24 de octubre 2020 - 5:02hs

Una de las noticias más comentadas de la última semana en Argentina da la pauta de la situación en la que se encuentra la economía del país: ocupó gran espacio en los medios el hecho de que en Paraguay las reservas del Banco Central hayan llegado a tal nivel que ya no quede espacio físico para su resguardo y, literalmente, los dólares estén desbordando el edificio.

El contraste con el estado desesperante de las reservas en Argentina –donde algunas estimaciones hablan de reservas netas por apenas US$ 200 millones y otros ya hablan de reservas en zona negativa- dio pie para una de esas típicas conductas de autoflagelación a la que son afectos los argentinos en momentos de crisis. Muchos recordaron la célebre frase “No queremos más dólares, estamos embuchados de dólares”, dicha por José Mujica mientras observaba a los argentinos bajando del Buquebus en Colonia para hacer fila ante los bancos donde abrir sus cuentas.

Los años pasan pero las costumbres argentinas quedan: otra vez está instalada la idea de la crisis financiera y el mercado hierve en apuestas sobre cuándo ocurrirá la devaluación. Con un dólar paralelo –el famoso “blue”- que acelera a toda velocidad hasta la paridad de 200 pesos argentinos por dólar, un nivel que parecía increíble hasta hace pocas semanas y que implica una brecha superior a 130% respecto del tipo de cambio oficial, la city porteña es una usina de versiones.

Por lo pronto, parece inevitable un recambio de nombres en el equipo económico, empezando por el presidente del Banco Central, Miguel Pesce, y el ministro de economía, Martín Guzmán.

Más noticias

Ambos funcionarios se han desautorizado mutuamente. Primero, Pesce arruinó la presentación del presupuesto 2021 con la que Guzmán apostaba a cambiar el humor del mercado. El mismo día de esa presentación, Pesce endureció el “cepo” cambiario, dejando “en offside” a Guzmán, que dos días antes había asegurado que no se tomarían medidas de ese tipo.

Pesce argumentaba que el dólar subía por la acción de fondos del exterior que habían ingresado al país durante la gestión de Macri y que estaban dispuestos a pagar el precio que fuera con tal de sacarse se encima los pesos y obtener dólares. En consecuencia, les dificultó la operatoria con bonos, pero el resultado fue el opuesto al buscado: voló la cotización del dólar “contado con liquidación”. Fue ahí que Guzmán convenció a Alberto Fernández de que le diera carta blanca, con lo que el ministro echó por tierra con las nuevas regulaciones del Banco Central: el resultado fue que la crisis se aceleró y el dólar parece no tener techo.

A esta altura, como en los peores días de los años ’80, ya se transformó en un deporte masivo el conectarse desde la apertura de los mercados para seguir las diversas cotizaciones. Lo hacen los operadores de la city, los taxistas y las amas de casa. Todos saben a cuánto cotiza el blue minuto a minuto, y rearman sus planes en consecuencia.

Las consecuencias de esa situación ya se notan en la economía cotidiana. Al decir del consultor Salvador Di Stefano: “Los que tienen mercadería no sólo están frustrados por el menor valor en dólares: si venden, difícilmente tengan reposición. Por ende, entre el menor valor y la falta de reposición, deciden no vender en el mercado. Aparece en la escena el desabastecimiento”.

Para colmo, hubo situaciones que enrarecieron el mercado, como un aparatoso operativo policial en la city porteña, justo la zona donde abundan las llamadas “cuevas financieras”, que son las que venden el dólar blue.

Aunque desde el gobierno se aclaró que el operativo formaba parte de una investigación judicial sobre lavado de dinero, lo cierto es que el momento y la modalidad del despliegue policial resultó muy sugestivo. Y en el mercado muchos interpretaron el hecho como un intento de intimidar a los operadores. Con los resultados esperables en este tipo de situaciones: como indican los manuales, el blue aceleró todavía más su velocidad debido a la represión de la oferta.

Un tubo de oxígeno del FMI

En ese contexto de nerviosismo e incertidumbre, se da por descontada la salida del ministro Guzmán, pero no se sabe cuándo ni con qué reemplazo.

