1 de septiembre de 2011 19:00 hs

Estados Unidos se está quedando sin maíz, a pesar de ser por lejos el principal productor y exportador mundial. Sus reservas en 2012 se acercarán al cero. Una situación insólita y una señal fuerte para el Mercosur que está empezando a sembrar. Los datos surgidos desde EEUU esta semana fueron confirmatorios de que habrá una escasez sin precedentes el año que viene.

Algo que se venía venir desde hace tiempo, pero que había tenido un momento peculiar cuando hace dos meses un informe del Departamento de Agricultura de EEUU pronosticó una gigantesca cosecha local que aliviaría los temores y lograría abastecer tanto a ganaderos como a las refinerías de etanol y las fábricass de edulcorantes. Esa proyección, que en el sector privado fue recibida con dudas, logró anestesiar los precios hasta los primeros días de agosto.

En ese entonces, el escepticismo de los privados respecto al pronóstico oficial empezó a convertirse en la certeza de que la cosecha estadounidense de maíz será mediocre. Es el peor cultivo de los últimos cinco años. Y la demanda por maíz para etanol es el doble que hace cinco años.

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Las refinerías demandarán 60 millones de toneladas más que cinco años atrás. La producción de etanol arrasará las existencias de maíz almacenado y eso marcará el final de una etapa de 10 años en la agricultura y la política energética de EEUU. Algo no puede continuar como hasta ahora.

El uso de maíz para combustible provocó una expansión muy fuerte del área de maíz, que este año será la segunda mayor de la historia. Para eso es necesaria una reducción de los cultivos competitivos (soja, trigo y algo de arroz).

Pero aún así, el desbalance persiste y las reservas a mediados de 2012 serán casi cero, lo que lleva a que los precios actuales del cereal sean récord y tengan margen para seguir subiendo. Setiembre es el mes de cosecha y allí se verá finalmente cuán grave es el daño.

Siempre se supo que la lógica de usar cada vez más alcohol en la mezcla con naftas era difícil de sostener. Pero en 2011, tras una sucesión de años en los que las reservas iban bajando, las alarmas sonaron temprano. Lo tardío de la siembra, lo caluroso de julio y agosto en EEUU y, para agregar la gota que colma el vaso, el efecto en algunas zonas maiceras del huracán Irene, han barrido con las pocas esperanzas que quedaban de que el cultivo de este año pudiera detener una dramática tendencia a la escasez y la escalada de precios.

El proceso podría decirse que tuvo un antes y un después en el atentado de las torres gemelas en 2001. La lógica respuesta estadounidense fue sustituir derivados del petróleo por etanol. Darle menos dinero a los agresivos islámicos y más a los farmers locales.

En aquel entonces el mercado maicero estadounidense estaba balanceado. Una producción de 250 millones de toneladas se repartía entre 150 millones que se usaban para raciones, 50 millones se industrializaban para alcohol y azúcar y otras 50 millones de toneladas se exportaban. EEUU contaba además con un respaldo de 48 millones de toneladas en reserva. El equilibrio se lograba plantando 29 millones de hectáreas.

Diez años después, la siembra se ha expandido en cinco millones de hectáreas, a 34 millones de ha, la producción se ubicará en unos 315 millones de toneladas. El rendimiento no ha cambiado demasiado: 9.500 kilos por ha. Pero el uso ha cambiado en forma marcada.

El maíz para ración cayó en 30 millones de toneladas, a 120 millones. El alto precio va reduciendo la población de vacunos y cerdos. El uso industrial –básicamente etanol– más que se triplicó, de 50 a 165 millones de toneladas; las exportaciones se reducen más de 10%, a 44 millones de toneladas.

Pero el dato clave es el del stock y su achicamiento de 48 millones de toneladas a menos de 10 millones, que será lo que incluso oficialmente se terminará admitiendo. Como proporción del consumo las reservas se irán tal vez a menos de 5%.

Por eso los precios vuelan. La semana pasada el maíz alcanzó los US$ 300 en Chicago para la posición de mayo 2012, la que coincide con la cosecha uruguaya. Esta semana el precio siguió subiendo y tiene margen para seguir haciéndolo. La gira de la empresa Profarmer y el informe semanal de estado de los cultivos del USDA confirmaron que las chacras están deterioradas en una muy alta proporción.

Tras superar los 10 mil kilos por hectárea en la cosecha 2009, el cultivo maicero estadounidense sumará dos años de rendimientos mediocres para lo que son sus estándares. El año pasado la productividad promedio fue de 9.500 kilos. Y en este año podría caer a 9.200 kilos. ¿Es sólo mala suerte en relación al clima? ¿Se trata de manifestaciones del cambio climático? La polémica atravesará incluso la campaña electoral estadounidense en 2012.

Los termómetros marcan que para el cinturón maicero ha sido el verano más caliente en EEUU desde 1955. En consecuencia hay 44% del maíz que está en un estado de mediocre a desastrozo. Y ese porcentaje ha venido creciendo semana tras semana.

