Opinión > EDITORIAL

El drama de la educación

Una sociedad fragmentada hace que la educación esté dividida en dos: una para ricos y otra para pobres 

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10 de enero de 2019 a las 05:00

El 14% de los escolares de segundo año no lee o solo reconoce algunas letras. Y el 23% no escribe o no lo hace bien. Eso sucede en Uruguay y no es broma: los desalentadores datos fueron publicados esta semana por El Observador y surgen de las evaluaciones LEO, realizadas en julio de 2018, sobre los conocimientos de los niños en habilidades referentes a la Lectura, Oralidad y Escritura.
Si uno analiza las conclusiones de estos informes, la primera pregunta que se hace es cómo es posible que estos niños hayan llegado a segundo año en sus escuelas. Respecto a la oralización de la lectura, el 1% se encuentra en el nivel 1, lo que significa que no logra leer el texto que se le presenta. El 13% se encuentra en el nivel 2: reconoce solo algunas letras. Generalmente se trata de las letras que están en su nombre y lee deletreando sin lograr unir las palabras. 

El 32%, en tanto, lee silabeando palabras o frases. El 42% de los alumnos de segundo sí logra leer gran parte del texto en forma unida, pero solo el 12% lo hace con la entonación adecuada.

Los resultados en cuanto a la escritura son igual de preocupantes. El 8% de los escolares está en segundo año pero “no produce un texto verbal escrito”, esto es, no logra escribir un texto y solo se manifiesta mediante el dibujo; mientras que el 15% lo hace de forma “incipiente”. 
La directora general de Primaria, Irupé Buzzeti, admitió hace unos días a Subrayado: “Hay 11% de los niños que no están  leyendo en segundo año y si yo sumo esto al 10,5% que no están leyendo y que quedaron repetidores, mi pregunta es, ¿no será que este 10,5% no tendría que estar con los otros y poder trabajar juntos, con maestros de apoyo y maestros comunitarios?”. 

Lo cierto es que estos indicadores muestran en forma nítida que hay niños que están en segundo año pero no tienen las habilidades que deberían. ¿No es mejor que sus maestras o maestros los hubieran hecho repetir primer año? 

¿Y cómo se vinculan estos datos con otros sobre la repetición que se conocieron a fin de 2018 y que fueron celebrados como un gol en la hora por las autoridades de Primaria? 

Resulta que en 2018 solo repitió el 3,81 % de los 233.586 escolares que cursaron en las escuelas públicas. Son 9.250 niños y conforma el registro más bajo de la historia. “Papá Noel vino generoso este año”, dijo satisfecho el consejero de Primaria, Héctor Florit, cuando se difundió esta información.

Pero no parece haber tanto para festejar. Resulta contradictorio que cada vez repitan menos niños, pero que lleguen a segundo algunos que claramente no deberían estar allí porque no saben leer ni escribir.

Es una buena noticia que se haya llegado al mínimo histórico de repetidores pero se trata de un dato que por sí solo no significa demasiado. Todo indica que también han bajado las exigencias y, de hecho, hace años que las autoridades afirman que la repetición tiene efectos negativos y hasta han hablado de eliminarla.

Es claro el papel relevante que debe jugar la educación en el futuro del país, que hoy luce cada vez más hipotecado. Al igual que en otros grandes temas, la fragmentación social ha provocado realidades muy distintas, una educación para ricos y otra para pobres. Este es un partido que se juega en los pequeños detalles y –lamentablemente– parece que lo estamos perdiendo. 

 

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