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Compartimento ovino para exportar a mercados libres de aftosa sin vacunación

El compartimento ovino, además de novedoso, es un claro ejemplo que se aprovecha de la calidad con que se proveen dichos bienes públicos en Uruguay

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29 de septiembre de 2020 a las 05:03

Por Francisco Rosas*

El rubro ovino se ha caracterizado por una constante búsqueda por la innovación. Ejemplos pueden ser la innovación introducida en los sistemas de producción asociadas al manejo de las majadas, así como la constante mejora genética de las razas; pero en esta entrada resaltamos otra menos conocida, aunque novedosa e incipiente: los compartimentos ovinos para exportar a mercados libres de aftosa sin vacunación.

El brote de fiebre Aftosa en el año 2001 y el cierre de mercados de exportación de todo tipo de carnes con hueso y sin hueso, incluida la carne ovina, representó un duro golpe para el rubro que ya venía sufriendo una caída del stock desde máximos de 25 millones de cabezas a principio de los años 90. Sin embargo, el sector se ha mantenido pujante hasta la actualidad traccionado por las exportaciones de carne sin hueso que prontamente se volvieron a abrir, de carne con hueso a otros mercados aftósicos como Brasil y China, por la demanda externa de lana (finas) de alta calidad, y apoyado por una constante búsqueda de incremento de productividad mirando la demanda de los mercados internacionales tanto en carne como en lanas.

Con el firme objetivo de recuperar los mercados no aftósicos de carne ovina con hueso, que por cierto son los de más alto valor, el país se embarcó en 2013 en una iniciativa interinstitucional pública-privada, novedosa desde el punto de vista de la bioseguridad, que son los compartimentos ovinos.

Un compartimento es un procedimiento sanitario que puede ser utilizado para definir y gestionar una subpoblación animal con un estatus sanitario diferente al vigente en el territorio nacional donde está ubicado. Son regulados por la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) y registrados y habilitados en Uruguay por el MGAP (Ley N° 19.355, Art. 278). 

El estatus sanitario de Uruguay es libre de Fiebre Aftosa con vacunación, esto es, la enfermedad no está presente, pero todo el rodeo bovino es vacunado sistemáticamente para prevenir la ocurrencia de brotes. Esto lo sitúa en un nivel inferior que el máximo estatus de libre de Aftosa sin vacunación. El compartimento ovino permite que este último estatus se mantenga dentro del compartimento y se pueda exportar cortes de carne ovina con hueso y animales en pie a países libres de Aftosa sin vacunación (NAFTA, Unión Europea, Japón, Corea del Sur e Israel), más allá que el país donde se sitúa el Compartimento esté en un estatus sanitario inferior.  

Es la producción de animales a cielo abierto lo que genera desafíos adicionales respecto a los más conocidos confinamientos cerrados. Para ello se guardan estrictas medidas de vigilancia, control y bioseguridad. El predio es aislado con doble alambrado o vallado, no se permiten otras especies animales, y el acceso de personas es restringido. La sub población de animales es identificada y trazada mediante el sistema de trazabilidad animal individual administrado por el Sistema Nacional de Información Ganadera (MGAP-SNIG) y manejados bajo prácticas de bienestar animal. Deben dar negativo a la prueba de Fiebre Aftosa y cumplir otros rigurosos controles sanitarios a su ingreso. Los animales son transportados con altas medidas de bioseguridad hasta la planta frigorífica habilitada por la autoridad sanitaria de Uruguay y por la de los mercados de destino. Finalmente, la faena es independiente de otros animales de la misma u otras especies.

El compartimento como tal es una innovación para la propia OIE, de la cual Uruguay fue pionero ya que éstos estaban previstos para otras especies distintas al ovino y sobre todo en confinamientos bajo techo.

Si bien el primer compartimento ovino se creó en 2013 (fase I), es la fase II que comenzó en 2018, la que materializa su potencial. Ésta permitió que los compartimentos se desarrollen en establecimientos comerciales privados, y en asociación con otros sistemas productivos agrícola-ganaderos. Actualmente hay 15 compartimentos habilitados por los servicios sanitarios de Uruguay evidenciando el éxito de la estrategia. Se encuentran distribuidos por todo el país (Florida, San José, Maldonado, Soriano, Cerro Largo, Artigas, Salto, Paysandú y Colonia) y cada compartimento tiene capacidad para entre 1000 y 3000 ovinos. Se estima que a fin de 2019 había aproximadamente 20 mil ovinos en compartimentos. Es un generador de mano de obra, requiere una inversión inicial no despreciable, además de poder estar instalado solo en una fracción del predio y por tanto representar una fuente de ingreso complementaria al resto del negocio. La apertura en 2017 del mercado de Estados Unidos para exportar carne ovina con hueso proveniente del primer compartimento ovino desarrollado por Uruguay, representó un gran espaldarazo a estas iniciativas.

Los bienes públicos más salientes en la cadena cárnica son la sanidad animal, el sistema de trazabilidad individual y grupal, la inocuidad de alimentos, la fiscalización de la carne, y las negociaciones comerciales internacionales, entre otros. El compartimento ovino, además de novedoso, es un claro ejemplo que se aprovecha de la calidad con que se proveen dichos bienes públicos en Uruguay. Es además una demostración más de política pública específica que genera el marco legal e institucional adecuado para la producción de privados, garantizándole a los mercados de exportación un nivel de bioseguridad requerido, siguiendo las directivas y recomendaciones de la autoridad sanitaria internacional (la OIE), y de un sector que logra visualizar una oportunidad de desarrollo innovadora, para llegar a mercados de exportación altamente exigentes y que están en un estatus sanitario superior al de nuestro país. Es también un ejemplo de cómo es posible extraer mayor valor de la actual provisión de estos bienes públicos.

La madurez que han alcanzado el sistema de compartimento ovino parece ser importante a juzgar por el número de compartimentos existentes, el número de animales y fundamentalmente por ser iniciativas de privados. Las siguientes preguntas quedan abiertas para su reflexión y profundización:

  • ¿Es su madurez suficientemente alta para ser adoptado por productores o grupos de productores que no necesariamente son los productores “de punta”?
  • ¿Los requerimientos para su instalación son aún burocráticos, o las instituciones reguladoras ya están maduras en estos procesos?
  • ¿Son suficientes los recursos humanos y las capacidades técnicas en el país para llevarlo delante de forma más extendida?
  • ¿Qué clase de cambios estructurales y desafíos se asocian al aumento de escala que implica la adopción más generalizada de los compartimentos ovinos?

 

* Francisco Rosas es investigador en economía de la Universidad ORT Uruguay y del Centro de Investigaciones Económicas (cinve). Es Doctor en Economía por Iowa State University y Licenciado en Economía de la Universidad de la República de Uruguay | Twitter: @jfranciscorosas | Email: frosas@cinve.org.uy
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