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Un estudio de alto vuelo a la cabeza del proyecto del dique Mauá

El británico Foster and Partners fue el elegido por López Mena para "reinventar" esa parte de la ciudad

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05 de septiembre de 2018 a las 17:47

Desde Buenos Aires

Privatización es una palabra resistida en Uruguay y los últimos debates en torno al futuro del dique Mauá fueron ejemplo de eso. La empresa Buquebus presentó a fines de 2015 una iniciativa privada para construir, instalar, administrar y explotar una terminal fluvio-marítima en esa zona de la rambla Sur. El Poder Ejecutivo aceptó la iniciativa bajo ciertas condiciones y remitió el proyecto al Parlamento, en donde aparecieron algunas resistencias.

Las preocupaciones ambientales, la importancia en la preservación del patrimonio histórico y la idea de que los espacios públicos no deberían ser otorgados a privados son algunas de las críticas que desde distintos colectivos de la sociedad civil y ciertos sectores políticos se están realizando. Pero a la par de eso, la empresa tiene una visión a futuro y apuesta a que con un proyecto millonario de alto nivel arquitectónico, se podría elevar el valor de la zona y la ciudad en sí misma y potenciar el turismo.

Juan Carlos López Mena sabe desde hace 20 años que esa zona de Montevideo “merece algo importante”. Por eso contrató al renombrado estudio de arquitectos del británico Norman Foster para llevar el proyecto adelante en el caso de aprobarse. Así lo declaró en una reunión con periodistas que tuvo lugar en la oficina de Buquebus ubicada en la terminal de Puerto Madero en Argentina. Junto a él se encontraba Juan Bautista Frigerio, arquitecto argentino y representante de Foster and Partners, que trabajara en el diseño arquitectónico de la terminal fluvio-marítima y de los componentes adyacentes que se realicen en el predio.

Ganador del premio Pritzker y con gran prestigio a nivel mundial, el estudio Norman Foster se caracteriza por llevar adelante obras que además de generarles un valor agregado a las ciudades por su calidad de diseño e innovación, toman en consideración la realidad ambiental y la planificación urbana del lugar donde se instalan.

“Lo que primero pareció un proyecto de infraestructura”, señaló Frigerio, resultó ser más un “proyecto de regeneración y planificación urbana”. En ese sentido, explicó que lo que se haga allí, lejos de ser algo que divida a la rambla –como dicen los sectores que están en contra del proyecto–, se integrará a la comunidad. Además adelantó que, en el caso de seguir adelante con el proyecto, se generarían instancias de diálogo con la sociedad civil para escuchar las necesidades y sugerencias de los vecinos de la zona.

“Para mí el desafío no es tanto el puerto sino la ciudad. Creo que es una oportunidad única para que Montevideo pueda a través de una iniciativa privada reinventar una nueva ciudad porque en ese lugar, a tres cuadras de la plaza Independencia y de la Ciudad Vieja, necesita inversiones, actividad y turismo”, dijo. 

En Foster se han realizado proyectos que más allá del fin específico por el cual fueron construidos convirtieron a determinados lugares en focos de atención turística por su diseño. Tal es el caso del Viaducto de Millau en Francia que, más allá de ser una autopista, significó una “intervención en el paisaje”; o la Torre de Collserola en Barcelona que hoy “es una de las postales de esa ciudad”, según opinó el especialista.

También trabajaron en el Metro de Bilbao y los aeropuertos de Hong Kong, Pekín y México.

De todas formas, este proyecto tiene un componente que lo diferencia de los mencionados anteriormente y es su valor histórico. Por eso, una de las ideas que se manejan inicialmente en la empresa, para preservar el bien patrimonial, tiene que ver con crear un museo donde ahora es el Museo del Tiempo. La iniciativa privada incluye el reciclaje y mantenimiento del edificio del reloj que será ofrecido al Ministerio de Educación y Cultura para que determine qué es lo que se hará allí.

Frigerio enfatizó la importancia de preservar la historia del lugar y ejemplificó con proyectos internacionales donde el estudio se vio enfrentado a la conjugación de diseños en lugares que tenían años de historia detrás. Por ejemplo, el Carrée d’Art de Nimes, que contiene un museo de arte y una biblioteca frente al templo de Maison Carrée que ronda los 2.000 años. Otra clara y reconocida intervención de Foster en un espacio con historia fue la cúpula sobre el Reichstag de Berlín.

La enajenación de los padrones 7751 y 6177 en la rambla costanera implica además que la empresa podrá construir en un sector terrestre lindero a la terminal.

En la maqueta presentada inicialmente, cuya correspondencia con lo que sucederá en el futuro es escasa porque fue presentada solo a modo de ejemplo, se incluían hoteles y lugares con ofertas gastronómicas. En ese sentido, el arquitecto dijo que existe la posibilidad de construir espacios de usos mixtos que se correspondan con las necesidades de la ciudad, como pueden ser espacios al aire libre, el museo mencionado anteriormente o restaurantes. Pero además se consideran edificios complementarios: un hotel o un lugar donde se coloquen oficinas. “Todavía no tenemos en claro qué es lo que la ciudad nos pide para ese lugar, creo que eso va a salir en una conversación más amplia”, afirmó Frigerio.

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