7 de mayo 2021 - 11:17hs

Es una afirmación popular decir que el sueño y el descanso son fundamentales para el bienestar y que dormir la cantidad de horas necesarias es un hábito saludable, pero ya sea por las circunstancias o por malos hábitos adquiridos, no todo el mundo puede cumplir con esa premisa.

A su vez, no hay reglas que apliquen para todo el mundo por igual. Si bien se recomienda que uno debe dormir ocho horas al día, no todas las personas necesitan la misma cantidad de horas para recuperar energías y estar activos. Algunos necesitan dormir nueve y a otros con seis horas ya les alcanza.

Para darse cuenta de cuál es la medida justa de sueño para cada uno, un buen indicador es lo que duerme en vacaciones, donde las presiones y obligaciones no dirigen el despertador. Los fines de semana suelen ser engañosos cuando uno está en actividad, porque en esos días se intenta compensar lo que no se durmió en la semana.

Si bien el sueño como tema de estudio aún plantea muchas interrogantes, desde la medicina se sabe que si dormimos bien consolidamos la memoria, somos más estables, capaces de crear, de tener una vigilia alerta y creativa durante el día.

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“Cuando dormimos bien al otro día somos la mejor versión de nosotros mismos, y cuando dormimos mal, somos la peor versión”, explica Marisa Pedemonte, doctora en ciencias biológicas y directora académica de la Diplomatura Latinoamericana en Medicina del Sueño de la Universidad CLAEH. “Por eso es fundamental cuando uno piensa en un empresario que necesita crear, ser líder, generar empatía, ser la figura íntegra, que esa persona duerma bien. Eso sería algo que preguntaría en una encuesta de trabajo”, agrega.

Según la especialista, la disminución del sueño lleva a un mal rendimiento, a la irritabilidad y/o depresión y ansiedad, a tener una peor performance, tanto motora como cognitiva, a una pérdida de memoria y falta de atención.

Café y Negocios consultó a empresarios y ejecutivos para conocer cómo es su vínculo con el sueño. La mayoría declaró dormir en promedio unas siete horas diarias. Pocos son los que llegan a las ocho y varios se sienten cómodos solo con seis horas de sueño.

Pero también hay casos extremos, como el de la emprendedora Claudia Martínez, de Mi profe en casa, que solo duerme cinco horas y trasnocha. “No me acuesto antes de las tres de la mañana, pero por cuestiones familiares, porque mi esposo llega tardísimo de trabajar”, cuenta.

Todos concuerdan en que el descanso es crucial para poder encarar el día con la mente clara. Al respecto, Juan Ciapessoni, fundador y Head of Innovation de The Electric Factory cuenta: “En mi caso, que tengo que estar atento y con rutinas de seguimiento de proyectos claros, el estar descansado incide totalmente en mi rendimiento”.

“En los periodos en los que estoy más estresado me cuesta dormir. En esos momentos necesito hacer deporte, como caminar, que me hace bien y me ayuda a dormir mejor”. - Daniel Rener, director de Estudio Rener.

Para Rosana Fernández, directora de la incubadora Ingenio, “los ritmos laborales determinan e influyen en la cantidad de horas y en lo bien —o no tan bien— que uno duerme”. Fedra Féola, country manager de Great Place to Work Uruguay, es un ejemplo, ya que según cuenta, desde el momento en que sumó mayores responsabilidades en su carrera profesional, el sueño ha sido algo que vio trastocado en situaciones puntuales.

La mayoría de los entrevistados se acuesta entre las 23:00 y las 00:00 horas y se levanta a las 6:30 o 7:00, con la excepción de Juan Balsa, cuyo hábito varía bastante del resto: se acuesta 21:30 y 4:30 —o a veces antes— ya está en pie, pronto para comenzar su día.

Algo a resaltar, es que la mayoría no suele sacrificar horas de sueño para trabajar, salvo excepciones en que la situación lo amerite; el hecho de emprender no necesariamente hizo que variara la cantidad de horas dedicadas a dormir y a medida que han avanzado con sus proyectos o en sus carreras, han valorado más el sueño y el descanso.

Se recomienda que las siestas no duren más de media hora.

“Hay gente que dice que se acostumbró a dormir poco, pero en realidad se generan mecanismos de corrección. El que duerme menos de lo que necesita está más predispuesto a las adicciones y a que se perturben sus juicios de valor éticos y morales. Cuando uno tiene sueño le baja el umbral de las exigencias”, aclara.

Laura Macció, directora de Aravan Labs es un ejemplo de haber dormido poco en su vida. En sus épocas de estudiante cursaba dos carreras universitarias en simultáneo y trabajaba doce horas por día, por lo que hubo un tiempo en que solo dormía dos o tres horas por día, o incluso, pasaba días sin dormir y no le afectaba. “Hoy es algo impensado que pueda hacer. Antes tenía esa sensación de que dormir era una pérdida de tiempo, ahora lo tomo como un descanso”, dice la empresaria.

