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El costo oculto del oro: defectos de nacimiento y daño cerebral

Ese es el legado del comercio de mercurio en Indonesia, un negocio ligado a la lucrativa e ilegal producción del metal precioso 

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14 de noviembre de 2019 a las 14:30

Por Richard C. Paddock

Cidahu, Indonesia — Miles de niños con defectos congénitos incapacitantes. Medio millón de personas envenenadas. Una sustancia química tóxica que se encuentra en el suministro de alimentos. Acusaciones sobre un encubrimiento del gobierno y policías que participaron en actos de corrupción.

Ese es el legado del comercio de mercurio en Indonesia, un negocio ligado a la lucrativa e ilegal producción de oro.

Según expertos en salud, más de cien naciones se han unido a una campaña mundial para reducir el comercio internacional de mercurio, un elemento tan tóxico que “no se conoce un nivel seguro de exposición”.

Pero ese esfuerzo ha fracasado en Indonesia, donde han surgido fabricantes ilícitos que trabajan en sus patios traseros para abastecer a los mineros ilegales y remplazar el mercurio que antes era importado desde el extranjero. Ahora, Indonesia produce tanto mercurio en el mercado negro que se ha convertido en un importante proveedor mundial, enviando miles de toneladas a otras partes del mundo de manera clandestina.

Según los registros judiciales, gran parte del mercurio se destina a la minería de oro en África y Asia, pasando por centros importantes como Dubái y Singapur, pero ese comercio tiene consecuencias mortales.

“Es una crisis de salud pública”, dijo Yuyun Ismawati, cofundadora de la Fundación Nexus3, un grupo ambiental indonesio, y ganadora del Premio Ambiental Goldman 2009. Ella ha pedido que se implemente una prohibición mundial del uso de mercurio en la minería aurífera.

Indonesia, la cuarta nación más poblada del mundo, destaca por la gran cantidad de mineros de oro que actúan fuera de la ley y por la preocupación de que algunos de los funcionarios encargados de vigilar el comercio —y hacer cumplir la ley— se están beneficiando con este.

Como cualquier otro, Cece Rifa’i, un exminero, es responsable del auge del mercurio en Indonesia y de la propagación del flagelo de la contaminación en todo el país. Pero no se arrepiente.

“No me siento culpable de nada”, dijo desde la terraza de su casa de dos pisos en la isla de Java.

Durante años, Cece fue el pionero de una red de productores, comerciantes y contrabandistas ilegales de mercurio que suministran esa sustancia para los mineros de oro de toda Indonesia, quienes la utilizan para extraer oro del mineral triturado.

En un solo día, con ayuda de un horno que construyó en su patio trasero, podía producir una tonelada de mercurio que, según él, vale más de US$ 20.000 en el mercado negro.

Durante décadas, Indonesia obtuvo legalmente la mayor parte de su mercurio de Estados Unidos y Europa. Pero al reconocer el daño que se estaba haciendo, los países occidentales comenzaron a reducir las exportaciones de mercurio hace seis años.

El comercio de mercurio es lucrativo, pero el negocio del oro que este respalda es mucho más rentable. Según algunas estimaciones, los mineros de Indonesia que se dedican a la explotación a pequeña escala producen hasta US$ 5.000 millones al año.

La pobreza está muy extendida en Indonesia y muchas personas, desempleadas y desesperadas, han acudido en masa a los yacimientos de oro.

Como mineros, a menudo viven fuera de la ley, cavando sin autorización en los territorios donde buscan el mineral o sin permisos del gobierno en parques nacionales y áreas protegidas.

Para extraer el oro, los mineros mezclan mercurio líquido con el mineral triturado. El oro del mineral se une al mercurio para producir una amalgama de metales. Los mineros calientan la mezcla con un soplete, evaporando el mercurio y dejando el oro.

A muchos mineros les gusta este método porque les da un rendimiento rápido.

Pero en las comunidades mineras, los niveles de mercurio que hay en el aire pueden ser peligrosamente altos. Los estudios muestran que las aguas residuales que contienen mercurio llegan a los campos, los arroyos y las bahías, contaminando el arroz, las frutas y los peces.

Según Yuyun, al menos desde 2012, los funcionarios gubernamentales han estado al tanto de los problemas de salud relacionados con el mercurio en los yacimientos de oro, pero no han advertido a los residentes sobre los peligros de consumir arroz y pescado que posiblemente esté contaminado.

