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El drama económico de José

Nuestros sistemas fiscal y jubilatorio perjudican gravemente a la clase media y especialmente a las familias numerosas

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04 de mayo de 2020 a las 05:01

El semanario Búsqueda publica periódicamente un índice llamado “canasta familiar” del Índice de Precios al Consumo de Búsqueda (IPCB). En marzo de 2020 la canasta familiar del IPCB ascendió a $ 91.555. Dado que esa canasta considera una familia promedio de 3,3 integrantes, equivale a un gasto de consumo per cápita de $ 27.744 mensuales.

Por lo tanto, una familia de clase media de cuatro integrantes gasta en promedio $ 110.976 mensuales.

Analicemos el caso de una familia formada por padre, madre y dos hijos. Por simplicidad, supongamos que el único ingreso familiar es el salario del padre (llamémosle José). En nuestro ejemplo, José tiene un salario nominal de $ 100.000. Además, el empleador de José paga al BPS un aporte patronal del 7,5 % del salario nominal ($ 7.500), por lo que en cierto modo el “salario nominal verdadero” de José es de $ 107.500.

Supongamos que el salario de José tiene los siguientes descuentos: 15% de Montepío ($ 15.000), $ 10.000 de IRPF y 8% para el SNIS ($ 8.000). A José le queda entonces un salario líquido de $ 67.000 (*1), un 60,4 % de la canasta familiar del IPCB para una familia de cuatro miembros. Si el 80% del salario líquido de José se usa para comprar bienes o servicios con un 22% de IVA, resulta que el IVA le quita $ 9.666 por mes. Si además José paga $ 3.000 por mes de otros impuestos (contribución inmobiliaria, tributo domiciliario, patente de rodados, etc.), del salario líquido, descontando el IVA y los otros impuestos, le quedan $ 54.334. Esta suma es el 50,5% del “salario nominal verdadero” de José. El Estado uruguayo se queda con el 49,5% restante: ¡prácticamente la mitad! En España, donde la situación es bastante parecida a la de Uruguay, un video del partido Vox que se viralizó en Facebook saca la siguiente conclusión: “un mileurista (*2) es un dosmileurista atracado por el Estado”.

Veamos ahora con qué suerte correrá José al jubilarse a los 65 años de edad, tras 40 años de trabajo. Para simplificar los cálculos, supongamos que el salario de José se mantuvo siempre igual y que no hay inflación. El aporte mensual total de José a la seguridad social (aporte personal más aporte patronal) es de $ 22.500. Considerando el aguinaldo, el aporte anual total de José a la seguridad social es trece veces esa suma, o sea $ 292.500. Por lo tanto, a lo largo de sus 40 años de trabajo, José aporta
$ 11.700.000.  

Si José se jubila por el régimen anterior cobrará a lo sumo el tope de las jubilaciones del BPS: $ 51.813 por mes. Por supuesto, a este monto nominal habrá que descontarle el IASS, etc. Si en cambio José se jubila por el nuevo régimen (mixto) y es uno de los llamados “cincuentones”, la suma de sus dos jubilaciones (BPS y AFAP) probablemente no esté muy lejos de ese tope. Esto se debe en gran parte a lo siguiente: si por ejemplo José nació en 1960 y comenzó a trabajar en 1985, en cierto modo perdió 11 años de ahorro previsional, porque las AFAP comenzaron a funcionar en 1996. Esos 11 años perdidos disminuyen considerablemente su jubilación. El injusto diseño de la reforma de la seguridad social de 1995 hizo que una generación (la de los “cincuentones”) cargue con una parte desproporcionada del costo de la transición al régimen mixto.

Por último, si José empezó a trabajar en el año 2000 y se jubila en 2040, su cuenta de ahorro previsional en la AFAP acumulará un monto bastante interesante. Empero, subsiste un problema serio. Cuando José se jubile, ese monto, que hasta ese momento era suyo, pasará a ser del BSE. El BSE pagará a José una jubilación mientras él siga vivo. Si José muere al día siguiente de jubilarse, puede ocurrir que su familia no reciba siquiera un peso de la suma acumulada en la cuenta de José. En ese caso, los $ 11.700.000 aportados por José durante 40 años habrán beneficiado a otros jubilados, el BPS, la AFAP y el BSE; casi podría decirse que a todos menos a José y su familia...

No es difícil esbozar un sistema más justo para con José. Supongamos que la totalidad del aporte de José a la seguridad social ($ 292.500 anuales) va a su cuenta de ahorro previsional y que ésta tiene una rentabilidad del 5% anual. Al cabo de 40 años, esa cuenta acumulará un capital de $ 35.333.934. Al jubilarse, José deja de aportar. El capital queda fijo y sigue siendo suyo, pero sigue generando la misma rentabilidad, que se le paga a modo de jubilación: $ 147.225 por mes. ¡Mucho más de lo que José ganaba al trabajar! Y cuando José muriera su familia heredaría el capital que él ahorró.

Recordemos que hoy José apenas cubre el 60% de la canasta familiar de Búsqueda, por lo que muy probablemente su familia tiene un nivel socioeconómico bastante inferior al típico de la clase media. El Estado uruguayo grava a José como si fuera rico, pero en realidad es de clase media tirando a baja. Y la situación sería mucho peor aún si la familia de José, en vez de cuatro, tuviera cinco o más integrantes.

Notas

(*0) Otros escritos del autor en: https://www.danieliglesiasgrezes.wordpress.com.

(*1) O sea $ 16.750 mensuales per cápita, un monto bajo.

(*2) En España se llama “mileurista” a una persona con un ingreso de unos mil euros por mes, ingreso que se considera bajo. l

 

 

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