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El Betito se hizo pasar por obrero pero una remera transpirada lo delató

Había quedado en libertad por falta de pruebas y con su ADN confirmado el fiscal pedirá prisión preventiva

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15 de diciembre de 2017 a las 20:38

Una remera blanca transpirada y un oficio trucho fueron los principales delatores de Alberto Suárez –mejor conocido como el Betito-, que recobró su libertad en marzo luego de 11 años de cárcel y volvió a actuar hace un mes atrás. La Policía lo capturó luego de una persecución a tiros, pero el fiscal Diego Pérez no pudo pedir prisión preventiva a la jueza Patricia Rodríguez por falta de pruebas. Sin embargo, el ADN encontrado en esa remera coincidió con el de Betito y ahora el fiscal pedirá esa medida cautelar en una audiencia de formalización que todavía no fue fijada, informó Subrayado y confirmó a El Observador una fuente vinculada con el caso.

Transcurrió casi un mes desde ese 17 de noviembre en el que el Betito transpiró esa camiseta, hasta que se confirmó que era su dueño. Previo a ser detenido, intentó pasar desapercibido.

Ese día, un obrero trabajaba afuera de una casa en el barrio Villa Española, en la que estaba poniendo una ventana. Eran las 10.30 y el calor se hacía sentir. De pronto, se le acercó un hombre y le pidió un vaso de agua. "Espere un minuto", le respondió. Impaciente, el hombre sediento fue un paso más: "Veterano, dejame que te ayudo a romper la pared", le dijo sin pedirle dinero a cambio. Al sentir voces, el dueño de la casa salió a ver qué pasaba. En ese momento, un patrullero y una moto de la Policía pasaron por delante de los tres.

"Debe estar brava la cosa, está pasando mucha policía", dijo el extraño, de quien el obrero y el dueño de la casa ya estaban empezando a desconfiar. Hacían bien. Ninguno de los dos lo sabía ni podía adivinarlo, pero el hombre era el Betito.

Suárez apareció en esa casa de Villa Española con un jean, un gorro Nike y sin remera, indicaron a El Observador las fuentes. La Policía comenzó a perseguirlo junto al igual que a otras tres personas cuando los vio en un auto en la calle Asilo. Una llamada al 911 alertó que ese vehículo estaba en "actitud sospechosa" y cuando se corroboró la matrícula se detectó que había sido robado. La persecusión comenzó en ese punto de la Unión y un hombre con remera blanca, gorro Nike y jean disparaba por la ventana mientras eran perseguidos a toda velocidad.

Los patrulleros se le acercaban, el Betito seguía disparando y un piquete de la Policía de Tránsito impactó en las ruedas del auto, por lo que tuvieron que abandonarlo en una barraca de Villa Española, a una cuadra de la casa que estaba siendo arreglada.

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Suárez se alejó de sus otros compañeros y quiso disimular. Los minutos pasaban, seguía en esa casa y cuando escuchó que se acercaba otro patrullero, tomó una pala y simuló que estaba trabajando. El dueño de la casa le insistió que se fuera hasta que aceptó. Dos minutos después, un patrullero paró en la obra y preguntó si habían visto a un hombre de remera blanca, a lo que respondieron que no. Cuando la Policía ya se había ido, algo blanco en el piso llamó la atención de ambos: una remera blanca semienterrada.

Otro patrullero paró para interrogarlos y tanto el obrero como el dueño de casa respondieron que creían que un hombre que quería ayudarlos con la obra podía ser el sospechoso que buscaban. No fue necesaria mucha búsqueda. La Policía lo vio corriendo a poco menos de una cuadra, lo interceptó y lo detuvo.

Después de una persecución y el intento por no ser detectado, cayó de nuevo el Betito Suárez, uno de los criminales más peligrosos de Uruguay. Como en esa oportunidad el fiscal no pudo pedir prisión preventiva y debió quedar en libertad, hubo que recolectar más pruebas. Y, a pesar de los intentos por no ser reconocido, de hacerse pasar por un vecino solidario, algo que no pudo evitar fue la transpiración y que su ADN quedara en la camiseta blanca.

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