El contratista principal de la obra civil de la planta regasificadora, la brasileña OAS, ingresó en quiebra a mediados del pasado mes y tiene un “retraso” en su plan de obras en Uruguay. La constructora del vecino país está envuelta en graves acusaciones de corrupción en la trama de Petrobras. Según informaron a El Observador fuentes de GNLS (el consorcio que conformaron GDF Suez y Marubeni para la operación de la planta regasificadora en Puntas de Sayago), la firma OAS tiene un “retraso” en la ejecución de la obra civil de la planta que incluye una escollera de 1,5 km y dos muelles para el amarre de la unidad regasificadora y el atraque de los barcos que transportan gas.
“En caso que OAS haga default en Brasil y entre formalmente en quiebra, no tendremos otra opción que replantear los términos de nuestro contrato, con nuevos esquemas de negociación en la mesa, entre ellos factores como plazos y precios. Para ello se están evaluando alternativas”, adelantaron desde GNLS. “OAS ha manifestado que están abiertos a trabajar en conjunto para la realización del proyecto. Se realizarán todos los esfuerzos tendientes a optimizar la situación. Continuaremos trabajando y monitoreando a fin de tomar las medidas necesarias”,añadieron.
Según aseguraron las fuentes, la mayor parte del trabajo realizado hasta la fecha aún “es poco visible” porque la mayor parte de la obra está bajo agua, con excepción de una serie de pilotes que se pueden ver desde la costa. “El proyecto se encuentra atrasado. Aún es difícil cuantificarlo con precisión”, admitieron. Asimismo, indicaron que en GNLS están trabajando junto a OAS para obtener toda la información a fin de precisar los plazos y evaluar cuánto se puede recuperar.
Quiebra La información que manejan medios extranjeros sobre la salud financiera de la empresa luce bastante compleja. Según informó The Financial Times, el pasado mes OAS no pudo pagar dos vencimientos de intereses de bonos por US$ 16 y US$ 37 millones, ingresando así en default. Según informó el diario Jornal do Brasil, OAS informó que “debido a las dificultades de acceso al mercado de crédito, está en conversaciones con algunos de sus principales acreedores con el fin de permitir una reestructura financiera organizada”.
La empresa, según el diario brasileño, dijo tener los fondos para hacer el pago, pero que decidió no realizarlo. La justificación, según un comunicado oficial, fue para “preservar su liquidez y la continuidad de las operaciones”. El diario brasileño consignó que “la situación de OAS no es positiva en muchos aspectos”. En enero, la agencia Fitch rebajó la calificación de la compañía a C, uno de los más bajos posibles. Poco después, la misma medida la tomaron Standard & Poor’s y Moody’s.