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Democratizando impuestos

En este número de #ConsultorTributario, Carlos Rivero, director del Tax Executive Institute profundiza y opina sobre el proyecto de la nueva Administración de Estados Unidos en materia tributaria internacional

En tiempos de pandemia el único país que parece haber tomado un camino diferente en política tributaria es Australia.

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06 de junio de 2021 a las 05:00

 

Otra mirada
En el número anterior te describí las claves del ambicioso proyecto que el presidente Joe Biden se ha propuesto en materia tributaria internacional, y aproveché la ocasión para destacar algunos aspectos que entiendo que nuestro país debería contemplar en su estrategia tributaria internacional, ante un escenario geopolítico nuevo, signado por futuras necesidades de caja de los países centrales y un renovado protagonismo e influencia de la OCDE.
Pues para esta edición de junio de #ConsultorTributario, recibimos las ideas de Carlos Rivero, experto de extensa trayectoria profesional y académica en la fiscalidad internacional y director del Tax Executive Institute. Carlos Rivero se concentra en los procesos que define como la “democratización de impuestos” a nivel global, con una mirada crítica e independiente, que alentamos desde siempre desde este espacio.
Confío en que disfrutarás de esta nueva entrega de #ConsultorTributario, y aprovecho una vez más para invitarte a que te acerques a todos los contenidos de nuestro Blog:

Democratizando impuestos

Por Carlos Rivero

@latax_pro

 

En los últimos tiempos solo se habla de coronavirus y crisis sanitaria, por lo cual me pareció interesante indagar cual es el abordaje fiscal que están adoptando los gobiernos para hacer frente a la nueva normalidad.

En tiempos de pandemia el único país que parece haber tomado un camino diferente en política tributaria es Australia. Los gobernantes de ese país pensaron en recortes fiscales e incentivos para mantener o estimular una economía totalmente golpeada por la crisis.

¿Parece tener cierta lógica no?, sin embargo, el resto del mundo ha optado por un camino totalmente distinto, un camino hartamente conocido por todos, el de incrementar la carga fiscal. Como si los privados no tuvieran ya suficientes problemas con la reducción de la demanda o imposibilidades fácticas de poder prestar sus servicios y llevar adelante sus negocios, que los gobiernos decidieron sumarle una problemática adicional al gran desafío de la supervivencia.

Muchos países se están viendo tentados en castigar tributariamente con un grado de inventiva realmente sorprendente a la economía digital, llegando a pensar hasta en la creación de impuestos específicos, porque consideran que son los grandes beneficiarios de las cuarentenas y restricciones que el propio gobierno impone.

Muchos otros países implementaron o tienen en cartera la aplicación de un “impuesto a la riqueza” que se aplicará por única vez, pero de aquí y para siempre hacia todos los años venideros.

Uruguay quizás tiene algún matiz a través de la implementación del impuesto Covid, ya que el mismo aplica sobre el sector público en búsqueda de ayuda al sector privado, que de hecho es quien se ve más afectado y golpeado por la pandemia. En la otra cara de la moneda existe un proyecto para modificar el impuesto al patrimonio y alcanzar los depósitos en el exterior, cambiándole las reglas de juego a cientos de extranjeros residentes que se mudaron al país atraídos por su política tributaria.

No puedo dejar de mencionar al presidente de la primera potencia mundial. En un articulo anterior escribí sobre lo inteligente y audaz que fue la reforma impositiva impulsada por Donald Trump, y ahora Biden pretende democratizar los impuestos borrando con el codo todo lo que el gobierno anterior escribió con la mano.

Subir la tasa general de impuesto sobre la renta al 28%, modificar las reglas del participation exemption e incrementar el Global Intangible Low-taxed Income (GILTI) a 21%, son medidas que dicen buscar una batería de normas “anti-abuso”. Pero analicemos un poco la cuestión de fondo.

La última reforma fiscal estadounidense buscaba ser mas competitivos mundialmente y que la imposición fiscal no sea un desincentivo a la hora de invertir en los Estados Unidos en comparación con los países europeos que ofrecen en promedio tasas de impuesto sobre la renta más atractivas.

Ahora en cambio pretenden convencer a todo el mundo en concretar un acuerdo global de tributación mínima, lo cual implica lisa y llanamente eliminar la competencia, o por lo menos sacar de la ecuación al factor impositivo. Sin lugar a duda eso les quita herramientas a los países con menores recursos y los deja en desmedro y desventaja con las potencias mundiales. Yo pensé que la finalidad de los impuestos era justamente una política redistributiva.

Me pregunto si esta mal que un país utilice su política tributaria para atraer inversiones, y también me pregunto si esta bien que un país pueda castigar o anular las políticas de incentivo a la inversión de otro país. Lo cual me lleva a una ultima pregunta sobre si se esta respetando la potestad tributaria de esos otros países.

¿Porque un accionista americano no puede verse beneficiado por ejemplo de un régimen de zonas francas o de un régimen promocional por una actividad que se alienta en un determinado país como puede ser la industria del conocimiento?

O un mejor cuestionamiento sería, normas como GILTI o SubpartF, ¿no están atentando al principio de legalidad o territorialidad, siendo que están capturando el impuesto por lo devengado de personas jurídicas distintas de la casa matriz americana, radicadas y constituidas bajo normas legales de un país distinto?

El sistema GILTI propuesto en lugar de perseguir el objetivo común de la OCDE de que las multinacionales paguen la porción correcta de sus utilidades en cada una de las jurisdicciones en las que operan parece perseguir el objetivo de cobrar en Estados Unidos por el impuesto que han dejado de pagar en cada una de esas jurisdicciones. Si bien es parecido, no parece ser lo mismo.

El país numero uno del mundo que pregona dentro de sus valores la libertad, la independencia, la igualdad, la privacidad y la competencia, debería pregonar que esos mismos valores se respeten internacionalmente.

Procuremos que las normas anti-abuso no terminen siendo un abuso de los gobiernos de turno sobre la economía privada, porque si no vamos a llegar a un punto donde la pandemia que menos nos va a preocupar es la pandemia sanitaria.

 

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