26 de septiembre 2019 - 16:28hs

Por Gideon Rachman

En Rusia la tradición liberal es débil. Pero recientemente me encontré con una de las declaraciones más inspiradoras del ideal liberal que he leído, en la obra de un gran novelista ruso, Vasily Grossman. En un momento en que tanto la derecha como la izquierda están cada vez más obsesionadas por los derechos grupales, el argumento del Grossman en favor de la primacía del individuo todavía parece vital y urgente 60 años después de que lo escribió.

Si nunca leíste Vida y destino de Grossman, deberías hacerlo. El libro, ambientado en Rusia y Europa Oriental en el momento de la batalla de Stalingrado durante la segunda guerra mundial, se completó en 1960. Pero fue suprimido por los funcionarios soviéticos, quienes estaban preocupados por su representación implacable del estalinismo. La obra maestra de Grossman apareció por primera vez en 1980, 16 años después de su muerte, y su reputación ha crecido desde entonces.

Las comparaciones frecuentes entre Vida y destino y Guerra y paz de León Tolstoi son aptas. Las novelas son similares en escala y tema; y en la forma en que los personajes de ficción se entrelazan en la página con figuras históricas como Stalin y Napoleón. Ambos autores combinan su narración con pensamientos filosóficos más amplios.

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Al final de un capítulo en el que describe los preparativos de una unidad de tanques del ejército ruso antes de una batalla, Grossman reflexiona que "las agrupaciones humanas tienen un propósito principal: afirmar el derecho de todos a ser diferentes, a ser especiales, a pensar, sentir y vivir a su manera. La gente se une para ganar o defender este derecho”. Pero esto da lugar a un "error terrible y fatídico: la creencia de que estas agrupaciones en nombre de una raza, un Dios, un partido o un Estado son el verdadero propósito de la vida y no simplemente un medio para un fin". Para Grossman, la libertad individual era el único objetivo válido de la guerra o la política.

Vida y destino describe los terribles males que el estalinismo y el nazismo infligieron sobre los individuos en nombre de un grupo más amplio: el proletariado o la "raza aria". Pero las palabras del Grossman me parecieron aplicables a nuestra propia y más moderada era. Esto se debe a que las ideas políticas que enfatizan la identidad grupal, en lugar de los derechos individuales, están nuevamente de moda, ya que tanto la derecha nacionalista como la izquierda progresiva se han ido deslizando hacia la política de identidad.

En Estados Unidos, el presidente Donald Trump animó a su base haciendo referencia al nacionalismo étnico y denunciando a los inmigrantes musulmanes y mexicanos. La extrema derecha en Europa siguió la misma dirección. Pensadores influyentes como el escritor francés Renaud Camus han popularizado las teorías de conspiración sobre "el gran reemplazo", que supuestamente pone a los europeos blancos bajo el riesgo de aniquilación cultural por millones de inmigrantes musulmanes.

La paranoia sobre el "genocidio blanco" y el "marxismo cultural" también ha resurgido en los confusos manifiestos de los terroristas de extrema derecha como el noruego Anders Breivik, o Brenton Tarrant, que protagonizó un ataque asesino contra una mezquita en Nueva Zelanda, a principios de este año.

La versión de la izquierda de la política de identidad no tiene nada que ver con el terrorismo. Sin embargo, la política progresista en EEUU y Gran Bretaña se ha alejado cada vez más de la insistencia liberal en la igualdad de derechos individuales y ha adoptado un enfoque iliberal basado en los derechos grupales. El motivo de este cambio suele ser un esfuerzo loable por lograr la justicia social. Pero los resultados son, para usar uno de los términos favoritos de la izquierda, "problemáticos".

Un ejemplo interesante de los tipos de problemas que plantea el pensamiento grupal es una demanda actual presentada contra la Universidad de Harvard por presunta discriminación contra los asiático-estadounidenses. Los querellantes argumentan que los asiático-estadounidenses tienen que lograr mejores puntajes en los exámenes, en promedio, para ingresar a Harvard y a menudo reciben evaluaciones y calificaciones más bajas basadas en medidas vagas de personalidad. Esto le permite a Harvard aumentar el número de estudiantes de otros grupos más favorecidos, como los afroamericanos, los latinos y los hijos de graduados de Harvard.

Harvard impugna los cargos. Incluso si se prueba que hubo discriminación, habrá surgido de un motivo bien intencionado: aumentar la diversidad en el campus. Pero la controversia evoca incómodamente una era anterior, cuando Harvard restringió deliberadamente el número de judíos. Eso ahora se considera como un episodio vergonzoso; pero es difícil ver por qué es muy diferente a la discriminación de los asiático-estadounidenses.

Todo el enredo miserable es un ejemplo de los problemas que crean las organizaciones cuando tratan a las personas como representantes de un grupo en lugar de individuos con sus propias identidades multifacéticas.

Las cuestiones de derechos grupales, antisemitismo y discriminación son temas importantes en Vida y destino. Uno de los personajes principales, Viktor Shtrum, es un destacado físico judío que descubre que sus esfuerzos por contratar colegas judíos altamente calificados están siendo bloqueados porque las autoridades favorecen a los rusos étnicos. A lo largo del libro, otros personajes se topan con problemas porque el sistema soviético consideraba que provenían de una clase social inaceptable.

Una gran novela, como Vida y destino, logra mostrar a cada personaje como un individuo cuya identidad nunca debe reducirse a la de un representante de una clase, nación o grupo étnico. Como insistió Grossman: "El único significado verdadero y duradero de la lucha por la vida reside en el individuo".

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