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De vuelta al barro: la cerámica se transforma en un refugio ante el pulso frenético de la vida cotidiana

La cerámica artesanal toma un nuevo impulso después de la pandemia a pesar de sus miles de años de historia, o quizás ese sea el motivo

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24 de julio de 2021 a las 05:04

A veces es necesario parar. Tomarse un momento para alejarse de la vorágine cotidiana de pantallas hiperconectadas para mantener algún atisbo de tranquilidad. Volver, de alguna forma, al origen. ¿Y qué puede ser más originario que el barro?

La cerámica es uno de los primeros materiales fabricados por los humanos. Desde la prehistoria, esta mezcla de arcilla y agua, entre otros elementos, se incorporó a la vida de nuestros antepasados y se ha mantenido de generación en generación, como una tecnología utilitaria pero también como una forma de expresión del arte. Según publicaciones del Museo Nacional de Antropología, la incorporación de la cerámica en nuestro territorio se produjo hace al menos 3.000 años.

Milenios después, volvemos a poner las manos en el barro.

Este tipo de cerámica es completamente artesanal

El taller es un refugio. Un lugar cálido y calmo donde una música leve acompasa las manos que acarician la arcilla y lentamente la van moldeando. Con cada caricia, lenta y precisa, se produce una transformación que para los ojos de una espectadora inexperiente es casi milagrosa. Resultado de la fricción y el movimiento.

Laura Ungo nació en Sarandí del Yí y viajó a Montevideo a los 16 años. Cuando llegó a la capital, encontró un taller de plástica a cargo de dos mujeres y rápidamente se dio cuenta que allí estaba su lugar. “¿Cómo le digo a mis padres que no quiero estudiar otra cosa?”, se preguntó. Pero lo hizo, y trabajó durante años como paisajista en la embajada de los Estados Unidos. “Cuando fui mamá hace seis años y medio renuncié, y así como renuncié me dediqué de lleno a la cerámica”, dice, como si hubiera dado a luz a dos proyectos al mismo tiempo.

Laura creó Mossa después de dedicarse al paisajismo durante años

Empezó con los talleres, pero tuvo cierta timidez con sus propias piezas. Hay algo muy personal en la creación de la cerámica, algo que expone su propia mirada, que mantuvo por un tiempo en el ámbito doméstico. Finalmente se animó y las puso a la venta. “Con la pandemia empezó a gustar cada vez más, y ahí terminó de generarse el boom de la cerámica y de las piezas”. Hoy trabaja en paralelo con las clases y los encargos de sus creaciones, y confiesa que espera pasar el resto de su vida en el taller.

Ungo habla de la pandemia como una explosión. Y, claro, para muchos se sintió de esa forma. Pero en su caso la onda expansiva llegó a su taller. Si hace un tiempo trabajaba con uno o dos grupos de estudiantes, hoy ya no tiene cupos en las clases que lidera al día. ”Hay gente en espera y conozco un montón de talleres amigos que están en la misma. Es impresionante la cantidad de talleres que hay”.

Colores, formas y texturas: la cerámica se trata de experimentar

En el atelier de Agustina Salomón, la luz de invierno entra bañando las piezas que se cruzan en su trayectoria. Los colores se destacan, las formas se definen y los detalles quedan en evidencia: pequeños desniveles en medio de la perfección lisa de la superficie, marcas de las manos de la artesana.

“Lo mío no es la palabra, me comunico con las manos”, comenta mientras sumerge los diez dedos en una pasta gris que puso sobre la mesa y que luego amasará en un acto casi casero. Cuando tenía 12 años empezó a ir al taller de Carmen Zorilla con su madre y después de que terminó el liceo decidió ir a la Escuela de Artes y Artesanías Pedro Figari. Antes de terminar los estudios técnicos, la barbacoa de la casa de sus padres se convirtió en taller y allí empezó su emprendimiento haciendo mates y macetas.

Recuerda que si bien en Uruguay hay excelentes ceramistas, cuando decidió que la actividad dejara de ser un hobbie para ser su forma de vida la gente lo recibía con sorpresa. De hecho, también hizo un curso de expresión plástica para niños, por las dudas. Hoy vive de lo que le gusta.

Agustina finalmente creó Amaé después de egresar de la UTU

Los tiempos de la cerámica

Hay procesos que no se pueden apurar: un nacimiento, un duelo, una ruptura, e incluso la creación de una pieza de cerámica. Es el material el que tiene el control de los tiempos, y por más de que se quiera descargar en ella la rapidez del siglo XXI, es inviable: se quiebra, se rompe, se raja, explota en el horno.

