El presidente del Banco Central (BCU), Guillermo Tolosa, afirmó el martes en Washington que la comunicación no debe ser un elemento accesorio o secundario de la gestión, sino que constituye la política misma, y es el eje central para alinear las expectativas de los agentes económicos y reducir el costo social de la desinflación.
Tolosa participó como expositor en el ciclo Governor Talks, en el marco de las Reuniones de Primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI). Su presentación se centró en la experiencia de Uruguay en la conducción de la política monetaria —hoy basada en un régimen de metas de inflación con la tasa de interés como instrumento principal— y el rol de la comunicación en la consolidación de las expectativas.
Inflación en mínimos históricos
Este enfoque coincide con un hito histórico para el país: la inflación se sitúa en torno al 3%, el registro más bajo desde agosto de 1956. El dato representa un punto de inflexión en la trayectoria inflacionaria y una señal positiva para la economía, al ubicar los precios en niveles cercanos a los estándares internacionales. Para las autoridades, esto representa una ganancia de credibilidad y confirma que el régimen de metas está funcionando.
Durante su intervención, el jerarca explicó que Uruguay convivió durante dos décadas con expectativas desancladas, situándose sistemáticamente por encima del rango meta. Tolosa calificó esta situación como una "falla de coordinación", argumentando que no existían razones macroeconómicas, como déficit financiado con emisión o sobrecalentamiento de la economía, que justificaran dicha inflación.
En este sentido, el presidente del BCU señaló que la falta de confianza genera un sesgo contractivo necesario en la política monetaria, pero advirtió que tarde o temprano llega el cansancio, se relaja la política y se vuelve casi imposible bajar las expectativas.
El problema de credibilidad y sus efectos
Explicó que, en Uruguay, las altas expectativas significaban altas tasas de interés, lo que provocaba que las empresas estuvieran "subapalancadas frente a sus pares", derivando en bajo crecimiento, menos oportunidades y una transmisión monetaria débil debido a que la gente no confiaba en la moneda local y usaba el dólar.
Para romper este equilibrio y empezar una "nueva realidad", el BCU implementó una estrategia donde la comunicación pasó a ser el centro. Tolosa planteó que si se lograra persuadir a cada persona de aumentar los precios un 4% en lugar de un 6%, la desinflación sería indolora y sin costo para la economía.
En ese marco, sostuvo que un mayor esfuerzo de comunicación, cuando está respaldado por un historial consistente, puede reducir la carga que recae sobre la tasa de política para alcanzar los mismos objetivos. “Un banco central creíble puede influir sobre la inflación no solo con subas de tasas, sino también con palabras”, afirmó, al destacar el uso complementario de la comunicación junto a las decisiones de política monetaria.
Según el jerarca, existe un equilibrio entre las palabras y las tasas, entre el "poder blando" y el "poder duro", ya que la comunicación promete bajar la inflación con menos costo social.
La estrategia: comunicación como política
Para cumplir este mandato, el banco inició una "revolución de las 7 R". El proceso incluyó desde redefinir el rol del economista —más como “narrador” que como técnico— hasta reforzar la comunicación, incorporar ciencia del comportamiento para entender cómo se forman las expectativas, capacitar al personal en nuevas habilidades vinculadas a la psicología del mercado y rediseñar procesos internos.
El jerarca destacó que el BCU debe estar orientado al entendimiento y explicó que no se cambian conductas si no se comprende el fondo de lo que se comunica. Dado que la mayoría de la gente no es economista, el banco debe esforzarse por ofrecer una historia coherente sobre por qué la inflación va a bajar.
“Una política entendida es menos propensa a sorprender y a generar volatilidad; la comunicación convierte el marco en conocimiento compartido”, subrayó.
Finalmente, recordó que hay reformas críticas que "nadie pide en la calle", como el paso de los agregados monetarios (controlar la cantidad de dinero) a la tasa de interés (fijar el precio del dinero) como herramienta principal ocurrido en 2020. Citando a Ben Bernanke, reiteró que la política monetaria es "98% palabras y 2% acción".
Asimismo, subrayó que el éxito alcanzado no dependió de reformas legales, sino de una independencia de hecho: "Cambiamos la historia sin ningún cambio legal", afirmó, destacando que la credibilidad se construye demostrando resultados y manteniendo una operación técnica libre de interferencias políticas.
Las Reuniones Anuales y de Primavera del FMI y del Grupo del Banco Mundial congregan cada año a banqueros centrales, ministros de finanzas y desarrollo, ejecutivos del sector privado, representantes de la sociedad civil y académicos para debatir sobre la situación de la economía mundial y temas de interés internacional, como las perspectivas de crecimiento, la estabilidad financiera y la reducción de la pobreza.