Venecia se deshace de los barcos de crucero, Barcelona controla los alquileres y Dubrovnik impone cuotas de visitantes. Frente a la plaga del "turismo excesivo", los profesionales del sector analizaron soluciones urgentes durante la Feria de Turismo de Berlín (ITB).
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undefined undefined Y las primeras consecuencias o medidas no han tardado en caer: en Tailandia, los corales de la célebre Maya Bay no han sobrevivido a los bañistas y el lugar está amenazado de cierre. En Bután el gobierno impone cuotas y en Dubrovnik el alcalde impide que ingresen al recinto de la ciudad histórica más de 8.000 personas por día.
"Se habla mucho hoy de 'turismo excesivo', pues ha aumentado en varios destinos, principalmente debido a los cruceros", explica a la AFP el profesor de economía del turismo Torsten Kirstges, que cita el caso de Mallorca, donde pueden desembarcar "cinco barcos de 4.000 pasajeros que acostan al mismo tiempo para visitar la catedral".
El sector vislumbra al menos cuatro pistas para asegurarse de que el turismo no se autodestruirá: la más evidente, y la más positiva para las economías locales, es repartir mejor el flujo de visitantes.
Por ejemplo, Venecia –con 265 mil habitantes frente a 24 millones de visitantes anuales– limita el acceso de su laguna a los inmensos barcos de crucero.
"Siempre son los mismos tours, siempre los mismos lugares... En México, la gente solo pensaba en Cancún, pero finalmente conseguimos llevarlos a la ruta de los mayas", explica en el ITB Gloria Guevara, presidenta de la federación internacional del turismo (WTTC).
Otra solución es incidir en los precios para disuadir. La torre Eiffel financió sus obras de renovación aumentando 50% su billete de entrada. Su gemela de Dubái, la inmensa torre Burj Jalifa, propone cuatro tarifas diferentes según la hora de la jornada. La más cara es al caer el sol.