7 de junio de 2011 19:16 hs

Javier Abreu tiene 34 años y ya cuenta con una trayectoria relevante en el mundo del arte. Su reconocimiento más reciente es el 5° puesto en la Bienal de Salto, con su obra Sr. Washington, y en 2009 ganó el Primer Premio Paul Cézanne. Entre otras cosas, el año pasado representó a Uruguay en la Décima Bienal de San Pablo y en 2009 en la 29º de La Habana. En esta ocasión fue ganador de la convocatoria del MEC para jóvenes en el Bicentenario con su proyecto Artigas en 3D.

Abreu, según confiesa, se toma las cosas “con mucho humor”. Esto queda claro cuando se lee el título de uno de los objetos que expone: Güiar Africanti. Dice ser un nombre guaraní pero si se lee en voz alta no es más que la frase We are a free country (somos un país libre), en inglés. Otra nota de humor se destaca en su obra Sweet Buzzy: Abreu coloca una bolsa de garrapiñada junto a otra, de idénticas dimensiones, pero que en vez de maní contiene bolitas hechas con dólares americanos. El artista considera que el mundo está tan globalizado que bien puede llegar un día en que la tradicional golosina sea renombrada con una palabra cualquiera y nadie se acuerde de dónde viene en realidad. “¿Será el catering para la fiesta del Bicentenario?”, se pregunta bromeando. La obra que lleva el mismo título que el proyecto es un par de lentes 3D cuyo marco está empapelado con billetes de un dólar. Los colores rojo y azul del lente hacen alusión a los colores del prócer.

Elián Stolarsky tiene 20 años y es la primera vez que lleva a cabo una exposición de esta envergadura en la capital. Realizó escenografías para espectáculos de danza y de teatro, tapas de revistas y discos. En la actualidad estudia Bellas Artes y se desempeña como ilustradora, escenógrafa y animadora 2D. Está involucrada en un proyecto uruguayo de largometraje que saldrá a luz en poco tiempo.

El trabajo que le ganó un espacio en Punto de Encuentro se titula Destino Uruguay y respira emotividad. La joven artista consiguió maletas utilizadas por miembros de la comunidad judía en su viaje a Uruguay. Son vsibiblemente antiguas, e incluso algunas conservan la tarjeta de embarque escrita en hebreo. Dentro de cada valija Stolarsky expuso xilografías hechas a partir de fotografías de su propia familia que fueron prensadas y llevadas a la madera. Además retrató algunos personajes en lapicera y transformó los dibujos en gigantografías en blanco y negro. La artista se mostró conforme con su proyecto, ya que implicó rememorar vivencias muy especiales de sus antepasados.

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