Peshtiwan Naser Abdal pudo evitar su expulsión de Alemania gracias al asilo religioso otorgado por la parroquia católica de Tutzing, cerca de Múnich, una práctica tolerada por las autoridades pero que obliga a este iraquí yazidí a permanecer en la iglesia. Para romper con la monotonía cotidiana, este joven de 21 años selecciona ropa y juguetes donados por los fieles en una piscina convertida en almacén, propiedad de la parroquia."Hago esto casi todos los días para mantener mi mente ocupada", cuenta en un alemán ya muy bueno, el iraquí nacido en la comunidad yazidí, una religión preislámica perseguida por el grupo yihadista Estado Islámico.
El asilo religioso como último recurso de los refugiados
Parroquias acogen a refugiados iraquíes ante falta de lugares