There will be haters, dice Adidas. Es algo así como “va a haber contras” que te van a criticar todo, porque odian que te vaya tan bien, que tengas esas magia, que celebres tu gloria delante de sus humildes ojos. Y odian los zapatos de fútbol que tenés porque ellos quisieran estar en ellos.
Es una narración sobre lo perversa que puede ser la envidia, que genera una tormenta de acusaciones en contra de la persona a la que se admira. Es un mensaje simple, como corresponde a la publicidad. Los envidiados de la campaña son Gareth Bale, James Rodríguez, Karim Benzema y Luis Suárez, jugadores de fútbol, tres de ellos del Real Madrid y el último del Barcelona.
En Uruguay, el elegido fue el héroe del Barça, para que se produjera esa identificación tan básica: si me compro los zapatos que venden estos tipos el envidiado voy a ser yo y voy a poder decir “acá tienen” después del partido.
Suárez es el más indicado para la campaña, porque es el que tiene la colección más grande de haters, aunque no estén en Uruguay. Bale, Rodríguez y Benzema, con todo respeto, parecen niños de escuela al lado del uruguayo.
En el canal de Adidas Football en YouTube, la pieza publicitaria encendió la polémica de forma inmediata. La vieron 15 millones de personas desde el 15 de enero. Uno de los primeros de los 8.000 comentarios, dice: “No, en realidad te odiamos porque sos racista, te tirás al suelo, hacés trampa y mordés a la gente, pero de todas maneras, lindos zapatos”.
Se refiere al salteño y fue dicho en inglés, of course. Mereció 102 respuestas, en una discusión que fue subiendo de tono y hasta incluyó a uruguayos y ganeses.
La primera noticia que tuve de la palabra haters estaba referida a un jugador de la NBA, LeBron James. Es un caso extremo, porque el hombre se postula para “mejor jugador de todos los tiempos” y usa el mismo número que usó Michael Jordan, el indiscutido poseedor del título.
Las diferencias entre LeBron y Luisito son múltiples, pero hay una esencial: todo lo que se le critica a Suárez sucedió dentro de la cancha y todo lo que se le critica a James sucedió afuera.
Yo vivía en Estados Unidos y pasé del amor al odio con una velocidad asombrosa. LeBron jugaba en el equipo del estado donde había nacido y vivido siempre, un equipo modesto, Los Cleveland Cavaliers, y un estado modesto, Ohio. Cobraba una millonada, porque los dólares se imprimen allá, pero en los primeros siete años de carrera no había podido llevar a su equipo a la gloria. Solo había disputado una final de la NBA al mejor de siete partidos y la había perdido cuatro a cero.
Cuando se terminaba su contrato decidió anunciar en un programa especial de ESPN que se iba para Miami a jugar con otras dos superestrellas. Poco después prometió que iba a ganar “múltiples” campeonatos con sus nuevos amigos, Dwayne Wade y Chris Bosh.
La ira se desató en Cleveland, donde empezaron a quemar las camisetas del número 23, y se extendió al resto de Estados Unidos. La temporada de Miami fue denominada “hate me across America tour” (la gira del “ódienme a través de Estados Unidos”). El mejor jugador del mundo era recibido por miles de haters alrededor del país.
El clima llegó a ser intenso. En una declaración después de un partido fuera de Miami, LeBron explicó lo que sentía: “todos los que están deseando que fracase se van a despertar mañana y van a tener la misma vida que tenían antes de despertarse hoy, los mismos problemas personales que tenían hoy. Y yo voy a seguir viviendo como quiero vivir y haciendo las cosas que quiero hacer”.
Suárez, que tiene un ego muy saludable, tendría que tomar un curso intensivo de arrogancia para llegar a dar una respuesta como esa.
Yo creo que la envidia es un aspecto esencial de la pasión por los deportes. El crack es poderoso y también vulnerable y eso es lo divertido. Fuera de Uruguay se vive con deleite el deporte de odiar a Suárez. Yo fui un hater de LeBron, hasta que lo perdoné cuando volvió a Cleveland. Aunque todavía lo odio un poco, sí, cómo no.