Opinión > EDITORIAL

El incendio del mundo

Es hora de que empecemos a hacer las paces con la naturaleza 

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24 de agosto de 2019 a las 05:03

El grave incendio de la selva amazónica ocurre en un momento de la historia en que resulta imposible ignorarlo. 
Pareciese que las advertencias de la popular activista sueca a favor del medio ambiente Greta Thunberg de pronto se volvieron realidad. Thunberg, que ha generado una corriente de simpatía con sus movilizaciones para tomar conciencia sobre la inacción de los gobiernos, las empresas y la gente ante el cambio climático, solía decir en cuanto foro fue invitada –Davos, ONU, Parlamento Europeo– que había que hacer algo urgente porque “nuestra casa está incendiándose” –our house is on fire. 

Con su simple llamado para la acción, la adolescente que padece el síndrome de Asperger logra mover multitudes en todo el planeta. Su movimiento llamado Fridays for Future se inició con su negativa de acudir a clase los viernes hasta tanto los responsables adoptaran acciones concretas contra el cambio climático. Empezó ella sola con un cartel ante el Parlamento sueco, hoy la imitan millones de personas. 
Es evidente que los medios de comunicación alimentados por el voraz Pac-Man de las redes sociales encontraron en esta solitaria activista adolescente un bocatto di cardinale que genera atención –y miles de likes– donde quiera que va. Admitamos que es una causa justa. ¿Quién no quiere cuidar y preservar la naturaleza?

El bosque tropical de la Amazonia, que abarca gran parte del noroeste de Brasil y se extiende hasta Colombia, Perú, Bolivia, Ecuador y Venezuela, es el bosque tropical más grande del mundo y es famoso por su biodiversidad. Está entrecruzado por miles de ríos, incluido el caudaloso Amazonas. Desde comienzos del siglo XX se ha dicho que es el pulmón del mundo. Y hablando de pulmones, cuando estos dejan de funcionar no hay cuerpo que puede vivir mucho más.

Es por eso que los incendios de miles de kilómetros cuadrados en la región amazónica de América del Sur es un drama casi igual en magnitud que el desastre nuclear de Chernóbil en la ex Unión Soviética. 

Con una superficie de 5,5 millones de km2, la Amazonia es un tesoro de biodiversidad. Hace décadas se encuentra amenazado por la deforestación provocada por la agricultura, la ganadería y las actividades mineras. Desde hace días afronta los peores y más extensos incendios forestales de su historia reciente. Son tan numerosos que resulta complicado informar exactamente la situación actual de los incendios. El jueves el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales informó de cerca de 2.500 nuevos focos ígneos solo en Brasil. La Amazonia se quema y el tema se politiza. 

El G7 reunido en Francia parece querer asumir el problema y el presidente de Brasil Jair Bolsonaro se defiende acusando a las ONG ambientalistas de beneficiarse –e incluso de haber provocado– los incendios. Las fotos verdaderas y falsas circulan por las redes mientras los árboles siguen ardiendo sin que la humanidad pueda ponerse de acuerdo en qué hacer para impedir la catástrofe ecológica. 

“Nuestra guerra contra la naturaleza debe terminar”, escribió Thunberg en su cuenta de Twitter esta semana poniendo el foco donde debe estar. Es hora de escucharla y darle una respuesta antes de que se queme todo. 

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