20 de octubre 2011 - 18:30hs

Perturbado. Así se retira uno del cine tras ver La piel que habito, la última película de Pedro Almodóvar. No obstante, quien conoce la filmografía de este director español sabe que la profunda angustia que transmiten sus dramas, por ejemplo, Hable con ella y Todo sobre mi madre, tiene una finalidad. La crueldad en Almodóvar no es el mensaje, sino un medio inevitable para la construcción de sus complejos personajes.

En este caso, La piel que habito narra la historia de un reconocido cirujano plástico, Robert Ledgard (Antonio Banderas), quien investiga el desarrollo de una piel sintética. La muerte de su esposa tras un accidente de tránsito, que le provocó quemaduras en todo el cuerpo, motiva al doctor a desarrollar una suerte de coraza que proteja al organismo de agresiones que van desde las picaduras de mosquitos hasta el propio fuego.

Para ello, Ledgard precisa experimentar. Pero no elige el largo proceso de ir de los modelos informáticos al in vitro, para luego pasar a ratones y otros mamíferos mayores, y finalmente terminar probando en seres humanos. Carente de escrúpulos, el médico investiga directo con una joven, Vera (Elena Anaya), a quien mantiene cautiva en su mansión.

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Cuestión de piel
La piel de Vera es la que da nombre a la película. Como cobaya humana, la joven está recubierta por un órgano que no es suyo, sino el creado por Ledgard en seis años de trabajo. Encima de este, lleva otra piel artificial, un enterito beige que la recubre desde los dedos de los pies al cuello.

“La piel es la frontera que nos separa de los demás, determina la raza a la que pertenecemos, refleja nuestras raíces, ya sean biológicas o geográficas. Muchas veces refleja los estados del alma, pero la piel no es el alma. Aunque Vera haya cambiado de piel, no ha perdido con ella su identidad”, explica Almodóvar en la web de la película.

Como es de esperarse en una realización del director manchego, el drama no le quita belleza a la imagen (ni viceversa). Almodóvar logra filmar el cuerpo desnudo de Vera sin jamás resultar obsceno y proclamar a través de ella su ideal de perfección.

Aunque artificial, el cuerpo de Vera no es grotesco en su firmeza y voluptuosidad. Es delgado y, a la vez, con las suficientes curvas como para ser femenino y sensual, lo que también construye la identidad de la joven retenida.

De forma contraria a lo que se podría suponer a priori, Banderas no cumple el rol de galán latino. Su personaje arrastra una serena soberbia del hombre que se sabe brillante y atractivo, pero, sobre todo, que reconoce que no tiene nada que perder.

Saber esperar
Identidad y venganza son los temas centrales de La piel que habito, en el que la intriga atraviesa cada acción, cada diálogo. De hecho, las explicaciones de las situaciones más tensas de la película llegan tiempo después de haber sucedido.

Por eso, aquellos que no vieron la película y quieran hacerlo, cuando escuchen a alguien a su alrededor decir: “Vi la última película de Almodóvar”, deben irse de allí. Unas pocas palabras pueden arruinar el misterio. Sería como ver Sexto sentido sabiendo que Bruce Willis está muerto: el filme sigue teniendo valor cinematográfico, pero deja de ser un thriller escalofriante.

También es importante prever el tiempo para ir a tomar algo a la salida del cine, aunque sea aire, y así poder sacarse ese estado de perturbación que queda a flor de piel.

Ficha técnica
Director: Pedro Almodóvar
Guión: Pedro Almodóvar, con la colaboración de Agustín Almodóvar y basado en la novela Tarántula de Thierry Jonquet
Elenco: Antonio Banderas (Robert Ledgard), Elena Anaya (Vera), Marisa Paredes (Marilia), Jan Cornet (Vicente) y Roberto Álamo (Zeca)
País: España
Año: 2011

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