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El día que Julio Ribas llevó tarántulas a la concentración

El Topo lleva 20 años en la utilería de Liverpool, un club del que es hincha, por el cual lloró y en el que tiene miles de cuentos

El Topo Álvaro Pérez lleva 20 años en Liverpool<br>
La campana que tocaba Julio Ribas cuando se despertaba a las 6 de la mañana<br>
Las canilleras de Nico De la Cruz y los guantes de Guillermo De Amores<br>
El Boya Pereira reveló que el Topo lo llevó a Liverpool<br>
En plena tarea marcando la cancha<br>
El Topo inició su camino en las juveniles donde conoció de chico a Nico De la Cruz<br>
El plantel se prestó para la foto con el utilero<br>
El vestuario de Lomas de Zamora<br>
El parrillero de Lomas donde el Topo canta y pone la música<br>
La capilla que está en Lomas de Zamora donde rezaba Soria<br>
Las vírgenes que llevó Ribas para la capilla<br>

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26 de junio de 2017 a las 05:00

Con Julio Ribas tengo mil... Un día de verano volvíamos de Melilla, luego de entrenar, y veníamos por Redención. De repente pasan por la calle tres tarántulas del tamaño de mi mano. Y Julio me dice, '¡mirá Topo, pal que se porte mal!'. En Lomas (lugar de entrenamiento y concentración de Liverpool) tenemos un sótano. Y Julio me dice, "vamos a llevarlas y las dejamos en el sótano. El que se porte mal lo encerramos en el sótano con las tarántulas". ¡Y paró el ómnibus! Le dijo al chofer que pare. Y me dice: 'dale Topo, andá a agarrarlas'. Yo quedé helado: 'para Julio, no seas malo, yo hago cualquier cosa pero no me voy a bajar para agarrar la tarántulas esas'. Se dio vuelta y le gritó al Bomba Cáceres que era su ayudante. Se bajó, agarró una botella de plástico, la rompió, y las metió adentro. Y allá nos fuimos para Lomas con las tarántulas. Yo no lo podía creer. Después las tiró. Pero siempre andaba diciendo que iba a mandar a los jugadores al sótano".

Álvaro Mario Pérez Juárez, el Topo, despilfarra felicidad. Un personaje dentro de la historia de Liverpool. De los anónimos. Si usted va a una cancha es sencillo de identificar. Anda siempre al trote, no parece que tuviera 55 años.

Hincha de Liverpul (así le dice, como los viejos habitantes de Belvedere) lleva 20 años al club. Llegó a la utilería del club en febrero de 1997 de la mano del extécnico del club Juan Tejera.
Desde ese día, el Topo entendió que había una sola forma de ejercer su función.
"Yo siempre vengo con buena onda porque como digo siempre, problemas tenemos todos, pero del portón para afuera porque vos acá no podés tener problemas porque ellos también tienen problemas y tenés que estar de buen ánimo, siempre bien, para las comidas, siempre dispuesto y positivo porque se trata de eso".

En su recorrido se encontró con entrenadores de diferentes características, jugadores a los que vio nacer en el club, y hasta los cracks que no llegaron.
Pero su libro de anécdotas se abre con un personaje como Julio Ribas. "El primer día que vino me hizo poner un cartel acá que decía: ¡Bienvenidos Gladiadores! Lo mandamos a hacer y lo pusimos arriba, en la entrada a la concentración", recuerda el Topo.

Y pasa de una historia a la otra sin pausa. "Tenía un perro que se llamaba Garfio y cuando venían los de la prensa Julio le decía: '¡Ataque Garfio!' Era enorme el perro, pero era un nabo (risas). Se quedaba quietito y pedía permiso para ladrar y Julio quería asustar a los periodistas con el perro".

