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El debate acompañado de jóvenes blancos y en la Huella de Seregni

Los militantes vieron a sus candidatos entre autocríticas y aplausos

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01 de octubre de 2019 a las 23:22

Por Joaquín Silva y Agustín Herrero

Javier Miranda hablaba por teléfono sonriendo. Hacía bromas, se mostraba de buen humor y se paseaba entre las sillas y mesas, que los jóvenes del Frente Amplio (FA) empujaban hacia adelante a medida que la sala se llenaba. El ambiente en el segundo piso de la sede del partido de gobierno era de optimismo. 

En la sede de los jóvenes de la lista 40 (PN) los nervios se mezclaban con la alegría. “Va a cancherear en algún momento y se va a entreverar”, pronosticaba el más escéptico de un pequeño grupo que conversaba sobre qué cosas debía decir su candidato, Luis Lacalle Pou.

“¿Vos sos del Partido Nacional o qué sos?”, le cuestionó una chica. “Yo recontra soy del Partido Nacional y justamente por eso conozco a Luis Lacalle”, respondió el joven antes de decir que, para un debate, tenía más confianza en la candidata blanca a la vicepresidencia, Beatriz Argimón.

Pero las especulaciones llegaron a su fin cuando Daniel Castro y Andrés Danza aparecieron en pantalla y los aplausos acompañaron el inicio del primer debate entre presidenciables luego de 25 años.   

Cuando Daniel Martínez comenzó, el auditorio en la Huella de Seregni quedó en silencio: los mates se dejaban con lentitud casi estática en las mesas. Había quien tenía las manos juntas o se mordía las uñas. Luego de algunos furcios se escuchó algún murmullo, que fueron creciendo hasta que apareció el primer aplauso con un tímido “¡vamos!”. Fue cuando presidenciable de la coalición de izquierda terminó el primer minuto de exposición del primer bloque del debate que se centró en la economía.

"¡Ay Dios!", se quejó una joven nacionalista, acompañada por el suspiro de muchos, cuando Martínez, en el comienzo de su discurso, habló del pasado e hizo mención a la crisis de 2002. “Economía, economía”, le indicaban al frenteamplista cuando, por un momento, dejó de hablar del tema indicado, como si el candidato pudiera oírles. 

Cuando fue el turno de Lacalle Pou y al candidato blanco lanzó uno de sus argumentos más pesados –el incumplimiento de la promesa del FA de no subir impuestos– los jóvenes oficialistas –que eran mayoría– empezaron a silbar al contrincante. “Cómo no van a haber impuestos”, comentó por lo bajo una militante. Y luego otra lanzó a la pantalla: “¡Tirate una propuesta, Luis!”.

Los aplausos, silbidos y risas de festejo coparon la sala cuando Martínez recurrió a una asociación muy recurrente en las últimas semanas de campaña: comparar la oposición con el gobierno argentino de Mauricio Macri y su calificación de “catástrofe”.

“Pffff”, “ahhhh”, respondían a esa comparación de Martínez desde la Rambla y Solano García, donde los blancos se juntan semana a semana. En esa misma esquina, al terminar el primer bloque, una ola de entusiasmo se apoderó del local. "Ganamos el debate", gritó uno, aunque los cruces recién comenzaban. Los aplausos acompañaron la pausa y dieron comienzo al tiempo de análisis.

Los jóvenes blancos parecían coincidir en una misma opinión: habían “ganado” en el primer bloque pero podrían “haber ganado mucho más”. Reclamaron que su candidato no mencionó con vehemencia el déficit fiscal y aunque destacaban que Lacalle Pou “pegó”, decían que podía “pegar más”.

"Che, ¿qué es de la vida de Talvi?", bromeó uno en alusión al candidato del Partido Colorado que no participó del debate y acusó a los medios de comunicación de ser “socios” de una “proscripción” de su partido. Las risas llegaron enseguida.

Para el comienzo del segundo bloque los jóvenes rompieron filas y la mitad de ellos, ahora, lo miraban parados y comiendo pizzas. Mientras los candidatos hablaban, los militantes trataban de mantener silencio aunque a veces no se contenían.  "Sacá del medio Martínez", gritó uno cuando terminó la primera intervención sobre seguridad.

En la Huella de Seregni primó la atención silenciosa en esta parte. Hubo un leve reclamo cuando Lacalle Pou prometió que si es electo presidente la “policía irá hacia adelante” y que no retrocederá para evitar “daños mayores” cuando lo hace ahora, según el candidato blanco. Pero la alocución del exintendente de Montevideo fue poco celebrada, e incluso se llegó a escuchar este reclamo, de parte de una joven militante: “Un poco de agresividad, Martínez”.

“Qué pesado con la humildad”, se quejó una joven nacionalista cuando el oficialista reiteró el comentario de que “la soberbia es mala consejera”. 

El encuentro en la Huella 

Cuando Daniel Martínez anunció que Gustavo Leal –hasta ahora el vocero de seguridad del oficialismo– sería su ministro del Interior en caso de ganar las elecciones, en la sede del FA la reacción fue como la celebración de un tanto de básquetbol: aplausos contenidos y rápida ovación. El grito fue más extenso unos segundos después, cuando Martínez le dijo a Lacalle Pou que sus propuestas en materia de seguridad -con el fortalecimiento de las comisarías entre sus principales puntos- planteaban “volver a la roca del fax”.

A partir de ese punto, casi no hubo festejos. Se entendió que en el tercer bloque –dedicado al desarrollo humano– Martínez no tuvo un buen desempeño. “Acá perdimos”, le dijo una mujer a Federico Graña, actual director nacional de Promoción Sociocultural del Ministerio de Desarrollo Social.

Los aplausos, así como dieron comienzo al debate, también pusieron el sello final. Algunos jóvenes de la lista 40, aunque entendían que su candidato había salido triunfador, se quejaban porque abundaron las críticas pero “faltaron ideas”. Otros, por el contrario, criticaban tibieza en el mensaje final. 

“Pone Boca - River”, gritó otro y la política quedó a segundo plano. El postdebate del programa Séptimo Día se fue enseguida de la pantalla y ahora el debate entre los jóvenes blancos era sobre fútbol argentino. 

En la Huella, en tanto, todavía había tiempo para gritos y algarabía. Miranda, presidente del FA, fue el primero en recibir a la fórmula: la candidata a vice, Graciela Villar, se bajó unos segundos antes de la camioneta, y luego lo hizo Martínez: ambos se fundieron en un abrazo con Miranda y subieron las escaleras, mientras el candidato decía a los que estaban más cerca que lo emocionaba sentir “la fuerza” que representa su partido.

Arriba, en la sala, sonaba a todo volumen el jingle de campaña –“Somos la Ola Esperanza"– y ambos se mezclaron con los militantes. Saltaron y cantaron hasta que los micrófonos de los medios encerraron al candidato para que brindara sus primeras impresiones. Dijo, entre otras cosas, que estaba “tranquilo”, que estaba satisfecho con lo realizado, y que si había habido un ganador lo iba a “decidir la gente” en las urnas.

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