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El Franklin uruguayo

Leí las declaraciones realizadas por el actor y no encontré en ellas nada agraviante

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30 de julio de 2018 a las 05:00

Washington, Wilson, Darwin, Franklin, Lincoln. Nombres muy uruguayos. Franklin Rodríguez es un actor uruguayo. Popular. Incluso gente que va poco o no va nunca al teatro lo reconoce. A Franklin Rodríguez, como en los tiempos de la escuela, lo han suspendido.

La Sociedad Uruguaya de Actores (SUA, sigla que parece la de una emergencia médica móvil) lo suspendió por seis meses, "por agravios públicos vertidos hacia su sindicato" por parte del sancionado. No me queda claro en qué afectará a Rodríguez la suspensión, como tampoco entiendo del todo bien en qué lo beneficiaba ser miembro de la SUA.

Leí las declaraciones realizadas por el actor, que tanta pólvora levantaron, apresurando la decisión de suspenderlo, y no encontré en ellas nada agraviante. Solamente oí a un ciudadano opinar de la misma forma que alguien puede hacerlo sobre la calidad de un vino, de un desodorante o la eficacia de un champú contra la seborrea.

Se trató de una sucesión de comentarios bien expresados sobre temas de actualidad, respecto a los cuales cualquier profesional perteneciente al ambiente del teatro podría opinar con conocimiento de causa. Sin embargo, al parecer, vivimos en tiempos en los cuales hay cosas sobre las cuales mejor no hablar. El que se mueve, no sale en la foto.

Por su parte, la SUA tiene todo el derecho de suspender a uno de sus miembros si considera que este transgredió sus estatutos. Cada uno debe saber dónde o con quién se asocia. Si uno lee la información sin conocimiento previo de lo que se trata, podrá suponer que es un asunto de trascendencia mayor, pues la sanción proviene de la Comisión de Ética de la Sociedad Uruguaya de Actores.

Habrá de creer que Rodríguez hizo algo altamente reprobable –lo que quieran imaginar, incluso morder a un colega al estilo de un futbolista–, no que su falta condenatoria fue emitir una serie de opiniones, las cuales en un contexto menos sensible ideológicamente hubieran pasado desapercibidas.

La vida de Rodríguez continuará como si nada, como si la SUA no existiera, aunque ahora el actor es más popular que antes. Y si de algo le sirve, debería tener en cuenta la afirmación de Marx (Groucho): "Nunca pertenecería a un club que admitiera como socio a alguien como yo".

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