"Tenía locuras que eran increíble", acota. Y cuenta: "En Belvedere, entrábamos con siete u ocho pelotas a la cancha pero pobre de mí si metías un gol y había más de una pelota. Se armaba un lío. Me puteaba todo. Me las hacía esconder atrás de los carteles. El loco se había mandado construir unos carteles de madera para que, cuando hacíamos un gol, yo entrara a esconder las pelotas atrás de los carteles".
"Después, cuando venía algún jugador con algún sobrenombre que no le gustaba se lo hacía cambiar. Una vuelta viene uno de Colonia, Luis Martínez. Desde chiquito le decían Cuchi. Y un día viene Julio y le pregunta: ¿A usted cómo le dicen? ¿Cuchi? Y Julio empezó: Vení Cuchi, pasala Cuchi, pegale Cuchi. ¡No! ¡Cuchillo! ¡Cuchillo te tienen que decir! Y le quedó ese sobrenombre".

Cuando se le pregunta si Ribas lo sorprendió con algún regalo, se le ilumina la cara, sonríe, y responde: "ah sí, esta es mortal".
Y pasa a narrar lo que le sucedió: "Año 2002, él recién había venido. No había empezado el campeonato y dice este año vamos a subir. Viene a hablar conmigo y me pregunta: 'Topo, ¿qué querés qué te regale?'.

A mí me encantan las motos, entonces le dije: "Una Honda 400". Terrible moto. Y quedó por esa. Pasó el año, pasó el campeonato. Y al poco tiempo de subir me pregunta: ¿qué me habías pedido vos? Y le digo: una Honda 400, Julio. Me miró y me dijo: 'Bueno, vamos a ver, vamos a ver si conseguimos alguna que esté bien'.

Un día leo en un diario que acá cerca había una Honda 400 en venta. La fui a ver. Estaba divina. Y le digo al dueño, ¿no me prestás la moto? Voy hasta Lomas de Zamora y vengo. Estábamos concentrados. Y me le aparezco en la moto haciendo rugir el motor. ¿Qué hacés vos arriba de eso?, me pregunta. "Julio, ¿usted no me dijo que si salimos campeones me iba a regalar una Honda 400? Podrán creer que fue a hablar con tipo, le hizo una entrega de dinero, el resto lo pagó en cuotas, y me la compró. Fue el mejor regalo".

El Topo cuenta que luego estuvo tres años con Eduardo Favaro. "Ahí hice mi primer viaje por la Sudamericana. En Perú me quería morir. Le tengo terror a los aviones y mi primer viaje fue horrible porque fueron tres aviones. Y el último, de Lima a Cusco, era una avioneta que se movía como loco. Yo miraba y se veía la montaña y me dice un jugador que el avión se tenía que meter entre medios de esas montañas. Me llevé un susto. Fue horrible. Llegamos y un loco allá me dijo no corras que te morís con la altura. Cuando me dijo me cagué. No me ahogué pero psicológicamente te mata porque hasta en el hotel estan los tanques de oxigeno".

El Topo respira Liverpool. Dice que, pese a que siempre trasmite onda, vivió de las otras. No oculta su sentimiento: "Yo lloré por Liverpul (sic). Cuando descendimos en el centenario del club lloré como un loco en el vestuario".

Anecdotario

Ribas se tiraba en la piscina en invierno

El Topo contó que Julio Ribas, en su paso por la institución, tenía salidas inesperadas. "Estaba loco de verdad (dice a las risas), en invierno se tiraba en la piscina. Y algún que otro jugador se tiró con él. Pero ojo, un fenómeno, nos fue muy bien con Julio. Bajamos en el 2000, en 2001 no pudimos subir con Krasouski. En 2002 vino Julio y él mismo año nos subió a Primera. No perdía, estuvo 33 partidos invicto. Fue impresionante".

La camiseta 13 de Damián Macaluso

Alejandro cuenta que vio la not del utilero de Juventud de Las Piedras, Esteban Pérez, donde contó que Damián Macaluso pedía jugar con la camiseta número 13. Y recordó: "Cuando vino el Maca me dijo lo mismo que contó el utilero de Juventud, que sin la 13 no jugaba. Entonces le digo, mirá Maca acá la 13 la tiene el Queque Almeida. Andá y arreglá con él. Yo me lavo las manos. Al final terminó jugando con la 31, al revés".

El recuerdo de sus ídolos de tribuna

"Yo iba a ver a Liverpool desde siempre. Me acuerdo de Denis Milar, Saúl Rivero, el Chiche González, José Maldonado, Bertocchi, eran terribles jugadores. Belvedere no es lo que es ahora, no estaba tan bien la cancha, pero esos jugadores jugaban en cualquier lado. Yo por ejemplo veo a Saúl ahora en la tribuna o al Tano Bertocchi que vive en el Paso de la Arena, y digo 'pensar que este loco es ídolo mío'. Yo les pedía autógrafos", contó el Topo.

Lío con Gustavo Méndez

"A un juez le pegué una piña en la cabeza, fue a Gustavo Méndez. Estábamos para bajar y jugamos en Rivera (pah capaz que quedo pegado diciendo esto acota y sonríe con su habitual buen humor). En pleno partido en el Paiva Olivera nos mató, le cobró un técnico a Nico Bigliantti. El Canario dijo dejala y le cobró técnico. Perdimos 1 a 0. Termina y cuando el loco va bajando por el túnel le tiré una piña y el Patón Quiñones me empujó hacia atrás. Fue la impotencia porque me arrepentí siempre".

Creyentes

En Lomas de Zamora hay una capilla de piedra enorme. "Los más creyentes eran Sebastián Soria y el Polaco Sergio Martínez, el golero, ellos dos eran muy religiosos y entonces iban a la capillita siempre a rezar. Iban de mañana con el mate. Hay dos vírgenes que las llevó Julio Ribas que era creyente".

Descubrió al Boya Pereira

Boya Pereira interviene en la nota y dice: "Gracias a él jugué al fútbol. Yo jugaba en el barrio y en el año 96 me fue a buscar a mi casa para que fuera a entrenar a Liverpool y gracias a él hice mi carrera. Mis primeros zapatos de fútbol me los consiguió el Topo, se los pidió a un jugador".

Los cracks de Belvedere

El utilero de Liverpool dice que "por este vestuario pasaron varios fenómenos. El Ruso Carlitos Macchi era capitán y era muy positivo. Tuvimos referentes muy buenos como Papa Pezzolano, el Emi Alfaro, Andrés Rodales. A Nico de la Cruz lo conozco desde Séptima, aparte es hermano del Pato Sánchez que lo tuve acá. Salieron buenos jugadores de abajo. Soria, otro jugador de novela. Elías Figueroa que no tuvo suerte".

Los tapones de Bava

El Topo comparte la utilería con Alejandro, conocido por Tribi, que contó que el golero Jorge Bava "era bravo con los tapones. Tenías que estar atento porque te salía a calentar con unos tapones y luego jugaba con otros y tenías que cambiárselos en 10 minutos".

Nico De la Cruz a los 13 años

Tribi muestras las canilleras de Nico De la Cruz y recuerda: "Una vez fuimos a jugar a Florida con una preséptima. Nico tendría 13 años. Nos quedamos en el estadio 10 de Julio. Era imposible dormir esa noche, se pasó haciendo bromas".

La campana

"Cuando hacíamos doble horario o en las pretemporadas Julio se levantaba a las 6 de la mañana vestido con un mameluco de obrero y tocaba la campaña y gritaba: ¡Vamos, vamos! ¡A levantarse que hay que empezar a trabajar!".

El Topo, un tipo querido y servicial

Daniel "Boya" Pereira, exjugador del club le cuenta a Referí: "El Topo es un fenómeno, un hincha a muerte del club, al que lo vi llorar por la camiseta. Todos los que pasaron por acá lo quieren. Técnicos, funcionarios, jugadores, es un tipo muy querido, sin maldad. Vos le decís, 'Topo andá hasta acá a Luis Batlle Berres, que queda a tres kilómetros, y tráeme un paquete de chiclets' y él te va corriendo, no tiene problemas. Es muy servicial". Siempre anda al trote.


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