Juega en favor de Guzmán el hecho de contar con el respaldo de Kristalina Georgieva, la directora del Fondo Monetario Internacional, que desde la negociación con los acreedores de la deuda externa ha demostrado comprensión por la situación argentina y una buena sintonía personal con el ministro. El Fondo dio a entender que si Argentina muestra un plan económico con un sendero de normalización fiscal creíble, daría su apoyo financiero.

Hablado en plata, podría haber un refuerzo de unos US$ 5.000 millones para apuntalar las castigadas reservas del Banco Central.

Por otra parte, Guzmán le prometió a Alberto Fernández que los resultados de su plan se verán en el arranque de noviembre, cuando se concrete una licitación de bonos en dólares por 750 millones y con esa operación se saque presión a la operatoria del “contado con liquidación”. Desde el propio peronismo fue muy criticada esa iniciativa de premiar con un título en dólares a inversores que habían apostado a colocaciones en pesos para beneficiarse con la “bicicleta financiera”, pero Guzmán sostiene que es la única forma de descomprimir el mercado del dólar.

Mientras tanto, el objetivo del gobierno es resistir como sea la presión para una devaluación. Sostiene que hoy el país no tiene atraso cambiario y que una depreciación del peso traería un inmediato contagio en los precios de la economía. El gobierno entiende que, con un nivel de pobreza en 40 por ciento, lo último que se quiere ver es un fogonazo inflacionario.

De hecho, nadie desde la ortodoxia económica ni desde el empresariado está reclamando una corrección cambiaria. Sin embargo, el mercado no da tregua. Los niveles de brecha entre el mercado paralelo y el formal llevan a una parálisis de la economía que requiere medidas de fondo.

Para los economistas, más que reflejar un problema de competitividad cambiaria, el paralelo refleja el desplome de la demanda de pesos, por la mega emisión monetaria que se realizó durante la cuarentena y por la probable continuidad de esa política, dado el 4,5% de déficit fiscal previsto para el año que viene, en un país sin acceso al mercado de crédito.

Suena raro que un gobierno que acaba de hacer un canje de deuda exitoso haya sufrido semejante desplome en el precio de sus bonos. Sin embargo, esa es la realidad: en una región donde los países se endeudan a tasas del 3 por ciento y menos, Argentina se enfrenta a costos financieros del 17%, comparables a países en situación de conflicto bélico.

A la espera de señales políticas

Es por esa situación que se esperan señales desde el punto de vista político. Hay presión de los empresarios para que se designe como ministro a un “peso pesado” que explicite un plan creíble y concentre el poder del equipo económico. Por ejemplo, Roberto Lavagna, un veterano de varias crisis, que ya fue ministro luego de la implosión financiera del 2001, y que hoy aparece como el candidato con mayores chances.

Pero, más allá de los nombres de ministros, hay un tema político más de fondo: el empresariado desconfía de la influencia de Cristina Kirchner sobre el gobierno, y cree que Alberto Fernández no tiene la fortaleza política suficiente como para frenar las iniciativas más agresivas e intervencionistas que se impulsan desde el kirchnerismo.

En consecuencia, la especulación política del momento es que hay una corriente del “peronismo moderado”, ligado a Sergio Massa y a los gobernadores provinciales, que está tratando de ganar influencia en el gobierno para desplazar al kirchnerismo. Se llegó incluso a mencionar la posibilidad de que Massa asumiera como jefe de gabinete.

Por ahora, sólo rumores. Pero lo cierto es que la fragilidad de la situación económica hace impensable la continuidad de la situación actual sin cambios de cierta entidad. Mientras tanto, hay en los próximos días un evento al que todo el ámbito político prestará atención: se cumplen 10 años de la muerte de Néstor Kirchner, y eso implicará la reaparición pública de Cristina, que viene cultivando un sugestivo silencio.

En el acto de homenaje, aparecerá junto al presidente, y todos tratarán de ver allí gestos y señales sobre si esa unidad se mantiene o si se puede llegar a profundizar una fisura en la coalición de gobierno.

Temas:

Dólar peso argentino Alberto Fernández Roberto Lavagna Member

Seguí leyendo

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos