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Crece el activismo de los trabajadores chinos mientras la economía se desacelera

Miles de trabajadores chinos están llevando a cabo protestas y huelgas a pequeña escala para luchar contra los esfuerzos de las empresas por retener los salarios y reducir las horas

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08 de febrero de 2019 a las 15:16

Por Javier C. Hernández, New York Times News Service

Los trabajadores de fábricas de toda China están haciendo sentadas, para exigir salarios no remunerados por su “sangre y sudor”. Los taxistas están cercando las oficinas de gobierno para demandar un mejor trato. Los trabajadores de construcción están amenazando con aventarse de los edificios si no les pagan.

Debido a que el crecimiento económico en China se ha debilitado a su ritmo más lento en casi tres décadas, miles de trabajadores chinos están llevando a cabo protestas y huelgas a pequeña escala para luchar contra los esfuerzos de las empresas por retener los salarios y reducir las horas. Las autoridades han respondido con una campaña sostenida para controlar las protestas y una de sus últimas maniobras fue la detención de varios activistas prominentes en la ciudad sureña de Shenzhen a finales del mes pasado.

Estas protestas son un ejemplo notorio de los desafíos que representa la dramática desaceleración económica para el máximo líder de China, Xi Jinping, quien ha promovido con vehemencia el “sueño chino”, su visión distintiva de una mayor riqueza y una sociedad más justa.

Mientras las familias chinas se reúnen esta semana para celebrar el Año Nuevo chino, el día festivo más importante del año en China, muchos trabajadores se quejan, pues tienen problemas para solventar gastos básicos como alimentos y renta.

“Ya no le importamos a nadie”, se lamentó Zhou Liang, de 46 años, quien el mes pasado participó en una protesta en Shenzhen afuera de una fábrica de artículos electrónicos que según él le debe más de US$ 3.000.

“Sacrifiqué mi salud por la empresa, y ahora no puedo comprar ni siquiera una bolsa de arroz”, señaló.

Crecen las protestas

El Boletín Laboral de China, un grupo de presión de Hong Kong que monitorea las protestas, registró al menos 1.700 conflictos laborales el año pasado, una cifra superior a los 1.200 del año anterior. Estas cifras representan solo una fracción de los conflictos en toda China, pues muchos no se denuncian y Xi ha intensificado la censura.

Desde agosto, las autoridades han detenido a más de 150 personas, un aumento significativo en comparación con años anteriores, incluidos maestros, taxistas, trabajadores de construcción y estudiantes de izquierda que encabezan una campaña en contra de los abusos en las fábricas.

El descontento deja al partido en el poder, el Partido Comunista, en una posición incómoda. Desde los días de Mao Zedong, el partido ha basado su reputación en la protección del trabajador común y corriente, pero cada vez hay más personas que culpan a los funcionarios del partido de no hacer lo suficiente para defender sus derechos.

A medida que se han multiplicado las protestas, Xi, el líder más poderoso de China desde Mao, ha buscado tranquilizar a los trabajadores al asegurarles que comprende sus dificultades.

“Son los más diligentes, como abejas diligentes, que viajan de aquí para allá y se exponen al sol y la lluvia”, comentó el viernes 1° cuando se aventuró por las calles de Pekín con el fin de desear un feliz año nuevo a los trabajadores de mensajería, una oportunidad para tomarse una foto que se difundió ampliamente por los medios que dirige el Estado. “No es fácil”.

Sin embargo, los expertos advierten que la confianza que tiene el pueblo en el partido y en el “sueño chino” de Xi podría sufrir si el mandatario no hace más por ayudar a los trabajadores.

“Si los maestros se rehúsan a trabajar, los choferes de camiones dejan de repartir productos, los trabajadores de construcción dejan de edificar infraestructura, será difícil buscar sueños”, mencionó Diana Fu, profesora adjunta de política asiática de la Universidad de Toronto.

El descontento también ha afectado a industrias más nuevas, entre ellas empresas que proveen entregas de alimentos y servicios de viajes compartidos, pues los trabajadores se quejan de los horarios agotadores y los salarios bajos.

Los desafíos di Xi

Xi, quien llegó al poder en 2012, enfrenta una variedad de circunstancias adversas que están complicando sus esfuerzos para gestionar una transición tranquila hacia una economía de tecnología de punta. La confianza del consumidor y las empresas va en picada, el mercado de las viviendas está flaqueando y una disputa comercial con Estados Unidos se está haciendo eterna.

El gobierno asegura que el año pasado la economía creció un 6,6%, la velocidad de crecimiento más lenta desde 1990. Al notar los problemas como la disminución en la venta de propiedades y una actividad muy lenta en las fábricas, muchos expertos consideran que la velocidad actual podría ser incluso más baja.

Debido a que los pronósticos económicos se han vuelto más sobrios, Xi ha buscado apaciguar las tensiones instando a las empresas a pagar a tiempo los salarios de los trabajadores de bajos ingresos. El Consejo de Estado, el Gabinete de China, mencionó que quiere eliminar los retrasos de los salarios para el próximo año.

En China, las protestas de trabajadores son comunes y, para evitar conflictos prolongados, los funcionarios locales suelen presionar a los negocios a fin de que resuelvan las disputas. No obstante, las empresas podrían estar menos dispuestas —o ser menos capaces— a hacerlo ahora que tienen problemas para ganar dinero.

Wang Xiao, un trabajador de construcción de 33 años de edad, se cansó de cabildear con sus jefes por más de US$ 2.000 de sueldos no pagados de un proyecto realizado en la provincia oriental de Shandong. Por lo tanto, la semana pasada, recurrió a las redes sociales, donde amenazó con lanzarse desde la parte más alta de las oficinas generales de la empresa que supervisa el proyecto.

“Si llego al techo del edificio y hago una escena, entonces me darán el dinero más rápido”, comentó (Wang no cumplió con su amenaza).

A pesar de las restricciones, los activistas han logrado organizar protestas a través de las fronteras de las provincias, a menudo con la ayuda de las redes sociales. El año pasado, los operadores de grúas de toda China coordinaron una huelga en el Día del Trabajo que involucró a decenas de miles de trabajadores de al menos diez provincias.

Sin embargo, en un momento de incertidumbre económica y tensiones en aumento con Occidente, Xi ha puesto un énfasis en la estabilidad social por sobre todas las cosas. En una reunión celebrada el mes pasado que tenía como objetivo discutir la “prevención de riesgos”, Xi instó a los líderes provinciales y a los altos funcionarios a redoblar esfuerzos para expandir el control ideológico y social.

En particular, Xi ha buscado sofocar un resurgimiento de activismo laboral en los campus universitarios, incluida una campaña de alto perfil en pro de los derechos de los trabajadores encabezada por jóvenes comunistas de las universidades selectas.

Los activistas han usado las enseñanzas de Mao y Marx para argüir que la acogida que China le ha dado al capitalismo ha explotado a los trabajadores. El verano pasado, intentaron ayudar a trabajadores del sur de China a organizar un sindicato independiente, bajo el argumento de que los funcionarios locales corruptos estaban coludidos con los gerentes para abusar de los trabajadores.

En repetidas ocasiones, las autoridades han intentado reprimir las protestas, lo cual ha generado la desaparición y detención de más de 50 personas asociadas con la campaña.

La respuesta de las autoridades ha sido tan enérgica en contra de los jóvenes comunistas en parte porque sus demandas son ideológicas, no materiales, comentó Fu, quien ha estudiado el descontento en China.

“Para el gobierno, confrontar al partido por no ser marxista es como si los niños criticaran abiertamente a sus padres biológicos”, señaló Fu. “Se considera un desafío y un rechazo rotundo del socialismo que gestiona el Estado”.

No obstante, la mayoría de los trabajadores está más enfocada en intentar llevar el pan a la mesa que en desafiar al partido.

Song Zuhe, de 50 años, quien empaca azulejos de cerámica en una fábrica de azulejos ubicada al sur de China, asegura que le deben US$ 1.500 de salario atrasado y que no ha recibido un cheque en tres meses.

Este año, cuando Song regresó a su ciudad natal al suroeste de China para celebrar el Año Nuevo chino con su familia, se reunieron a cenar un poco de pollo y verduras.

“Mi carga es pesada”, opinó. “Es una situación muy dura”.

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