Clases particulares con un Gran Maestro del ajedrez

Magnus' Kingdom of Chess se acaba de lanzar y es fruto de la colaboración entre el campeón mundial Magnus Carlsen y DragonBox, la empresa donde trabaja el uruguayo Gonzalo Frasca

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16 de junio de 2018 a las 05:00

De nombre rimbombante, el noruego Sven Magnus Øen Carlsen es el segundo campeón de ajedrez más joven de la historia y el segundo que destrona las marcas rusas en este juego. Con un nombre menos sonoro pero que despierta confianza y lleva un aura de prestigio en muchos países, el uruguayo Gonzalo Frasca y el equipo de la noruega DragonBox desarrollaron con él el videojuego Magnus' Kingdom of Chess (El reino de ajedrez de Magnus). El propósito es enseñar ajedrez a niños desde los 5 años, casi sin que se den cuenta y sin exigirles saber leer.

"En Noruega, Magnus Carlsen es como Obdulio y Suárez juntos, una celebridad absoluta. Es un orgullo nacional tener al campeón mundial", explicó Frasca. A su vez, la empresa DragonBox, con la que él trabaja, ha ganado una fama sólida gracias a sus juegos de aprendizaje de álgebra que se utilizan en escuelas de ese país y de Finlandia. "Que hayamos entrado a Finlandia con esos juegos fue como entrar a la copa del mundo", dijo el desarrollador; "y trabajar con Magnus es como si te contratasen dos veces en el Barcelona".

La historia empezó hace poco más de un año, cuando la empresa Play Magnus, propiedad de Carlsen, se les acercó con la idea de formar una alianza para crear un juego para niños. Play Magnus ya tenía un par de apps que enseñaban ajedrez para adultos y que se apoyaban en la imagen y fama de Carlsen. Magnus' Kingdom of Chess también lo hace y, de hecho, él aparece como personaje.

Lo que se dio, entonces, fue el cruce entre expertos en crear videojuegos y mentes ajedrecísticas. "Es bastante menos extraño de lo que parece, porque hacer videojuegos de por sí es como una ópera: involucra habilidades de música, teatro, vestuario, lo que sea. Y el videojuego de aprendizaje integra muchas más. Porque, al fin y al cabo, se trata de vincular dos juegos. Lo interesante es que además de ajedrecistas trabajamos con expertos en pedagogía del ajedrez. No fue una tarea difícil, pero sí fue la primera vez que trabajamos con un personaje que es una persona de verdad y esa es toda una experiencia aparte. Además, el juego lleva su nombre y eso es una responsabilidad", relató Frasca.


Jaque mate

A primera vista, el juego tiene poco aspecto de ajedrez y se parece más a uno de esos juegos casuales con personajes simpáticos y muchos colores para niños. Sin embargo, al prestar un segundo más de atención, se verá que el terreno por el que se mueven los personajes está dividido en casilleros de dos colores y que ellos se van desplazando sobre ciertas reglas. Este juego de fantasía oficia, en realidad, como tutorial para aprender el ajedrez.

Primero el jugador maneja solamente al rey, que se parece más a una pulga negra y de nariz roja que a la pieza de ajedrez (salvo por su báculo y su corona). El rey no está en un tablero cuadrado, sino que puede estar en una mazmorra, luego en un patio, en el bosque o frente a un río, con la diferencia de que el terreno siempre está dividido en los cuadritos y va saltando por ellos como lo hace la pieza verdadera sobre el tablero. Así completa una serie de desafíos sencillos, hasta que el jugador puede cambiar de personaje y pasa a utilizar un alfil.

"Al principio funciona por ensayo y error, pero luego le agarrás la mano y empezás a pensar estratégicamente, hasta que encontrás todas las piezas", contó Frasca. "Entre nivel y nivel tenés minipartidas que son sencillas pero que, a medida que avanzás, se hacen complicadas hasta que terminás jugando un partido de ajedrez", agregó. La dinámica no es muy distinta a la que emplearon para su juego DragonBox Álgebra.

Como todo videojuego, parte fundamental del proceso fueron las pruebas a medida que se iba desarrollando, para chequear que los desafíos se entendieran, que fuera jugable y entretenido y que se consiguiera el objetivo de aprender. A lo largo de este año de desarrollo, lo fueron testeando con cientos de niños. "En esas pruebas, la idea es que si los gurises avanzan, está bien. Pero si se trancan o no entienden, es culpa nuestra. Todo tiene que estar muy afinado, los sonidos deben ser ilustrativos de lo que tenés que hacer y los dibujos tienen que ser claros", explicó.

Pero la importancia de este proyecto, aseguró Frasca, no es solamente lúdica. "El filósofo francés Blaise Pascal decía que el ajedrez es un gimnasio para la mente", recordó. Según la gacetilla de prensa que se lanzó esta semana, hay investigaciones que demuestran una fuerte relación entre el aprendizaje de ajedrez y los logros académicos. Se cita una experiencia de la universidad de Aarhus, en Dinamarca, en la que las clases semanales de matemáticas en primaria fueron sustituidas durante un año por lecciones de ajedrez. El resultado de esa experiencia fue que los niños obtuvieron mejores calificaciones en la materia.

"A diferencia de los adultos, los chiquilines entran al mundo del ajedrez sin solemnidad. Nosotros empezamos con los juegos de álgebra, con los que pasa lo mismo. La meta es poder derribar esos mitos de lo solemne y de lo intelectualmente elitista. Hay supergenios, pero eso no impide que vos juegues al ajedrez o con la matemáticas. La idea es demostrar que los niños, si les das las condiciones, se apropian del juego", concluyó Frasca.

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