Para cerrar el círculo, el paso de Irene trajo algún daño adicional, que bien puede llamarse la gota que colma el vaso. Si el rendimiento cae a un promedio de 9.200 y se pierde parte de área de cosecha, el abastecimiento puede colapsar.

Esta semana se conocieron los resultados de la gira que organiza la empresa ProFarmer, que divulgó estimaciones que recortaron marcadamente las proyecciones del USDA de agosto y encendieron nuevas alarmas. La producción no sería de 328 millones de toneladas como se estima desde el gobierno sino 317 millones, y eso en caso de que se logre cosechar toda el área sembrada. Y esos nueve millones de toneladas menos hacen una diferencia importante porque las reservas que quedarán no serán 18 millones de toneladas sino apenas entre 6 y 9 millones.

Será necesario racionar el consumo. Pero esa no es una tarea fácil. El etanol es muy bien recibido por los automovilistas, tiene un precio muy alto y las empresas alcoholeras están funcionando con solidez desde datos genuinos del mercado. Puede sobrevivir sin subsidios. Por el lado de las raciones, la demanda también es intensa.

La ganadería está ante una brutal sequía en el sur, Texas, Oklahoma sin lluvias desde octubre, el precio de los fardos de alfalfa es el más alto de la historia y, en consecuencia, hay una cantidad enorme de ganado que tiene que ser sustentado a grano. El último dato de ganado en feedlot marcó un fuerte ascenso en los animales ingresados. Entonces, ajustar la demanda tampoco resultará fácil.

La consecuencia será la persistencia de los precios más altos de la historia, casi podría arriesgarse que aún en un escenario de recesión mundial. Las restricciones en la oferta de carne sostendrán los precios del novillo de EEUU en 2012 y la oferta de etanol para el parque automotriz no podrá seguir creciendo. El año que viene mostrará el esfuerzo por reconstruir el rodeo tras una liquidación ganadera muy fuerte y la llegada a un techo en la producción alcoholera estadounidense.

Pero las consecuencias del colapso de las reservas de maíz trascienden largamente las fronteras estadounidenses. El alto precio del grano significa un alto costo para la alimentación animal en general, pero mucho más en los sistemas que no son pastoriles. Y por lo tanto significará un alto precio para la carne y una situación desafiante para los lácteos, porque si bajara el precio internacional dejaría de ser rentable la producción lechera estabulada.

Aquí en Uruguay está por empezar la siembra del cultivo más valorizado de la historia. Nunca hubo US$ 300 asegurado por la tonelada de maíz antes de sembrar. En esta semana se acercó mucho lo ofrecido a los productores a esa referencia.

Eso genera otras consecuencias. El maíz se ha vuelto rentable respecto a la soja y así es posible que en los países vecinos la expansión maicera se haga en parte desplazando a la oleaginosa. Los tiempos de la hegemonía indiscutible del yuyo han terminado. El paradigma de un EEUU maicero y un Mercosur sojero puede empezar a cambiar en esta primavera.

Para Uruguay puede significar un nuevo intento de insertar al cereal en el portafolio cada vez más robusto de exportaciones agrícolas.


Habrá un leve crecimiento
El gobierno brasileño anunció esta semana que bajará la mezcla de alcohol en naftas de 25% a 20% a partir del 1º de octubre para tratar de contener la suba de precios del combustible y prevenir desabastecimientos. “Hay que garantizar el abastecimiento para este año y para el próximo. Sabemos que la zafra de caña del año próximo será mucho mejor que la actual”, explicó el ministro de Industria y Minas, Edison Lobao, al salir de la reunión en la que fue decidida la primera baja en décadas en el uso obligatorio de alcohol en Brasil. De dicha reunión participó la presidenta Dilma Rousseff, el ministro de Hacienda, Guido Mantega, y el de Agricultura, Mendes Ribeiro.

Aquí hay otra causa del furor estadounidense por el maíz. Brasil se tornó un fuerte importador de etanol estadounidense. Además, en Brasil, en plena zafra de cosecha de caña, el precio del etanol marcó un récord. Mientras en EEUU el litro de alcohol al consumidor está en US$ 0,75 por litro, en Brasil, a la salida de la fábrica, el litro está en US$ 0,87, el precio más alto de la historia. Un aspecto de la crisis energética que favorece a la agricultura, pero también le asegura que los altos costos llegan para quedarse.

Las señales para el maíz son claras, pero eso no determinará un aumento fuerte en el área uruguaya. La condición de relativamente marginal como país agrícola, los altos costos y riesgos que tiene el cultivo y los peligros de una posible Niña llevan a que los agricultores mantengan una actitud de apuesta cautelosa. El área crecerá pero en forma modesta, como también pasará con la soja. En la medida en que precios de US$ 300 por tonelada se mantengan, cabe esperar una fuerte expansión del riego. Hay varias opciones de acuerdo a la magnitud de la inversión que se quiera hacer, pero en cualquier caso asegurar 8.000 kilos de maíz implica generar una facturación de US$ 2.500 por hectárea con un nivel razonablemente bajo de riesgo.

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