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13 de abril 2021 - 13:59hs

José Ignacio Apoj es de esas personas que no pueden estarse quietas en un solo lugar. Viajó por todo el mundo, vivió un tiempo en Bogotá y en Quito, y desde 2014 se instaló en Tel Aviv, donde actualmente es el director de Marketing en Español de la empresa Wix, una plataforma de desarrollo de sitios web con presencia en 190 países.

Es licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad ORT Uruguay y se desarrolló en varios rubros dentro del mundo de la comunicación. Es productor y guionista de televisión, escritor, periodista deportivo (semiretirado) y experto en localización y contenidos online.

Es “hincha a muerte de las reuniones presenciales, el café compartido en la cocina, la interacción y los chistes del día a día”, por eso, siempre que le permitieron ir a la oficina durante la pandemia, lo hizo. En su trabajo, ser extranjero es más la regla que la excepción. En su equipo hay gente de países tan distintos como Brasil, Italia, Perú, Polonia, Rusia, Corea del Sur, Japón, Turquía, Holanda y por supuesto, Uruguay, con él como representante.

En su tiempo libre, escribe. Así terminó y lanzó en 2020 su segundo libro Glotón, escribe perfiles para medios internacionales y desarrolla su blog Esta Gente Existe, “una especie de colección o muestra internacional de personajes bizarros” que se ha ido descubriendo en Tel Aviv. En Wix, se encarga del contenido en español para todos los países hispanohablantes y está en permanente contacto con los usuarios. Para él, la mayor satisfacción de todas es “conocer a esa gente que ama lo que hace y gracias a su página web o tienda online puede vivir de lo suyo”.

¿Qué lo impulsó a irse al exterior?

Desde chico quise tener la experiencia de vivir afuera. Conocer otros mundos, salir de la fácil, desafiarme. Creo que la vida es demasiado corta, y al mismo tiempo demasiado larga, como para transitarla siempre por las mismas avenidas. Lo digo de una manera figurada pero surgió de una inquietud literal: muchas veces andaba por la Avenida Rivera, 18 de Julio o Bulevar Artigas y pensaba: ¿Ya está? ¿Esto es todo? ¿Voy a vivir siempre en el mismo lugar, pasar siempre por las mismas paradas, ver siempre los mismos árboles? No era para mí, que soy un tipo que se aburre fácil de las cosas y un poco se apaga cuando deja de sorprenderse.

Desde chico tuvo la inquietud de vivir en el exterior y conocer "otros mundos"

Además, tuve la rara suerte de empezar a trabajar en lo mío de chico: ya en segundo de facultad, con 21 o 22 años, entré en Canal 10, y entonces a los 25, bastante joven, como que ya sentía que había llegado a mi techo laboral en Uruguay.

Obvio que estaba equivocado, pero el contexto y las oportunidades de crecimiento que vislumbraba alrededor tampoco me motivaban demasiado Al final, por diversos motivos me fui quedando, y finalmente largué todo a los 29 cuando dije “chau, ¡es ahora o nunca!”.

¿Qué lo llevó a pasar un par de temporadas en Bogotá y Quito, y qué aprendizajes le dejó esa experiencia?

Cuando llegó el momento de decidir, quería irme a un país de habla hispana y elegí Bogotá porque era —y es— una ciudad tremenda, llena de oportunidades, pero todavía no tan saturada, en el sentido de la cantidad de gente talentosa de la industria creativa buscando pegarla, como Buenos Aires, Santiago o Ciudad de México. Creo que estaba en lo cierto: me organicé bien, dibujé un mapa de medios, productoras, empecé a llamar y escribir emails sin conocer a nadie, y al final resultó muy accesible hacer buenos contactos en muy poco tiempo.

Pasó el tiempo y todos los proyectos que armé o en los que participé se empezaron a demorar, ya llevaba siete u ocho meses en la ciudad, ahí uno empieza a vivir de los ahorros y la experiencia es otra. En esas, medio parado, “bajé” a saludar a un amigo a Quito, pensando estar dos semanas, y me terminé quedando cuatro meses.

