Cualquiera sea la opinión que uno tenga sobre el gobierno de Venezuela (ya sea que es una democracia en toda regla –y hasta más que eso, como sostienen algunos, por la cantidad de elecciones que ha ganado en 15 años–, o un régimen delegativo de cuño bonapartista, diseñado para un caudillo que ejerce un control absoluto sobre los resortes que hacen a toda democracia), hay cosas que no admiten discusión: hay allí represión del gobierno, hay censura, hay presos políticos, se han violentado los derechos humanos de gente inocente y la situación es insostenible.
Dónde empieza y dónde termina el chavismo
La crisis venezolana no pasa por más mediación, pasa por más democracia