La paciencia guía el proceso. Una pieza lleva varios días de trabajo, incluso para los ceramistas más experimentados. Hay que moldearla, esperar que se seque para llevarla al horno, pintarla, volver a hornearla. En un mundo donde todo es instantáneo y se valora la inmediatez, la cerámica es todo lo contrario. Y es por eso que la eligen.

Es super terapéutico hacer cerámica y conectar ahí con el barro. Salir un poco de las pantallas y todo lo tecnológico. También compartir con otras personas, porque la gente ha estado muy encerrada todo este tiempo de pandemia”, comenta Salomón, que también da clases en su taller. En este marco, el rol de las talleristas es fundamental. "La cerámica también saca los miedos e inseguridades que cada uno tiene. Y yo intento acompañar sin juzgar y ayudar al que lo precise". 


Ungo también identifica que la gente que se incorporó a los grupos durante la pandemia tiene esa inquietud: la de encontrar un lugar para relajarse.
“Es un proceso lento y es imposible que vos le des velocidad a la cerámica, ella te va a ir frenando. Creo que eso ayudó pila a que se engancharan. Para la mayoría de los que vienen acá es un momento de desenchufe”.

Es que el arte de la cerámica tuvo tanto éxito en los últimos años, que la revista Vogue la definió como el "nuevo yoga" de los millennials.

Las ceramistas reconocen que, como ellas, mucha gente tomó clases de cerámica o plástica cuando eran niños. Con este dato en mente, volver al trabajo manual es como regresar a esa parte creativa de la infancia. Más libre y experimental. "El niño lo que tiene es que entra más rápido en el proceso. Es impresionante la cuestión humana e innata que tenemos de crear, que después de grande vamos tapando con los juicios", dice Ungo. Ella explica que es importante guiar el proceso de los más pequeños sin limitar su creatividad con la perfección de la técnica.  

Cada pieza es diferente a las demás

"Los adultos tenemos mucho de juzgar lo propio y lo del otro. Cuesta pila mostrar lo que hacés porque es algo muy tuyo", dice Ungo, y explica que en el proceso de creación cada uno va encontrando su forma. A los demás les gustará más o menos, pero es algo propio. 

Formas orgánicas y signos artesanales

“En la pandemia a todos se nos dio por cocinar, hacer cerámica e ir a clases de pintura. Las formas más orgánicas están gustando más, hay una tendencia”, reconoce Ungo y, al igual que Salomón, detalla que la técnica es fundamental para que este tipo de formas sea utilitaria además de atractiva. Incluso la producción industrial de piezas de cerámica y similares se ha inspirado de la moda de las formas irregulares.

Encontrar un estilo lleva años y un sinfín de experimentos: con materiales, colores, formas y técnicas. Ambas valorizan el trabajo artesanal, en el que cada creación es diferente, predominan los tonos tierra y las formas imperfectas. Un estilo también es un reflejo del artista y Salomón lo nota en las clases cuando algunos hacen piezas enormes, mientras otros dedican horas a los pequeños detalles. Una taza, una jarra o un plato puede decir mucho de quién la hizo con sus propias manos.

El barro permite hacer, y deshacer, miles de posibilidades. De hecho, puede ser algo desapegado o efímero. "Un día vino una muchacha que hizo una jarra hermosa, habrá estado dos horas con esa jarra y cuando la volví a mirar la desarmó. Es grandioso entender que nada te ata a esto, todo se recicla", señala Ungo, y recuerda que desde un punto de vista sensorial el contacto con el barro "es placer".

Claves para un ceramista entusiasta:
El amasado es el 70% del éxito 
El proceso de secado es fundamental 
Desarrolla la manualidad
Tener ganas de aprender, disfrutar y conectar con una actividad artesanal
Cultivar la paciencia.

Si bien el arte de la cerámica ha estado asociado al ámbito doméstico e históricamente a las tareas femeninas, muchas artistas impulsaron la técnica fuera de los hogares y la pusieron en el ámbito público. Gracias a ellas la cerámica es reconocida también como una forma del arte e irrumpió en galerías y museos contemporáneos. 

Pero los hombres también ponen las manos en la arcilla. Salomón destaca en este sentido la diversidad que surge en el encuentro de los talleres, donde este año también tuvo presencia masculina. "Lo bueno es la diversidad, porque hay gente de todas las edades y géneros, eso también está bueno: compartir con gente que nunca viste y no conocés".

En la prehistoria alguien descubrió la forma en que montón de barro podría convertirse en un sinfín de objetos. Ahora, en pleno 2021, echamos mano a una técnica ancestral para conectar con una parte humana que de a poco parece que estamos perdiendo en un contexto cada vez más virtual.

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