22 de noviembre de 2011 17:18 hs

Desde aquel arranque inicial en 1996, cuando con una formación distinta tocaban en la Peatonal Sarandí hasta la noche de hoy, cuando el escenario principal del Teatro Solís los tenga como protagonistas, han pasado quince años. No es poca cosa.

Mario Gulla, uno de los miembros fundadores que todavía sostiene uno de los dos violines del cuarteto El Club de Tobi, habló con El Observador sobre esta década y media, sobre el presente y sobre un futuro cercano que tendrá mucha playa pero también algunos conciertos de verano.

En perspectiva, Gulla considera que el año bisagra para El Club de Tobi fue el 2000, como si el cambio de cifra hubiera afectado el rendimiento del grupo.

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“De la primera hora, del período anterior al 2000, tengo un recuerdo muy fluctuante. El Club de Tobi fue trío, después fue cuarteto, tenía guitarra, tuvo dos violonchelos. Fue un período fermental, pero el crecimiento se dio en 2000”, dice el violinista.

En 2001, Gulla recuerda que tocaron muchísimo, unos 400 shows aproximadamente. Dos de los reductos donde se podía escuchar al Club eran el Nat Capiloncho y La Buhardilla. Ninguno de los dos resistió el paso del tiempo, pero el cuarteto de cuerdas sí se mantiene vivo y en activo.

A medida que transcurrían los años, la banda se mezcló con proyectos teatrales que ayudaron en el crecimiento.
Para 2004 llegó la primera gira como grupo fuera del país. El Club de Tobi recorrió buena parte de Argentina, tocando en Buenos Aires, Córdoba, Rosario y otras ciudades. Esa relación con el país vecino les hizo grabar su último disco, Tobismo, en el estudio Casa de la Música, propiedad de Sony Music, en la provincia de San Luis. “El gobierno de Rodríguez Saa aplicó una exoneración de impuestos para cine y estudios de música, y por eso Sony se instaló allí”, explica Gulla.

Un año redondo
El balance del año 2011 para El Club de Tobi no puede tener más en el haber, afirma Gulla.
A principios de año realizaron el primer viaje largo como grupo, cuando visitaron Cuba. “Fue la primera vez que nos tomamos un avión como banda”, confiesa Gulla.

A la vuelta al país, hicieron una gira por el interior que los llevó a diferentes ciudades.
Luego vino el Premio Graffiti a mejor álbum instrumental. Hoy rematan los muebles con la presentación en el Solís, a partir de las 21 horas.

En el disco Tobismo hacen una serie de covers diversos, desde versiones de Charly García a Jorge Lazaroff, y de Edaurdo Mateo a Sumo, pero Gulla rechaza el término. “Preferimos la definición de ‘versión’. Somos un cuarteto de cuerdas: no tratamos de recrear. Le damos a las canciones nuestra impronta, con el mayor de los respetos”, dice el músico, que explica que a veces a los temas les dan un tratamiento de partitura, más rígido, y otras veces usan uno de rock and roll, con más espacio para la improvisación.

Gulla, hoy con 38 años e hijos, asegura para esta noche una puesta en escena muy cuidada y madura, y un buen video que acompaña todo el show. “Además, hay invitados sorpresa muy grossos”, concluye.

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