El Larousse Gastronomique establece que el croissant fue creado a fines del siglo XVII en Viena (tal vez en Budapest) para celebrar la victoria sobre los turcos. Este bizcocho con masa de manteca tomó forma de media luna, inspirada en la luna creciente que es un emblema turco.
El croissant se mantuvo durante más de tres siglos como una especialidad francesa extendida a buena parte del mundo. En cuanto al doughnut, o donut, o dona, en una especie de español, aparecen mencionados por primera vez en un libro de cocina inglés en el que hay una apéndice para especialidades de Estados Unidos y ahí se nombran los doughnuts.
Se dice que el doughnut con forma de anillo, que se hizo archipopular en Estados Unidos, fue inventado en 1847 por Hanson Gregory, que para evitar que fueran tan grasientos, los agujereó en el centro con una lata de pimienta.
La gran diferencia entre uno y otro es que los croissants van al horno y los doughnuts son fritos. Tanto los croissants como los doughnuts mantuvieron sus éxitos paralelos y el último llegó a convertirse en un orgullo nacional en Estados Unidos, país que celebra el Día Nacional del Doughnut, el primer viernes de junio.
Revolución
Un chef francés que posee una confitería en Nueva York tenía que ser el inventor de esa cruza de culturas y tradiciones gastronómicas. Dominique Ansel tiene un coqueto local en el SoHo, zona chic y bohemia de Manhathan y ahí es donde creo el cronut, un croissant con forma de anillo relleno de crema.
Eso fue en mayo de este año y a los neoyorquinos les encantó. Tanto que ya hay una cola que espera que abra el local, a las 8 de la mañana. Solo vende 200 cronuts por día a US$ 5 cada uno, y hay un máximo de dos cronuts por persona.
El fenómeno fue comentado por los medios neoyorkinos, New Yorker y New York Times incluidos, y el cronut se convirtió en un objeto de deseo fuera de fronteras. Ya hay en España varios lugares que los venden, aunque solo ha pasado poco más de dos meses desde que se sirvió el primero.
Pero en Nueva York la manía es una cosa seria. Se empezaron a revender los cronuts a cifras que llegaron a las tres cifras; se empezaron a comentar en programas de radio y televisión, las colas en la pastelería de Ansen se llenaron de cámaras de distintos canales de cable y de aire.
Por más que ya hay cronuts de costa a costa en Estados Unidos, las colas para adquirir uno de los cronuts originales siguen dando vuelta las esquinas.
La idea se propagó y ya se pueden conseguir en Uruguay. Los hace Ximena Torres en la Dulcería, de Jaime Zudáñez 2855 esquina Roque Graseras.
Torres se jacta de haber creado “la primera cronut de dulce de leche”, una adición obligada para que se convierta en un clásico local. También los hace con crema pastelera y con crema de chocolate y avellanas. El tiempo dirá si el cronut llegó para quedarse o deja paso a otra novedad. Pero primero hay que probarlo, y ahora en Montevideo se puede. l