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Derecho de admisión: la difícil tarea de un portero en un duro videojuego

Not Tonight imagina un futuro distópico inmediato, una realidad a tono con los cambios ocurridos en Europa recientemente, una reinterpretación de lo político hecho videojuego 

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20 de noviembre de 2018 a las 05:00

Apenas un año después del Brexit, en Inglaterra, asume un gobierno de extrema derecha que de inmediato reforma sus leyes de ciudadanía: aunque hayan nacido en el Reino Unido, solo serán ciudadanos aquellos que puedan probar ascendencia británica a más allá de tres generaciones. Así, una enorme cantidad de nacidos en el país pero con padres venidos del resto de Europa (y el mundo) se transforman de inmediato en ciudadanos de segunda, con la obligación de demostrar un ingreso económico altísimo para evitar ser deportados. Esa es la realidad del personaje protagonista –quien es moldeado a la mejor manera de juego de rol pero que sin importar las elecciones mantiene su condición de no británico– quien, además de todo, no es especialmente educado o preparado para conseguir un trabajo bien remunerado. Por tanto, se emplea como guardia de seguridad o bouncer (la traducción sería portero, pero vale también para gorila, segurata, patovica, etc.) asalariado que a medida que avanza el año irá mejorando en su condición, hasta llegar a serlo en la asunción del nuevo Primer Ministro. Asunción que, como vemos en la primera secuencia del juego, sale bastante mal. Cómo llega allí –porque es un juego de bastante ardua dificultad– es lo que da cuerpo a toda la historia.

Aquí no se entra

Creado por el estudio británico PanicBarn y lanzado para Microsoft Windows en agosto de este mismo año, Not Tonight mantiene claros paralelismos con otro juego político reciente: Papers Please. Al igual que en aquel, donde el jugador oficiaba de control fronterizo en una zona políticamente delicada, las decisiones del jugador parecen mínimas, pero van afectando el panorama macro de a poco. El jugador puede seguir las reglas y, por tanto, favorecer al régimen o, de a poco y decisión a decisión, combatirlo.  

Su tarea como portero es en apariencia simple: debe analizar varios puntos del carnet de identidad o licencia de los invitados que quieren entrar al local en cuestión que toque en ese momento del juego, verificando si son menores de edad, si tienen información fraudulenta o una fotografía incorrecta, entre otras variables. Pero no es tan sencillo: a medida que se avanza en el juego, se deben tomar medidas adicionales según lo solicitado por lugares más grandes o por el Estado, que se torna más y más invasivo a medida que avanza tanto el juego como el tiempo. Así, las condiciones van rotando frecuentemente. Se debe impedir el paso de alguna nacionalidad concreta (se interrumpen relaciones con Francia en el devenir de la historia), o por el uso de cierta ropa, o por simplemente no estar en la lista.

Pero claro, hecha la ley, hecha la trampa: también se puede  aceptar sobornos para ganar un dinero extra, si bien esto hará perder credibilidad ante las autoridades en caso de ser descubierto. Los distintos desafíos que enfrenta nuestro portero cuentan a modo de juegos independientes y no pasar un juego disminuirá la puntuación del crédito social del personaje. Si se produce una pérdida importante puede perjudicar el progreso del jugador y proceder a su extradición (en este caso, game over).

La construcción de la historia se va dando a partir de las decisiones que el jugador va tomando. Así, para cuando se recorre todo ese año que trabajamos como portero en numerosos eventos, se llega nuevamente a la explosión en el acto político, de la que podemos formar parte o tratar de detener a los responsables, según cómo se haya actuado. 

Directo al precipicio

Se trata de un juego muy entretenido de jugar, pero su mensaje es actualmente devastador y bastante desmoralizante: clima lóbrego, campamentos de refugiados para inmigrantes, desencanto, xenofobia, etc. Así imagina este posible futuro Tim Constant, creador de Not Tonight

“Tengo la impresión de que vamos directo a un precipicio y nadie intenta poner un freno”, dijo Constant en una reciente entrevista. “Ese sentimiento responde a lo que hicimos. Habitualmente, política y videojuegos no se mezclan por temor a que genere rechazo en algunos jugadores. Sabía que no todas serían buenas reacciones, pero me parece importante lograr que se reflexione un poco sobre todo lo que está pasando”, comentó. 

Para quienes desarrollaron el juego, ya ha tenido una consecuencia muy real el Brexit: un miembro del equipo es polaco y por la incertidumbre acaba de volverse a su país. 
 

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