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Comedores del INDA están "saturados" y atienden el triple de su cantidad normal

El Sistema Nacional de Comedores tiene 24.000 usuarios en todo el país

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06 de septiembre de 2020 a las 05:00

Mario Torres toma mate para bajar el almuerzo del mediodía del viernes. “A Dios gracias porque tenemos la comida”, dice el hombre, que confiesa su fe evangélica.

Está sentado en un banco sobre la esquina de Comercio y Juan Morelli, en el barrio La Unión. A sus espaldas tiene el comedor del Instituto Nacional de Alimentación (INDA) uno de los cuatro que hay en Montevideo.

Como él hay otros 24 mil usuarios del Sistema Nacional de Comedores, casi el triple de los 7.800 que había previo a la emergencia sanitaria. Parte de esa cobertura está dada por el Ejército, que cocina cada día unos 6.500 platos, apoyando en los puntos menos alcanzados por los dispositivos del INDA: en Salto, Colonia, San José, Durazno y Florida.

Por motivos sanitarios, el organismo pasó a dar el almuerzo en una vianda, en lugar de funcionar como un comedor, tal como lo indica su nombre.

“Ya los comedores no dan más abasto”, declara Ignacio Elgue, presidente del INDA. “Estamos saturados. Hemos tenido algunos problemas por la aglomeración de gente en situación de calle”, relata.

Es que parte de la ampliación de la oferta consistió en brindar el almuerzo a los usuarios de los refugios nocturnos del Ministerio de Desarrollo Social. Si bien su dependencia es la encargada de la alimentación para los diferentes dispositivos de la cartera, la emergencia sanitaria obligó a cubrir también a los indigentes que cada mañana salen de los centros donde pasaron la noche.

Torres es uno de ellos. Desde que su refugio cierra a las 9, ya se encamina hacia el comedor de Comercio. Antes se quedaba en los contenedores dispuestos por el Mides en la Rural del Prado, hasta que las instalaciones fueron retiradas para comenzar la organización de la Expo Prado.

Una de las medidas tomadas para contrarrestar el impacto de la situación fue prorrogar los vencimientos de todos los registrados como beneficiarios del sistema. 

Para incorporarse al servicio, el INDA exige a los solicitantes una declaración de ingresos, así como cédula de identidad, carné de salud y documentación asociada a la vivienda en que reside. No obstante, Elgue apunta que ya tocaron “techo“ en materia de comedores.

Vulnerables

A la espalda de Torres hay una ventana cerrada, cuya cortina metálica fue abollada a golpes el día anterior. Según contó Elgue, tuvieron que llamar a la policía por un hombre que entró en cólera cuando se le negó la vianda por no provenir de un refugio ni ser un usuario frecuente. 

Un funcionario que pidió mantener su nombre en reserva explicó que se trataba de un joven de 19 años que había salido de la cárcel dos días atrás, y mientras contaba lo sucedido señaló hacia una baldosa suelta en la vereda que la persona habría usado para amenazar a los presentes en la puerta.

“La situación se ha complicado en estos meses de emergencia sanitaria”, reconoció Matías Castro, presidente de la Asociación de Funcionarios de INDA (Afinda), quien comentó que la tensión se agravó –en especial en Montevideo– desde que el grueso de los usuarios pasaron a ser personas en situación de calle.

Según indicó el dirigente del gremio, ese mismo jueves salió una nota de parte de las autoridades del INDA dirigida hacia el ministro del Interior, Jorge Larrañaga, con el fin de que haya un “respaldo” policial. Castro confía en que a partir del lunes ya cuenten con el apoyo de la Policía. 

El comedor de Comercio tiene un guardia de seguridad de una empresa privada que, según el funcionario consultado, “no puede hacer más que abrir la puerta“.

Cabe señalar que la inseguridad varía según las condiciones de cada lugar. El Observador visitó el comedor del barrio Peñarol –considerado el “comedor modelo“ por Ignacio Elgue– donde los funcionarios describieron el ambiente como “tranquilo“. 

Los usuarios incluso aguardan en una sala de espera común a que llegue su turno para compartir la mesa en el almuerzo –que no puede exceder el aforo de cuatro personas–. 

Proyectos aplazados

Elgue asumió su puesto el 10 de marzo y tres días después el gobierno decretó la emergencia sanitaria. El shock fue tal que, según uno de los funcionarios, tuvieron que recortar en la entrega de frutas para el postre. 

Una de las aspiraciones del jerarca es que el INDA vuelva a encargarse por sí mismo de cocinar los almuerzos, siendo que desde hace años los suministra un proveedor contratado por licitación.

“Se está estudiando algún convenio con otra organización con algún local libre para poder descentralizar más los comedores”, declaró Elgue.

Las condiciones de los dispositivos son dispares. Mientras que el comedor del barrio Peñarol está en una casona remodelada con cocina y sala de estar amueblada, el de Comercio tiene cuatro microondas para calentar 500 viandas y aún mantiene el escudo de cuando el INDA pertenecía al Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. 

“Vamos a tratar de mejorarlos, pero en estas circunstancias fue muy difícil poder trabajar en infraestructura”, afirmó.

“Estamos estudiando alguna forma de llegar con apoyo a ollas populares, porque son una realidad”, expuso el jerarca. El Mides calcula que a la fecha hay cerca de 200 iniciativas de este tipo en el país, cuando un relevamiento realizado en junio indicaba la existencia de unas 330.

La cartera apostó desde un comienzo a la entrega de canastas a través de la aplicación “TuApp”, con un valor de $1.200. El Mides lleva repartidas unas 700.000 canastas a través del mecanismo electrónico, y unas 65.000 físicas.

Elgue señaló que la idea del INDA no es intervenir “en un 100%”, ya que “las ollas ya están funcionando” y después de seis meses no pueden decir: “Ahora lo manejamos nosotros”.

Otro ámbito donde el organismo tiene tela para cortar es en materia de reciclaje, en especial en Montevideo, ya que en el interior las familias tienden a arrimar sus recipientes, tales como tuppers y cajas de helado. Cada almuerzo insume una bandeja, vaso y cubiertos descartables. El INDA sirve miles de almuerzos por día.

Elgue reconoció que no hay una alternativa distinta a la de la disposición final. No obstante, dijo que es un compromiso a dialogar con el gobierno.

El jerarca también halla una insuficiencia en torno a los cupones repartidos cada mes por el INDA, con el fin de cubrir las comidas de los fines de semana o feriados en que los centros están cerrados. Los papeles son otorgados a los usuarios según cuánto hayan asistido a su comedor. Quienes hayan ido al menos una semana en el mes –es común que la concurrencia aumente a fin de mes– perciben un cupón.

Quienes hayan asistido dos, reciben dos cupones, y así en adelante. Cada papel vale por $ 85. El jerarca admitió que el monto “no alcanza para mucho“. Lo cierto es que a pesar de un refuerzo de las partidas por el Fondo Covid-19, el presupuesto está ajustado.

El INDA proyecta que para principios de 2021 la cantidad de usuarios baje de 25 mil a 21 mil. Elgue manifestó que “la idea es que la economía se reactive y en base a eso no tener que recurrir a un comedor”. 

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