Opinión > EDITORIAL

El covid-19 en una región frágil

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04 de diciembre de 2020 a las 22:18

Los principales países de América Latina se ubican hoy entre los peores lugares para vivir como consecuencia del avance de la pandemia del covid-19, un mal con la fuerza para provocar un daño prolongado en la región y dejar profundas heridas en toda una generación. 

En la historia reciente, América Latina se ha ganado el calificativo de inhóspita por eventos disruptivos como golpes de Estado, instituciones débiles e inestabilidad política, crisis económicas y financieras, y un alto índice de violencia que permanece nítido en su radiografía social signada por la discriminación y falta de cohesión.

Hubo un halo de esperanza en la primera década larga de 2000, por una mejora de las condiciones de vida, gracias a los precios altos de los commodities. Pero luego, la región empezó un lento pero persistente declive económico y social por la falta de reformas de fondo, mientras caían los ingresos de las exportaciones. 

Cambios en los ciclos económicos, o situaciones de crisis como el covid-19, se gestionan mejor con instituciones robustas y un firme Estado de derecho; y se pueden enfrentar dignamente con buenos índices de productividad y alta calidad de los recursos humanos. Muy poco se hizo al respecto durante el buen amanecer del siglo XXI.

La región quedó sumida en las peores condiciones para enfrentar y resistir a un enemigo tan dañino como silencioso. Es por eso que en el Ranking de resiliencia del covid-19, de la agencia Bloomberg, de noviembre pasado, los cuatro países más importantes de América Latina se ubican entre los peores lugares para vivir. 
El estudio, encabezado por Nueva Zelanda, seguido por Japón, Taiwán, Corea del Sur y Finlandia, evalúa diferentes indicadores como crecimiento de los casos, tasa de mortalidad, capacidades de prueba, acuerdos de suministro de vacunas, capacidad del sistema de salud, impacto de las restricciones y libertad de movimiento. 

En una lista de 53 países, que incluye a economías de más de US$ 200 mil millones, Brasil ocupa el puesto 37, seguido por Chile (38), Colombia (48), Perú (51), Argentina (52) y México (53). 

El mal desempeño obedece a la falta de capacidad para realizar análisis clínicos, así como carencias en la infraestructura médica. A ello se suma, débiles redes de seguridad social y de los sistemas de salud, dos problemas comunes en el grueso de los países latinoamericanos. 

El Fondo Monetario Internacional asegura que, en comparación con otras regiones, más gente trabaja en actividades que exigen proximidad física y hay menos teletrabajo. 

Además, juega en contra, la extendida urbanización con importantes sectores sociales que viven en condiciones de hacinamiento que hace muy difícil el distanciamiento social. 

La economía informal está muy extendida y muchas familias no están en condiciones de permanecer en su casa.   

Una huella de la desigualdad está también en la enseñanza: alumnos sin internet o poca conectividad en el hogar e incluso sin computadoras, que terminan abandonando el sistema educativo.

Si el declive económico antes del covid-19 pudo haber significado el comienzo de otra década perdida, la pandemia supondrá una desdicha mucho peor. Tiene todo el potencial para hacerse sentir, de uno u otro modo, durante muchos más años que serán decisivos para el destino de una generación.

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