30 de julio de 2013 15:50 hs

La eficacia de un gobierno depende de la idoneidad de quienes ejercen cargos de dirección, como ocurre en cualquier emprendimiento de cualquier sector. Esta exigencia elemental ha sido reiteradamente ignorada por el Frente Amplio al repartir cargos por cuotificación entre los sectores partidarios, en vez de guiarse por el camino lógico del nivel individual de competencia. Es una práctica asumida en aras de la unidad de una compleja alianza política de 28 partidos, sectores y grupos, con enfoques diferentes en muchos temas de gobierno. Pero, por un lado, esa meta ha fracasado, como lo evidencia la paralización de obras y de reformas indispensables, debido a los desacuerdos internos. Y por otro, le ha costado caro al país por las notorias claudicaciones de ministros y de otros jerarcas, representantes de algún sector partidario, pero carentes de las calificaciones necesarias.

No ha sido vicio exclusivo del Frente Amplio. También en los gobiernos de los partidos tradicionales más de una vez se han hecho nombramientos para respetar el peso de algún sector o para cumplir con compromisos preelectorales. Pero esta práctica nociva ha sido multiplicada por las dos administraciones de la izquierda, especialmente la actual del presidente José Mujica. El expresidente Tabaré Vázquez fue menos rígido en sus designaciones, saliéndose alguna vez de las cuotas sectoriales. Mujica, en cambio, las ha respetado a rajatabla, priorizando frustrados intentos de armonía y cálculos electorales a la responsabilidad gobernante de designar a los mejores en cada función dirigente. El resultado ha sido fragilidad en la conducción de la salud, la educación y otras áreas igualmente esenciales.

El vicepresidente Danilo Astori, entre otras figuras de primera línea del Frente Amplio, reclamó la semana pasada eliminar los nombramientos por cuotas partidarias en caso de ganar un tercer período consecutivo de gobierno, curso que debió tomarse hace muchos años. Planteó la afirmación obvia de que para “mejorar la gestión” es necesario designar “a los mejores en cada lugar” en función de su capacidad y sin tomar en cuenta a qué sector de la alianza de izquierda pertenecen. Dijo que igual criterio debe imperar para integrar la fórmula presidencial. El senador Enrique Rubio sostuvo que el reparto cuotificado de cargos “contradice toda la tradición histórica” de la izquierda, que “siempre predicó” exactamente lo contrario. Y el senador y exvicepresidente Rodolfo Nin Novoa estimó que la idoneidad debe ser el criterio dominante a la hora de hacer nombramientos, evitando el reparto matemático según el peso político de cada sector.

Más noticias
Durante las campañas electorales todos prometen que elegirán a las personas más adecuadas por su capacidad, su formación y su experiencia para los cargos principales, especialmente los que requieren competencia técnica. Pero al momento de concretar los nombramientos, las promesas se desvanecen ante la conveniencia de no malquistarse con algún sector o por las presiones que ejercen los grupos más poderosos. Los resultados pueden ser desastrosos, como ha ocurrido en el pasado y como se ha profundizado bajo la actual administración, con la designación de personas que han quedado por el camino de su incompetencia y han tenido que ser relevadas o, peor aun, que todavía se aferran a cargos que ejercen como representantes de un sector político. Y a ello hay que agregar la curiosa situación de que por cuota política se asignan en un mismo ministerio personas con ideas diametralmente opuestas, como ocurre, como ejemplo más notorio, en Economía. Eso es tan o más grave que la incompetencia.

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos