Si a usted lo hubieran congelado por error en los noventa, como a ‘El dormilón’ de Woody Allen, y de pronto lo despertaran hoy, 30 años después, pensaría que el mundo se ha vuelto loco, que la distopía era posible; tal vez pensaría que sigue durmiendo; o que, de otro modo, el guionista de la actualidad tiene un gran sentido del humor.
Gobiernos hablando seriamente de derribar objetos voladores no identificados; “globos espía” surcando los cielos de Estados Unidos. El gobierno de Estados Unidos derribando con aviones caza de última generación un globo aerostático perteneciente a China; el gobierno de Estados Unidos derribando no uno, sino tres OVNIS de su espacio aéreo. Un alto funcionario de un gobierno departamental en un país serio como el suyo, el Uruguay, denunciando un avistamiento en la zona de las Termas de Paysandú, donde –quién más, quién menos– todo uruguayo ha pasado aunque sea una temporada. La Fuerza Aérea Uruguaya (FAU), por si faltaba alguna institución, también daba cuenta de “las denuncias de avistamiento” en Paysandú e informaba que la “CRIDOVNI” ya estaba interviniendo en el asunto. Con lo cual de paso también nos enteramos que la Fuerza Aérea tiene una comisión para buscar platos voladores. Dígame usted si no es novedad.
Todo esto ocurrió en espacio de apenas dos semanas. Y uno no puede más que imaginar la panzada que se hubieran hecho con estas noticias nuestros legendarios cronistas costumbristas del siglo pasado, como José Alonso y Trelles ‘El Viejo Pancho’ y, sobre todo, Julio César Puppo ‘El Hachero’. Vaya, pues, en honor a ellos esta peculiar introducción a la realidad tan disparatada que nos habita, y que la gente –incluso los colegas periodistas– hoy vive como lo más normal. A nadie parece resultarle demasiado absurdo lo que se lee, se escribe o se ve por televisión.
Del mentado “globo espía” que causó la actual crisis diplomática entre Estados Unidos y China, no sabemos nada excepto que el estudio del FBI arrojó que “era capaz de recabar comunicaciones electrónicas”. Traducido, se refiere a interceptar conversaciones telefónicas; algo que ambos países se vienen haciendo mutuamente desde hace décadas –y a su vez se lo hacen a otros países– y no necesitan de globos aerostáticos para ello. En esto no hay incautos: ambos se espían de múltiples formas.
Incluso, Beijing sostiene que es Estados Unidos quien en realidad envía globos espía a China. Eso exactamente no lo sabemos, pero vuelos de espionaje estadounidenses sobre el espacio aéreo chino se ha sabido de varios. El más recordado es el avión espía Ep-3 que en 2001 colisionó en cielo chino con un caza de ese país, cuyo piloto perdió la vida, y desató un gran altercado diplomático que duró 11 días y recién se zanjó con la liberación de los 24 tripulantes estadounidenses del Ep-3.
Pero volviendo al actual entredicho, los últimos tres objetos voladores no identificados derribados por aviones de EEUU son un absoluto misterio. Nada se ha informado sobre ellos excepto que no tenían fines de espionaje ni pertenecían a China. El presidente Joe Biden prefiere ni tocar el tema, supongo que le da vergüenza. Lo más probable es que hayan sido unos de los tantos pequeños objetos que, según la NASA, usted se puede cruzar volando entre los 6.000 y los 120.000 pies de altura, desde aves migratorias, globos de helio y enormes globos sonda, hasta objetos blandos del tamaño de un auto suspendidos en el aire.
En pocas palabras, todo esto ha sido un descomunal desatino, un dislate a escala planetaria, que además de prestarse, por supuesto, a todo tipo de memes muy divertidos, ha dado pábulo a ciertas teorías conspirativas. La más sonada que ha trascendido –e incluso se ha publicado en algunos medios europeos serios como France 24– es que todo se trataría de una cortina de humo para tapar la tragedia del tren con desechos tóxicos que se descarriló el 2 de febrero entre Ohio y Pensilvania, causando un desastre ecológico en dos de los estados más importantes del país, tanto en materia electoral como industrial.
Otros apuntan a un intento de eclipsar el extenso reportaje del periodista Seymour Hersh, “autopublicado” en Substack, que señala al gobierno de Estados Unidos como responsable de la voladura de los gasoductos Nord Stream en mar territorial de Alemania.
Nosotros, desde luego, no nos afiliamos a dichas teorías porque no nos constan. Sí llama la atención últimamente que el tema de los OVNIS cada tanto salta inesperadamente a la palestra para luego volverse a archivar. Aunque jamás se había llegado a este despropósito de sacar los F-22 a derribarlos.
De la Fuerza Aérea Uruguaya tampoco hemos tenido más noticias. No se ha vuelto a pronunciar en sus redes sociales después del famoso tuit inicial, ni hay un informe de CRIDOVNI al respecto; si bien un capitán aviador “integrante de la comisión” informó el jueves a medios locales que un equipo de esa dependencia de la FAU se había trasladado el miércoles a Paysandú para recabar información sobre lo sucedido. Menos mal, no sea cosa que a la nave espacial –o lo que sea que eso haya sido– le dé ahora por volver y seguir atormentando a los apacibles visitantes de las Termas.
Sea como fuere, si a usted lo despertaran hoy como a ‘El dormilón’, después de varios años de sueño helado, seguro pide que lo vuelvan a congelar.