El año pasado, el Ministerio de Medioambiente y Silvicultura de Indonesia realizó pruebas en siete comunidades mineras e identificó a 558 adultos y niños que presentaban altos niveles de mercurio, muchos de ellos con exposición severa. La muestra también encontró altos niveles en el arroz.

Sin embargo, el ministerio aún no ha notificado a las personas sobre los resultados de sus pruebas, ni ha emitido una advertencia pública debido a que temen provocar pánico por la inocuidad del suministro de alimentos.

“Ocultar deliberadamente los resultados condenatorios es un delito”, dijo Yuyun, el investigador principal de la minería a pequeña escala en la Red Internacional para la Eliminación de los Contaminantes. “Las personas están muriendo y tienen muy poco acceso a algún tratamiento eficaz. El gobierno tiene que detener el comercio de mercurio y limpiar el desastre”.

Los funcionarios del Ministerio de Medioambiente se negaron a ser entrevistados y no respondieron a preguntas por escrito.

Funcionarios de la oficina del presidente de Indonesia, Joko Widodo, reconocieron que la contaminación por mercurio es un problema grave y dijeron que se había emitido un plan de acción nacional que exige la limpieza de cuatro puntos de conflicto.

El presidente también ha ordenado a los comandantes policiales y militares que tomen medidas contra el personal que se encuentre involucrado en el comercio ilegal de metales. Las autoridades dijeron que no tenían conocimiento de alguien que se hubiera sometido a medidas disciplinarias. Portavoces de la policía nacional y el Ejército se negaron a ser entrevistados.

Las autoridades dicen que el público ha sido advertido sobre los peligros del mercurio, pero hay poca evidencia de esto en las zonas mineras. Muchos mineros insisten en que no es peligroso.

Es bien sabido que unos funcionarios corruptos desempeñan un papel en el comercio del oro y el mercurio, pero el gobierno rara vez hace algo al respecto.

Se dice que algunos miembros de la policía y el Ejército financian operaciones de extracción de oro, exigen pagos de extorsión a cambio de protección, supervisan sus propias minas y procuran el tránsito seguro del mercurio y el oro. Muchas de las toneladas de mercurio incautadas por la policía han desaparecido.

“Cuando fuimos al campo y hablamos con la gente de allí, admitieron que la policía les había dado el mercurio”, dijo Putu Selly Andayani, jefe de la Agencia de Comercio de la provincia de Nusa Tenggara Occidental. “Dijeron que la policía los ayudó a montar la extracción ilegal”.

En todo el país, los mineros trabajan con mercurio a la vista de todos sin temor a ser castigados. Las detenciones ocasionales de los trabajadores de hornos y contrabandistas apenas han afectado el suministro.

Al igual que los laboratorios de metanfetamina en las zonas rurales de América, la destilación de mercurio a menudo sucede en áreas remotas, lejos de las miradas indiscretas.

Cece, de 64 años, el prolífico productor de mercurio, comenzó a extraer oro cuando era joven.

En 2010, cuando la minería ilegal creció, dijo que comenzó a buscar cinabrio, el mineral a partir del cual se produce el mercurio líquido.

Inspirado por sus años de vaporización de mercurio con soplete, construyó un horno de hormigón simple con una trinchera estrecha en el centro para el fuego, cubos de acero para calentar el mineral rojizo y accesorios para almacenar el mercurio a medida que se enfriaba y licuaba.

Su hogar en Sukabumi Regency, en el oeste de Java, es un lugar poco probable para esta industria establecida en los patios traseros. Se trata de una pintoresca zona de arrozales y pueblos sencillos, no hay ningún mineral de cinabrio ni una carretera cercana. Ni siquiera hay un camino a la casa de Cece en el pueblo de Cidahu.

Pero en su patio, Cece construyó un horno tan grande que podría producir una tonelada de mercurio en 24 horas.

Montó un sistema para que le enviaran cinabrio desde islas distantes, a menudo utilizando servicios de mensajería exprés.

Contrató a hombres locales a los que define como “atracadores, ladrones y sicarios”, para que trabajaran con el horno.

Oficiales de la policía local y funcionarios de salud lo visitaban con frecuencia, y a veces tomaban muestras de agua. En cada visita, dijo, les daba “dinero de bolsillo”.

Los inspectores no reportaron haber detectado problemas de salud.

 

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