Cuando Argentina estornuda, Uruguay se resfría dice el latiguillo que cada tanto se desprende de boca de algún analista económico que aborda la coyuntura regional. Esta vez el estornudo (y sorpresa) fue grande. Tras el duro revés que sufrió el presidente Mauricio Macri en las elecciones primaria de la vecina orilla -que lo dejaron prácticamente sin chances de retener la Presidencia en los comicios de octubre-, los mercados cerraron con números teñidos de rojos.
El peso argentino se depreció 14,5% frente al dólar y quedó arriba de las 55 unidades en el mercado mayorista, en una jornada donde el Banco Central de Argentina (BCRA) subió la tasa de interés del 63% al 75% y vendió reservas para morigerar el avance del billete verde en un día negro para la era Macri.
En Uruguay el nerviosismo y ruido del otro lado del charco no pasó desapercibido y el Banco Central (BCU) debió salir desde temprano a mostrarse activo en una posición vendedora para amortiguar la depreciación del peso uruguayo. El dólar mayorista cerró con una suba de 1,58% respecto al viernes y quedó en promedio a $ 35,90. La última operación a través de Bevsa se pactó a $ 35,85.
La operativa fue por un monto total de U$S 112,2 millones, cuatro veces por encima de una jornada normal. El Banco Central (BCU) intervino fuerte esta jornada y envió una señal de que no está dispuesto a convalidar una depreciación abrupta del tipo de cambio.
La autoridad monetaria vendió US$ 74 millones en el spot de sus reservas, además de otros US$ 32 millones en operaciones a futuro para entregas en agosto (US$ 6 millones), setiembre (US$ 9 millones), octubre (US$ 6 millones) y noviembre (US$ 3 millones), y un contrato forward con vencimiento en setiembre por US$ 8 millones. El BCU no vendía dólares en el mercado desde mayo, cuando una fuerte demanda de las AFAP había empujado la cotización del billete verde por arriba de los $ 35.
A agosto de este año, las reservas internacionales del BCU sin contrapartidas del sector público y financiero era de US$ 6.584 millones, por lo cual la autoridad monetaria tiene aún un colchón considerable para intervenir en el mercado cambiario si así lo considera necesario.
Por su parte, en la pizarra del BROU el dólar avanzó 45 centésimos respecto al viernes con un precio de compra de $ 35,05 y uno de venta a $ 36,55, aunque sobre el mediodía llegó a tocar los $ 36,65.
Intervenciones y campaña
El analista Felipe Herrán de Puente consideró que la intervención por más de US$ 100 millones que realizó el BCU este lunes “fue justificada” y en línea con el discurso que han pregonado las autoridades en el último tiempo. “El discurso es el de siempre: si hay un shock puntual (por la corrida cambiaria argentina) van a intervenir”, resumió.
A juicio de Herrán, las señales que ha transmitido el BCU parece estar pautando que pretende un tipo de cambio en una franja de $ 34,50 a $ 36, siempre con un “ojo puesto” en la evolución de la inflación y el anclaje de sus expectativas. Sobre el tipo de cambio, dijo que este lunes fue claro que “hubo una pared” en los $ 36, y que “no tenía sentido” seguir empujando para “derribarla”. El experto considera que hay factores para pensar que el peso uruguayo se apreciará por el arranque de la obras para UPM y las obras del Ferrocarril Central en los próximos meses.
En una línea similar, el director del Instituto de Competitividad de la Ucudal, Roberto Horta, consideró que las intervenciones del BCU en momentos de gran incertidumbre “son prudentes” porque ayuda a dar certeza a los distintos agentes económicos. Añadió que eso es posibles gracias al nivel de reservas que tiene la autoridad monetaria, y sugirió aguardar un tiempo para ver si esta fuerte corrección cambiaria argentina es estructural o solo fue un shock puntual.
Precisamente, Santiago Rego de CPA Ferrere consideró que ese es hoy un de las principales incertidumbre que gira para el corto plazo porque se desconoce “si el tipo de cambio de equilibrio de Argentina es 63 o 43 pesos argentinos”. De todas formas, consideró que dado que Uruguay venía de un proceso de encarecimiento en dólares frente a sus vecinos, “tampoco debería perderse el tren” para poner su moneda a tiro con sus vecinos y tolerar una mayor depreciación. Admitió que esto puede tener un costo por un impacto sobre el consumo privado, pero la contracara puede ser darle una mayor competitividad a un sector exportador que está en problemas.
El rol del BCU en los mercados ha despertado algunas críticas y quejas en las últimas semanas. La Unión de Exportadores fue una de las primeras que se mostró preocupada por la reacción tardía que había mostrado hace tres semanas la autoridad monetaria cuando el dólar mostró una tendencia inversa al descolgarse por debajo de los $ 34 en el mayorista con bajas diarias superiores al 1%, aunque luego el BCU apareció y trajo calma comprando dólares. El economista y asesor económico de Novick Javier de Haedo también ha sido crítico con esa postura y este lunes volvió a cargar contra el BCU.
“Una vez más, el BCU tiene un comportamiento asimétrico con sus intervenciones en compra y venta. Esta vez, la inconsistencia se dio en apenas tres semanas”, posteó en su cuenta de Twitter apenas se conoció la intervención en el mercado cambiario.
En una reciente entrevista con El Observador el presidente del BCU Alberto Graña rechazó esos cuestionamientos. “Si algo es asimétrico, es la tendencia del Banco Central a evitar apreciaciones indebidas del peso porque si no para qué compramos US$ 5.400 millones netos en 10 años con el costo parafiscal que eso tiene”, argumentó.
En medio de este clima de incertidumbre en los mercados, el gobierno uruguayo también se jugará su suerte en las próximas elecciones de octubre y eventualmente en un más que factible balotaje en noviembre. Aunque el BCU tiene independencia técnica, es innegable que varias de sus políticas son en ocasiones discutidas con las autoridades del Ministerio de Economía y Finanzas.
Aunque los analistas son reacios a realizar públicamente valoraciones sobre el rol político en la conducción del BCU, en un año electoral, una estabilidad de los precios y un tipo sin mayores sobresaltos son variables que tienen su peso en el bolsillo de los votantes, aunque no son las únicas.