“Muchas veces nos llevamos los temas del día a la almohada y no es un verdadero descanso, pero debo reconocer que me ha pasado de despertarme encontrando la solución a un tema o la salida a una situación compleja que el día anterior no había visto con claridad”. - Anabela Aldaz, presidenta de OMEU.

Para Pedemonte, es fundamental que las empresas evalúen la calidad del sueño, “al menos de la gente clave o de los funcionarios a cargo de la evaluación del producto en una cadena de producción”. En su experiencia profesional ha recibido consultas de empresas sobre cómo manejar el tema de los jet lags de sus ejecutivos, pero más allá de esos casos puntuales, nunca le pidieron una evaluación diagnóstica general. “Hay muchas cosas que no se consultan porque no están integradas como un problema, falta cultura del sueño”.

¿Siesta sí o siesta no?

“La siesta ideal es la que no está compensando falta de sueño nocturno, sino que es una siesta para recargar las pilas y llegar mejor a encarar las actividades de la tarde”, explica Pedemonte. La recomendación es que sea máximo de media hora, para no entrar en un sueño profundo, que implica cambios más grandes para el cuerpo, ya que cambia la temperatura corporal, el tono muscular y luego le cuesta repuntar para volver a la actividad.

“Siempre después del mediodía, se haya comido o no, hay una bajada del sistema simpático que nos mantiene alerta con la adrenalina y ese es el momento de mayor propensión para la siesta. A los pacientes les recomiendo que si tienen una hora para almorzar, coman en media hora y después que descansen, que dormiten si pueden”.

Para la especialista, que las empresas contemplaran y brindaran un tiempo de siesta para sus empleados sería un “win-win”, ya que mejora la calidad de vida del empleado y a su vez, su productividad.

La siesta es una excepción entre los empresarios consultados. Algunos solían considerarla una pérdida de tiempo, pero ahora la ven como una fuente de renovación de energía, aunque siguen sin aplicarla en ellos mismos. Quienes la implementan, como la emprendedora Victoria Suárez Araújo de {codeversity} o el presidente de Endeavor Eduardo Mangarelli, lo hacen solo por períodos de 15 o 20 minutos por día.

“Algunos días que tengo muchas reuniones o si estoy muy cansada pongo siestas de 15 minutos en algún hueco de mi agenda. Cuando estaba en la oficina, las hacia apoyando la cabeza en el escritorio y, literal, lo lograba”, cuenta la emprendedora. Otros como el presidente de la Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información (Cuti), Leonardo Loureiro, y el emprendedor Alejandro Rinaldi de Custom-Hub, se reservan la siesta solo para los fines de semana.

Rituales previos

“Para dormir bien, lo mejor es prepararse para el sueño, en el sentido de ir relajándose física y psicológicamente”, plantea Pedemonte. Para mantenernos activos durante el día, el cuerpo genera hormonas como la adrenalina y el cortisol que demoran en salir de la circulación, por lo que hay que preparar al cuerpo con un par de horas de antelación para ir a dormir.  Leer, mirar series, chequear noticias en el celular, son algunas de las actividades que realizan las y los empresarios encuestados antes de dormir. Con respecto al uso de las pantallas, Pedemonte señala que la emisión de luz azul inhibe la secreción de melatonina, la hormona que prepara al organismo para dormir, y que aparece al comienzo de la noche, pero que algunos dispositivos permiten desactivarla.  “Lo que es peor es el contenido más que la luz azul. Lo que está prohibido es mirar cosas que vayan a impactar en la noche, como informativos, cosas que a uno lo cargan de problemas”, dice. la especialista.

Alondras y búhos
“Cuánto hay que dormir y en qué momento es algo muy individual y cambia con la edad”, señala la experta. En general se habla de dos perfiles de personas vinculados al ritmo circadiano: las alondras, que rinden mucho más por la mañana y los búhos, que prefieren la tranquilidad de la tardecita y la noche para las tareas que requieren creatividad.
En una sociedad estructurada para comenzar las actividades bien temprano en la mañana, la rutina de los búhos no es la más adecuada, ya que al trasnochar pero a la vez sumarse al día siguiente a un horario convencional de oficina, termina privándolos de sueño y eso se puede volver algo crónico. “Eso está bueno poder respetarlo en los trabajos, es importante para que el empleado esté en su mejor momento cuando está haciendo algo importante”.
Otra situación particular que destaca es la de quienes trabajan toda la noche. “A esa gente se le aconseja que invierta toda su vida, que organice todo su organismo como si la noche fuera de día, que esté alerta, que esté activo desde el punto de vista motor en la noche y que cuando se vaya a la casa, se encierre en total oscuridad y duerma todo lo que tenga que dormir, lo cual es complicado”.
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