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8 de marzo 2023 - 17:09hs

Una escena se repetía puerta a puerta en el barrio de mi infancia. Una madre (como digo madre, puede ser abuela, tía o la mujer que se encargara de las tareas de cuidados) abría la puerta y detenía el juego de pelota para anunciar que era hora de la merienda. El panorama era más o menos parecido dentro de cada hogar: la tele prendida y la taza de leche en la mesa. En ese contexto pasaron horas de ficciones argentinas, telenovelas y, claro, programas y videos de MTV.

¿Pero qué aparecía en la televisión? El Laboratorio de Innovación Audiovisual de Radio y Televisión Española publicó un proyecto interactivo que muestra referencias culturales y mediáticas cargadas de mensajes machistas que recibieron diferentes generaciones desde 1975. Trayendo esta referencia al Uruguay, ¿cómo pueden haber influido ciertos productos culturales en las generaciones que llegan a la vida adulta? Revisitar los programas y los discursos que permearon una adolescencia puede ser una oportunidad para pensar en el presente.

“Este tipo de productos culturales actúan como un producto de educación más. Todo lo que tiene que ver con la cultura en nuestras prácticas diarias, esto que está en nuestras vidas de manera cotidiana, nos educa aunque no actúen como un agente socializador formal. Es bien importante tomarlo en cuenta: no son inocuos y todo educa de una manera o de otra”, sostiene Ivanna Cestau, licenciada en Comunicación y máster en estudios de género.

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En la década de los 90' llegaron a la televisión uruguaya transformaciones en las prácticas de los espectadores y la oferta de programación se diversificó con la llegada del cable. Mirar la televisión ya se había afianzado como una práctica en el centro de la familia, con programación para todas las edades.

Una de las publicidades más icónicas de la década del 90 muestra a una niña de 12 años caminando entre un grupo de varones con un short blanco. La niña es Natalia Oreiro y la publicidad anuncia la efectividad de una marca de tampones para que los chicos puedan mirarte la cola y, además, no vaya a ser cosa que el short inmaculado se haya manchado con sangre. Las publicidades también forman parte de ese imaginario social. La sexualización de una niña de 12 años. Años después, la actriz y cantante uruguaya se refirió a aquella pieza publicitaria en una entrevista con Teleshow: "Le diría que no lo haga porque creo que hoy ese tipo de publicidad no colabora con las mujeres".Natalia recordó que la salida del comercial la obligó a ausentarse durante varios días al colegio. "Yo tenía 12 años y estuve una semana sin ir al liceo porque, cuando yo hice la publicidad, no sabía que me estaban haciendo un primer plano de la cola", explicó.

Natalia Oreiro en una publicidad de OB

Pero la sexualización de niñas y adolescentes era algo corriente. En 1992 Nicole Neumann comenzó su carrera en la tapa de la revista Gente bajo el título “Sexy a los 12” y la bajada leía: “El fenómeno de las nuevas Lolitas. Tienen 12 años pero parecen de 18. Salen a bailar desde los 10. Se visten y se maquillan como adultas. La polémica está instalada en la sociedad: ¿está bien que actúen así desde tan chicas? ¿Qué dicen los padres? La chica española, también de 12, que se escapó con el profesor de 34. El caso de Nicole Neumann, la modelo argentina de 12 años”. La tapa de la revista llegó a los kioskos con toda su violencia, hispersexualizando a una niña y además cargándole una responsabilidad que no era de ella.

“La sociedad lo aceptó, me contrataban y después yo quería trabajar. O sea, yo no lo vivía ni como un trabajo, pero yo lo quería hacer, a mí me divertía. Mi mamá incluso me quiso frenar porque no era normal. Pero como buena escorpiana cabeza dura en un momento le hinché tanto que me dijo ‘bueno, está bien’”, dijo Neumann luego en una entrevista con Alejandro Fantino sobre el que fue el comienzo de su carrera.

