Hablar de que la TV es el actual refugio de las mejores ficciones cinematográficas es casi caer ya en un lugar común. Sin embargo, no deja de ser llamativo cuando algún actor de prestigio o algún director de fuste encaran proyectos en la pantalla chica. Las producciones de Steven Spielberg (Falling Skies) o Martin Scorsese (Boardwalk Empire) generaron muchísimo más alboroto por venir de quien venían sin contar con la calidad de su resultado (mucho mejor en el segundo ejemplo que en el primero, pero eso no viene al caso). Por esto mismo, mucho se viene hablando de House of Cards, el primer esfuerzo del genial David Fincher para la televisión.
El origen
El remake no le resulta ajeno a Fincher, como lo demuestra aún hoy día en nuestras salas de cine con su versión de Los hombres que no amaban a las mujeres -adaptación a lo Hollywood de la novela del sueco Stieg Larsson- y en su debut televisivo recorre un camino similar. La elegida es una producción para la BBC que se realizara en 1990, creación de Andrew Davies y Michael Dobbs, adaptando la novela homónima de este último. En la serie original, se contaban los avatares de un grupo de políticos que buscaban sobrevivir en sus trabajos al llegar a su fin el gobierno de Margaret Thatcher- muy en boga ahora que Meryl Streep se llevó su tercer Oscar por interpretarla en La dama de hierro- y en cierta medida, la novela (y la serie toda) era una mirada prácticamente autobiográfica, ya que Dobbs había ejercido como jefe de gobierno para el Partido Conservador Británico en esas mismas fechas.
Al mejor estilo de la BBC, la House of Cards original se dividió en una miniserie de cuatro episodios de 55 minutos cada uno y fue un éxito tal que hasta hoy se encuentra dentro de las 100 producciones de televisión británicas más importantes de todos los tiempos (en la posición 84, para ser precisos).
La Transición
House of Cards ha dado mucho que hablar antes que el mismo Fincher se vinculara al proyecto. Primero, por Kevin Spacey, quien oficia de co creador de esta versión, productor y protagonista. Spacey, un talentoso actor que si bien ha visto mejores épocas (basta recordar 1997, año de Pecados Capitales y Los Sospechosos de Siempre), suele ser garantía de calidad.
La producción de la serie generó su propio revuelo, ya que luego de una encarnizada batalla entre HBO, AMC y Netflix, finalmente fue el servicio de televisión y DVD online quien ganó la pelea y volvió realidad su condición de casa productora, generadora de contenidos directos y exclusivos, al menos en su estreno- para sus usuarios. Se estima que la producción ronda los US$ 100 millones y Netflix ya anunció 26 capítulos en 2 temporadas, incluso antes de su estreno, que se prevé para mediados de año. El capítulo piloto está dirigido por el propio Fincher, nada menos.
El producto final
En la House of Cards estadounidense nos encontraremos con que la novela de Dobbs traslada su acción a nuestro presente y a EEUU, más precisamente a Harford County, estado de Maryland, dónde veremos la lucha de un grupo de políticos que buscan sobrevivir luego de un revés en las elecciones locales.
El equipo político –del que no se ha indicado si la filiación será demócrata o republicana, aunque estos últimos tienen más parentesco con el Partido Conservador de la serie original– tiene en Kevin Spacey a su líder, en un personaje que en la serie original daba vida Ian Richardson y que llevaba el nombre de Francis Urquhart. Pero no se ha confirmado que el protagonista de esta versión esté bautizado de la misma manera. El personaje deberá lograr su propia supervivencia y la de su gente en la dura jungla política.
No han tardado en confirmarse otras caras conocidas para el elenco, destacándose Robin Wright (quien ya no usa más el Penn, luego de su divorcio de Sean Penn) y Kate Mara (hermana de Rooney Mara, a quien dirigiera Fincher en su versión de Los hombres que no amaban a las mujeres y fuera nominada al Oscar por su rol), entre otros anunciados y que se irán anunciando posteriormente.
A priori, la premisa de esta House of Cards actual no se aleja demasiado de dramas políticos reconocibles como fue The West Wing de Warner, pero la mano de Fincher, la apuesta fuerte de una cadena independiente como Netflix y la mirada distinta que puede brindar su origen gestado dentro del Partido Conservador, la hacen llamativa por mérito propio. La serie original británica fue un éxito tal que se continuó por dos miniseries más (To Play The King y The Final Cut) por lo cual de funcionar bien su encarnación americana ya existe incluso material fuente para continuarla.
Pero los no usuarios de Netflix por nuestras costas no deben desesperar, ya que la cadena ha acordado distribución tradicional con Sony Entertainment, por lo cual no cabe duda que llegará a las pantallas “normales” por su canal de cable, aunque probablemente lo haga con alguna diferencia de su estreno por la cadena digital.