7 de noviembre 2015 - 5:00hs
Su serio semblante recorría las calles de Nueva York. Solo uno más en un mar de personas que sostenían pancartas con rostros que ya no existen. "Levántense. Detengan el terror policial", decían otros carteles, que también rodeaban al director estadounidense Quentin Tarantino cuando tomó el escenario para hablar. Esta vez, no iba a agradecer a la Academia. Esta vez, el discurso era otro.

"Estoy aquí para decir que estoy del lado de los asesinados", clamó el cineasta, recordando a las víctimas de una brutalidad policial que se muestra consistentemente orientada hacia lo racial. Pese al apoyo que recibió de la comunidad afroamericana, las respuestas de los otros involucrados contrastaron. "No resulta una sorpresa que alguien cuyo medio de vida es la glorificación de la violencia y el crimen odie a la policía", sostuvo Patrick Lynch, presidente de la Patrolmen's Benevolent Association, quien también llamó a boicotear las películas del director, incluyendo su último proyecto, Los 8 más odiados, que llegará a los cines estadounidenses en diciembre.

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Las problemáticas raciales y la brutalidad no son temáticas nuevas para Tarantino, que suma un nuevo western despiadado a una filmografía teñida por la sangre. Con un tráiler lanzado hace un par de días,
Los 8 más odiados ostenta los elementos usuales: armas, muerte y diálogos ingeniosos.

Esas preferencias ya tenían un lugar privilegiado en Perros de la calle (1992), el exitoso debut cinematográfico que le abrió las puertas al festival de Sundance y a las llamadas de Hollywood.

Alejándose de los proyectos que le eran ofrecidos, Tarantino dedicó su tiempo al guión de una nueva película, Pulp Fiction (1994), en la que la estetización de la violencia y las narrativas no lineales se consolidarban como marca de autor.

Bautizados rápidamente como clásicos del cine, Perros de la calle y Pulp Fiction dieron lugar a una filmografía que ha mostrado pocas decepciones a nivel de taquilla y crítica: tanto Kill Bill (volúmenes 1 y 2), como Bastardos sin gloria y Django sin cadenas superaron los US$ 100 millones de recaudación in crescendo.

Así como la muerte y la agresividad son ubicuos, la referencialidad es una característica fundamental. Cercano desde temprana edad al mundo de las películas (sin restricción alguna por parte de su madre) y con cinco años de experiencia en una tienda de video, Tarantino desarrolló un conocimiento enciclopédico sobre el cine que reluce en cada una de sus propuestas.

A través de referencias a películas, libros, programas televisivos y canciones, segmentos reproducidos y secuencias que hacen homenaje a otras preexistentes el cineasta crea un universo propio, en el que reinan tanto el mainstream como los productos de culto.

Alabadas por algunos, otros críticos ven en esas referencias guiños en la oscuridad, realizados ante un público que toma por original un entramado de préstamos. Casi de la misma forma, detractores ven su activismo como una forma de robar la atención y dirigirla a su próximo estreno. Sea o no tan despiadado como sus personajes, Tarantino ha logrado salir de su propio mundo y prestarle atención a lo real. A lo que está fuera de la pantalla.


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