"Hoy es absolutamente políticamente incorrecto. Eso no va a pasar hoy, no lo vamos a ver hoy porque las marcas entienden que eso es rechazado. Sin embargo hacen otro tipo de campañas mucho más aggiornadas que acompañen un discurso políticamente correcto", sostiene la analista.

La primera portada de Nicole Neumann

Lo mismo sucedió después en series para adolescentes como Rebelde Way. En los últimos años se viralizó un informe del el programa Implacables sobre Luisana Lopilato que se titulaba “Luisana, el fenómeno sexy a los 15 años” en el que decían que "las sensuales adolescentes" de la ficción "enamoran a jovencitos y elevan la presión cardíaca de los adultos". Más adelante se reafirmó con Julieta Prandi actuando como una colegiala en Poné a Francella mientras el actor hacía el papel del padre de su amiga que la deseaba cada vez que la llevaban del colegio a quedarse en su casa. "¡Es una nena!".

Las telenovelas se afianzaron entonces como el género más prolífico de América Latina. Y las tiras para adolescentes de Cris Morena se convirtieron en un ícono que marcaron a toda una generación, desde Jugate conmigo hasta Casi Ángeles. Los estereotipos estaban claramente definidos.

"Los estereotipos de género van generando prejuicios, van generando esa creencia de lo que debemos ser o no debemos ser. Al generarse tan fuerte esa creencia todo lo que se sale de esa norma de alguna forma se generan discriminaciones a las cuales las infancias y las adolescencias están afectadas", dijo a El Observador la psicóloga Manira Correa.

Guillermo Francella y Julieta Prandi

Esa reducción de las mujeres a sus atributos corporales, que tenía consigo una fuerte valorización de lo que se entendía como belleza y la degradación de todo lo que quedara por fuera, estaba presente en los programas más vistos de la televisión como el Showmatch de Marcelo Tinelli, algunas revistas que apuntan hacia mujeres sugiriendo todo tipo de dietas sin fundamento médico, exponiendo los cuerpos ideales y dando consejos que separaban a las "buenas" chicas de las "malas". La santa de la pecadora. La que era buena para tener pareja y la que sólo servía por un rato.

Era un clásico encasillar a las personas de acuerdo a sus características físicas. La imagen de la gorda era tremenda, que era simplemente una persona que salía del estándar de delgadez extrema que se usaba en aquel momento y cuál era su rol. Siempre el mismo, nunca de protagonista. Eso tampoco pasa hoy, ¿qué producto cultural hoy tiene una persona, no hegemónica siendo protagonista?”, señala Cestau.

La psicóloga Manira Correa, integrante de la Red de Psicólogas Feministas, señala la hipersexualización de las mujeres, la romantización de los roles de género y la hegemonía de los cuerpos en aquella factoría de telenovelas para adolescentes. Sostiene además que las consecuencias se arrastran hasta la vida adulta y frecuentemente se ven en consultas terapéuticas: "se traslada como al adultez, por eso también hoy en día y sobre todo dentro de la psicología y la salud trabajamos mucho con las secuelas que tiene la violencia simbólica. Esto de la imagen corporal y de cómo hay alteraciones en relación a eso debido a esta violencia simbólica".

"Las telenovelas generaban estos papeles familiares, la dependencia de las mujeres, las mujeres como un objeto decorativos, toda esa romantización de los vínculos y el amor romántico. Crecimos con todo eso y el énfasis también puesto como en el público femenino. Había mujeres que construían y reproducían estereotipos ideales de genero. Esto se naturaliza y en realidad el estereotipo nos da un ideal de mujer que es bastante lejano a lo real y eso es lo que genera mucho sufrimiento", agregó.

En 1993 Ricardo Arjona lanzó Animal Nocturno y sus canciones se filtraron en las radios de las casas convirtiéndose en parte de la idea del romanticismo de la década. Pero hasta el día de hoy Mujeres sigue siendo uno de sus grandes éxitos. La canción fue incluida entre Las 50 mejores canciones latinas de todos los tiempos para Billboard donde incluso la describen como “el himno feminista pop más definitivo de los 90”. “Mujeres / ¿Qué hubiera escrito Neruda? / ¿Qué habría pintado Picasso? / Si no existieran musas como ustedes”. Porque las mujeres son musas, pero no las artistas. El invento de Dios para el hombre. Su valor se define en comparación.

