por lo visto, el empleado hasta hoy no le ha permitido entender lo que digo: no colaboré en la represión de mis ex compañeros. Aproveché el desconocimiento que las FF.AA. tenían del MLN y evité, en medio de unas negociaciones para el fin de los enfrentamientos, que el MLN secuestrara y eventualmente ejecutara al teniente Méndez. Todo lo demás es falso. Yo no juzgo la actitud de nadie, ni siquiera la de Píriz Budes ni la de quienes, protegidos por la acusación que se me hizo, proporcionaron todo tipo de información. Pero acusaciones falsas, no. Dar nombres, fechas y direcciones que avalen la acusación.
Quienes me acusaron de traidor en 1972 son los mismos que hoy impiden que las cartas se publiquen. ¿Será casualidad? Yo creo que no.
Entre una de las supuestas razones para no publicarlas se esgrime “mi confesión” de la traición. Pues bien. Hasta el 19 de mayo de 1972 mi única intención fue salvar lo que quedaba del MLN, como queda claro en la nota que le envié al Comité Ejecutivo, a propuesta de Marenales, que se transcribe al final. Nunca solicité la baja y siempre me consideré un militante del MLN, a tal extremo que cuando soy detenido junto con Wolff, el Florida encuentra los planos de las cloacas alrededor de la Jefatura para intentar llegar a las ventanas de las celdas desde la azotea. Un disparate, pero si hubiera pedido la baja o me la hubieran aplicado, como dicen, no habría estado estudiando esa fuga. Y me seguí considerando un militante del MLN hasta que en el propio Florida empiezo a enterarme de cómo viene la mano.
Méndez me lo puso fácil y acepté. Después aceptará Mercedes, porque no nos quedaba otra. ¿Qué querían, que fuéramos presos para hacernos la boleta, sin defensa posible? ¿Alguien sabe que en una batallita que se montó Cristi, me dejaron solo en la calle y tuve que buscar el camello que me había conducido hasta la calle Guipuzcoa y llevarlo de vuelta al Florida, manejando yo, porque el soldado de guardia no sabía y el capitán al mando se había quedado dormido del pedo que tenía y yo no solo no tenía a dónde ir, sino que además no podía fugarme dejando a Mercedes presa, que se había entregado para evitar la detención de sus compañeros, entre ellos al actual presidente, cuyos discursos asombran al mundo y no ha tenido la gallardía de reconocerlo?
Como se dice en España: sois más falsos que un duro de madera.
Héctor Amodio Pérez