Mudarse de Bogotá a Quito es como pasar de Buenos Aires a Montevideo: de repente, todo funciona más despacio, la gente es más tranquila, la acción es otra. Vivía en el barrio Guápulo, el barrio de los artistas, de los trotamundos de todos los colores, fotógrafos que van por el mundo con la cámara y una mochila; ese tipo de gente fue musa e inspiración para lanzar un pequeño emprendimiento gastronómico que me acompañaría por años: “Noches Mágicas”, un ciclo itinerante de cenas temáticas con distintos cocineros invitados y aforo limitado a gente simpática.

¿Cómo fue tomar esa decisión de instalarse finalmente en Israel?

Estaba en Bogotá, cumplí 30, me cayeron un montón de fichas y una fue decisiva: me di cuenta de que iba a tardar años (muchos años) en empezar a generar el tipo de ingresos básicos que se precisan para tener una buena calidad de vida en una ciudad como esa, en la que los sueldos son bajísimos y, por ende, más o menos que la posta es armar un emprendimiento propio. Como decía, todos los proyectos audiovisuales que armamos quedaron stand by, y empecé a considerar irme para Israel, donde tenía (y tengo) muy buenos amigos, familia muy querida, y sabía que es un país en el que todo es posible. Y allá partí.

¿Le costó adaptarse?

Iba preparado para dar pelea y al principio trabajé de lo que fuera, mientras me acomodaba.

Respecto a lo profesional, pronto noté que empezó a generarse un mercado interesante para escritores profesionales de lenguas extranjeras, por la gran cantidad de empresas que operan online; yo venía más de otro palo, de la TV, las revistas, la radio, y entendí que tenía que reinventarme como redactor de contenidos para Internet para insertarme en el mundo laboral digital local, porque con mi nivel de hebreo iba a ser imposible trabajar en los medios. Ahí empecé hacer el switch de profesional de la comunicación offline a profesional online.

La parte más complicada para mí fue y sigue siendo el idioma: me manejo con el hebreo y puedo tener una conversación fluida con cualquiera, pero hay cosas que me siguen costando muchísimo, como ir a la ferretería.

¿Notó diferencias en la forma de trabajar con respecto a su experiencia en Latinoamérica?

Sí, hay diferencias, pero también es cierto que más allá de los países cada empresa y cada rubro tiene sus propias ventajas y desventajas, y no está bueno generalizar. Hay empresas buenas y empresas malas y jefes buenos y jefes malos en todos lados.

Pero si tengo que decir una diferencia concreta es el espíritu emprendedor, la apuesta por el riesgo que predomina en Israel, que quizás no es tan común en las empresas tradicionales uruguayas. En eso, son capos: no importa en qué rubro trabajen, los israelíes siempre están buscando la forma de crecer, innovar, expandir. Miran para adelante y se animan. Solo así podría haber surgido la Start up nation en un país diminuto, en el medio del desierto y rodeado de países que están totalmente en otra historia.

Después, otra gran diferencia es la honestidad brutal. En algunos ámbitos puede resultar (y resulta) innecesario, chocante, pero para laburar sirve. Te ahorra tiempo y salud mental. En Colombia o Ecuador notaba que mucha gente no sabía decir “no”, y entonces pasaba que con tal de no darte una respuesta negativa, preferían dejarte colgado con un mail o pedido importante. Si la respuesta es no, ¡es no! Prefiero saberlo de inmediato y no perder tiempo.

¿Cómo le surgió la oportunidad de trabajar en Wix?

Me enteré de que buscaban un escritor en español para el equipo de localización. No estaba buscando trabajo, pero Wix es Wix... valía la pena probar. Mandé el CV, me llamaron, pasé por un intenso proceso de selección y entrevistas. En setiembre ya cumplo cuatro años ahí.

¿En qué consiste su rol actual puntualmente?

