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6 de mayo de 2011 21:02 hs

En el clásico del domingo Nacional se juega mucho, pero no hay dudas de que el técnico Juan Ramón Carrasco es quien más estará en el ojo de la tormenta. El partido bien podría denominarse “el clásico de Carrasco”. Si Nacional gana, ganará él; y si Nacional pierde, perderá JR. Es así, es lo que obtuvo por derecho propio, por su forma de ser, por sus antecedentes, por su carácter, porque es distinto a todos.

Cuando se trata del actual entrenador tricolor, es blanco o negro, no existen los términos medios. Por eso, si Nacional obtiene los tres puntos todo será color de rosa para Juan Ramón y si cae (incluso un empate es un mal resultado para el bolso) el panorama se oscurecerá.

El técnico tiene espaldas anchas y el respaldo del presidente Ricardo Alarcón y del gerente deportivo Daniel Enríquez para soportar lo que venga. Es más, cuando perdió contra Fénix, Carrasco se quedó hasta último momento en el campo del Estadio Centenario para la silbatina y los insultos de los hinchas rebotaran sobre su cuerpo. Pero una derrota clásica lo desbordaría.

Sin la competencia internacional (eliminado en la fase de grupos de la Copa Santander Libertadores), lo único que tiene Nacional para redimirse es el Campeonato Uruguayo, del que hay que descontar el Apertura, que ya ganó Defensor Sporting. De modo que le queda el Clausura y la Tabla Anual, para forzar las finales. Actualmente está primero en ambas, aunque compartida la primera con Peñarol y la segunda con los violetas.

El triunfo en el clásico le permitirá al técnico sacarse la chapa de perdedor ante los aurinegros y encaminarse hacia la definición del torneo. La derrota revolverá el pasado, que no es halagüeño para JR.

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