Esa división de roles entre hombres y mujeres en la sociedad también se alimenta de referentes simbólicos que sustentan esa desigualdad por la que este martes marchan alrededor del mundo. Las telenovelas, los programas de verano que tenían minutos de planos de colas femeninas en las playas del Este, las ficciones para jóvenes donde la violencia doméstica era retratado como algo natural y el bullying como un juego entre niños.

En medio de la explosión de la cumbia villera que cruzó el Río de la Plata y empezó a sonar en Uruguay, Los Altos Cumbieros se escuchaban en la radio y hasta el día de hoy aparecen en las listas de reproducción de clásicos de las plataformas. “Pensar que la tuve en brazos cuando era una bebita / Y ahora que tiene 15, quiero que eso se repita / Yo me encargo del asado, del vino de la cerveza / Y entre todos los muchachos le hacemos una linda fiesta / Le vamos hacer la fiesta a tu hermana / La vamos a pasar bomba con tu hermana”. Más tarde, las 20:00, Claudia Fernández se abría el tapado en Dale con todo y Luis Alberto Carballo remataba un chiste sobre su cuerpo mientras la cena estaba en la mesa.

Cestau traslada el análisis a la actualidad y se pregunta de qué forma permanecen los estereotipos en la actualidad, en los medios y las redes sociales. “En la década de los 90 y los 2000 pensar desde lo masivo parecía ser mucho más intrusivo y con códigos mucho más claros directamente en algunos productos: veíamos cachetadas, chicos abusando de chicas que decían que no, cosas mucho más explícitas. ¿Qué pasa ahora? Si bien aparentemente, desde la superficie, parece haber habido un avance en los productos culturales, entiendo que habría que rascar un poco y ver cuán profundo es. En un principio en la representación las mujeres tenemos mucha más participación y roles, pero también hay una serie de estereotipos que se que están mucho más ocultos. Ahora se nos presenta como que nuestra libertad tiene que ver con ser una súper mujer. Es una exigencia más para nosotras, que se nos presenta desde estos nuevos espacios como 'empoderadores'. 'Podés hacer todo, estás empoderada'. No, en realidad me está esclavizando. Me resulta bastante peligroso, esa mirada que en realidad se presenta de un modo y no es tan así. Hay que rascar y no es tan evidente, nos esclaviza desde otros lugares, además trabajando sobre la culpa y sobre nuestra carga mental, que es un elemento muy fuerte", sostiene.

"Hay varios estudios en Argentina, Chile y en países europeos en relación a cómo influyen los estereotipos de género en las infancias y en las adolescencias a través de lo que se ve en la tele, en lo que en las familias se reproduce, en las instituciones educativas, en las redes sociales y en las redes sociales, no solo electrónicas, sino también en las redes que van generando las niñeces y adolescencias. Se va generando es esta violencia simbólica, que hoy por lo menos acá en Uruguay tenemos legislado y legalizado a través de una ley que es la ley de violencia basada en género que incluye la violencia simbólica, aunque no hay este políticas estatales que estén como monitoreando y regularizando", considera Correa.

"A las feministas se nos tilda de exageradas por visibilizar este tipo de violencias porque el sistema patriarcal capitalista gana dinero con las inseguridades de las mujeres", agrega la psicóloga.

Si bien la oferta se ha disparado a partir de la popularización del internet a los hogares y la explosión de los servicios de streaming, Cestau recuerda la relevancia del algoritmo a la hora de elegir entre las opciones que ofrece. "Por más de que en nuestra casa de repente queremos educar a nuestros hijos y nuestras hijas de determinada manera, e inculcamos determinados valores, también están presentes estos otros agentes que envían otros mensajes. Por eso también la importancia de prestar atención y poner el foco en este tipo de consumos".

Temas:

8M Consumo cultural Televisión Década 1990 Década 2000

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