Me encargo de la comunicación y el marketing en español, y además superviso otros idiomas, dentro de un equipo multicultural que es una cosa divina. Es el equipo de Marketing Internacional de la empresa. Ahí manejamos la localización de todas las campañas, la comunicación con los usuarios, los anuncios en todos los medios online que te imagines, las colaboraciones con medios, los tutoriales, las relaciones públicas y un montón de cosas más referentes a los 18 idiomas en los que funciona y se promociona la plataforma además del principal, el inglés.

Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad ORT Uruguay, Apoj se desarrolló en varios rubros dentro del mundo de la comunicación

¿Cuáles son los mayores desafíos a los que se enfrenta?

En empresas como esta, el mayor desafío es estar a la altura de lo que hay que aprender todos los días para, después sí, poder hacer. Por un lado, están los aprendizajes referentes al producto, que tiene infinitas variables, usos, funciones, y actualizaciones que te diría son casi semanales; luego, entender las diferencias culturales y las peculiaridades de cada uno de los mercados es un desafío vertiginoso, fascinante, y que nos obliga a todos a crecer a diario. No damos nada por sentado, no nos basamos en lugares comunes, investigamos mucho, y le tenemos muchísimo respeto a los internautas.

Entonces, cuando vamos a comunicar algo, lo que sea, no queda otra que estudiar un montón, evaluar y entender las mejores prácticas lingüísticas y culturales del lugar y —finalmente— encontrar las palabras e imágenes perfectas que logren que la comunicación se sienta local para cualquiera de los usuarios que tenemos en más de 190 países.

¿Cuál fue el mayor logro de su carrera o de lo que se siente más orgulloso?

La verdad, más que un logro en particular me enorgullece haber sabido reinventarme tantas veces, animarme a salir de la zona de confort y buscarla siempre. Además, como me gustan muchas cosas diferentes y no soy de quedarme con las ganas de nada, voy a por todo: pude escribir muchos guiones para programas de TV o crónicas de viajes, dos cosas que me encantan, y encima me pagaron por hacerlo; descubrir personajes o historias underground del fútbol y que salgan publicadas en las grandes revistas del género en España que admiro; haber sido un profesional dedicado y apasionado de la TV y ahora, en otra década, poder también encarar y crecer en el mundo de la comunicación online de una empresa como Wix, que para mí es como una universidad del marketing online; finalmente, mis bebés: Las vidas que no viví y Glotón, mis dos libros, me provocan el amor y orgullo que cualquier artista imagino debe sentir cuando su trabajo ve la luz.

¿Cómo le afectó a nivel familiar y laboral la pandemia?

Por suerte, yo la pasé sin problemas y ya terminé de vacunarme a finales de febrero, y mi familia viene bárbaro. A nivel laboral, al ser Wix una empresa dedicada a potenciar los negocios y emprendimientos online, el trabajo aumentó muchísimo, los desafíos se multiplicaron y pude ser testigo privilegiado de la revolución que estamos viviendo, que estoy seguro marcará un antes y un después en la historia.

Particularmente, este último año pudimos facilitarle a millones de nuevos usuarios la posibilidad de hacerse una página web por primera vez o ajustar su negocio online existente para adaptarse a lo que se necesitaba durante la pandemia.

¿Tiene pensado volver en algún momento a vivir a Uruguay?

No lo sé, de momento no. Me gustaría vivir en al menos un par de países más antes de volverme. Recién me fui hace ocho años. Tengo cuerda para rato... creo.

¿Planes para 2021?

Uno de los grandes objetivos personales ya está cumplido: era ver a la familia en Uruguay, conocer a los nuevos sobrinos. Después, el único plan es trabajar y vivir el momento: en tiempos tan complicados, uno debe aprender a valorar lo simple y disfrutar de las pequeñas cosas de cada día. Cliché, es cierto, pero creo que muchos aprendimos que hay que encararla así para no volverse loco en el contexto de esta pandemia.

 

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