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16 de julio 2023 - 5:00hs

El estrés es una realidad predominante en la actualidad con impacto en la salud, tanto física como emocional y cognitiva. Su exceso o cronicidad, tiene efectos negativos en el bienestar y en la calidad de vida.  Es un gran tóxico para las personas y también para las organizaciones.

Los líderes no escapan al estrés sino que también están expuestos a factores que podrían constituirse como estresores. Sus desafíos pueden ser apasionantes o perturbadores en sí mismos, así como en su particular manera de concebirlos. En su scope está el negocio y sus resultados, así como las personas y su gestión.

El líder que se precia de serlo tiene orientación a las personas y trato humano. Posee un interés genuino en el bienestar de sus colaboradores, en sus necesidades e intereses. Se ocupa de inspirar, motivar y modelar.  Entre otras muchas cosas, es necesario que sea buen comunicador.  La comunicación es un proceso que involucra expectativas, características personales, disponibilidad, atención, percepción, empatía y otros aspectos relacionales.

El líder gestiona entre la observación, diagnósticos de situación, información y conocimientos, resolución de problemas, toma de decisiones, alineación, estrategias, cuidados y muchas otras responsabilidades de alta relevancia. Para ser exitoso, atiende estas cuestiones y más.  Es relevante que tenga presente que todo empieza por uno ya que es clave la autogestión.

Cuando un líder logra gestionar con asertividad emocional, tiene un gran camino recorrido en relación con el manejo de la ansiedad. En otro caso, acumulará estrés y lo contagiará en su entorno.

¿Qué estresores inciden en especialmente en posiciones de liderazgo?
•    Perfeccionismo.
•    Control.
•    Incertidumbre.
•    Anticipación de dificultades, en ocasiones la persona considera que es una forma de prepararse para lo que venga, pero dado que se focaliza en el resultado no esperado, conlleva una capacidad de evaluar ineficiente y más ansiedad.
•    Repetir comportamientos antiguos que ya no son funcionales aunque lo hayan sido en otros tiempos.
•    Miedo a equivocarse.
•    Preocupación.

Estos son algunos de los desencadenantes de estrés en cargos de alta responsabilidad. Adicionalmente, debemos considerar que cada persona tiene sus propios factores estresores que le son característicos, que se suman a situaciones que la vida le pone en el camino. Cuando se hacen evidentes los síntomas, es importante dedicarles atención. Como decimos en psicología, un poco de todo es lo esperable y mucho de algo es un mensaje indicador que algo no está funcionando bien y debemos atenderlo. Si se ignoran estas señales, las consecuencias no se harán esperar y tendrán que ver primero  con disfunciones, que podrán ser trastornos y más tarde patologías instaladas. 

Cuando una persona acumula estrés durante un período prolongado, se afecta integralmente a nivel orgánico, psicológico y relacional. El estrés acumulado genera inflamación y neuro inflamación, irritabilidad, cansancio, envejecimiento prematuro, pérdida de eficacia, disminución del desempeño, falla en estrategias de afrontamiento, descenso en la capacidad de adaptación, resolución de situaciones y problemas. También la memoria estará afectada, podrá evidenciarse dolor y un estado de alerta que aumentará aún más la ansiedad. 

El organismo pierde flexibilidad y la observación interna y externa, se ve perturbada, limitando a su vez, la capacidad de la persona a nivel de la consciencia. Es como si se produjera una ceguera parcial que, a medida que pasa el tiempo, va invadiendo cada vez más su realidad. El estrés es una de las diversas puertas de entrada a la depresión.

¿Cómo impacta el estrés del líder en sus colaboradores? La respuesta es casi obvia: generando estrés.  La Organización Mundial de la Salud (OMS) define estrés laboral como “la reacción que puede tener una persona ante exigencias y presiones laborales que no se ajustan a sus conocimientos y capacidades, y que ponen a prueba su capacidad para afrontar la situación” El índice de prevalencia en la población es del 41%, un porcentaje demasiado alto, sobre todo porque en la mayoría de los casos, el estrés se vuelve crónico. 

¿Es el estrés del líder la única fuente de estrés para los trabajadores? La respuesta es no. Sin embargo, es un fuerte estresor, que va generando agotamiento y frustración.  Se deteriora la motivación, el desempeño y el compromiso de sus colaboradores también. 

Un aspecto demasiado frecuente que vale la pena mencionar es la automedicación a la se recurre para aliviar malestar o sintomatología específica, como ser no lograr un buen descanso, irritabilidad, falta de energía, entre otros. Las medicaciones no son inocuas y deben ser recetadas y controladas por un profesional de la salud.

¿Qué hacer? Se trata de tomar consciencia que el estrés es un mal invasivo, en ocasiones no consciente, que puede tener una aparición sorda. Cuando se vuelve evidente, ya hay afectaciones. La mejor manera de prevenirlo es ocuparse de la salud integral, es decir, abordar aspectos físicos, emocionales y cognitivos.

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