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El juego de la silla y la música de “no nos moverán”

Astori, Tabaré y Pepe: un paso al costado, la pérdida de “influencia” y la nube de dudas

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22 de septiembre de 2018 a las 05:00

Astori no será candidato, y en futuro cercano no le será fácil mantener un liderazgo en el Frente.
Tabaré ingresa al tramo final de su gobierno, sin liderazgo ni capacidad de “influencia directriz”.
Queda Pepe.
Mujica conoce el manejo de poder y dice que “no” a la candidatura presidencial, pero con la carga de ironía suficiente, como para mantener dudas. Y como en el juego de naipes “Desconfío”, hasta sus camaradas le miran los ojos y no saben sin canta “basto” pero tiene “espada”. 
Más allá de eso, los tres líderes van perdiendo espacio, en una izquierda en la que la renovación de liderazgos se ha hecho por desplazamientos y no por pasaje de posta. La historia habla


Emilio Frugoni fue el fundador del Partido Socialista en 1910, pero una década después fue desplazado por los liderados por Celestino Mibelli que decidieron convertirse en Partido Comunista (y Frugoni refundaría el PS).
Mibelli sería desplazado en 1925 por Eugenio Gómez, y aquel que había corrido a Frugoni, fue expulsado del PC, acusado de conductas de “desviacionismo” de principios y “traición” partidaria.
Gómez sería desplazado por Rodney Arismendi en 1955, y aquel stalinista que había corrido a Miibelli, se fue del partido expulsado y acusado de “autoritarismo” y de “desviación ideológica”.
El PC sería clave en fundar el Frente Amplio y esa coalición nació con varios líderes, debido a su carácter de alianza de grupos, pero encontró un líder en el general Líber Seregni.
Éste, antes de poder ceder terreno al sucesor que había elegido a fin de 1988 (Danilo Astori), fue desplazado en los noventa por Tabaré Vázquez, quien emergió con fuerza desde la Intendencia de Montevideo.
Y cuando en el verano de 2008, Vázquez eligió a Astori para sucederlo, José Mujica desplazó al economista, con una movida política y basado en su creciente popularidad.

Emilio Frugoni fue el fundador del Partido Socialista en 1910, pero una década después fue desplazado por los liderados por Celestino Mibelli que decidieron convertirse en Partido Comunista (y Frugoni refundaría el PS).


De alguna manera quedó un liderazgo triple, con dos que llegaron al trono y uno que esperaba su última chance.
En este período, con poco contacto con la dirigencia del Frente Líber Seregni y metido en un círculo chico del Palacio de Hacienda, Danilo buscó espacio para postularse y antes de hacerlo fue a explorar a Mujica en la chacra de Rincón del Cerro.
Pocos días después, el 5 de julio, Astori asumió que su chance se había desvanecido, porque Mujica no sólo le dijo que no le respaldaba, sino que antes de responderle en la cara, lo hizo públicamente e incluso manejando otros nombres
Mantuvo silencio e incertidumbre entre sus dirigentes. Ni una pista les daba, mientras crecía la impaciencia de socios.
No lo bajó Mujica, lo bajó la realidad política y de opinión pública, pero el desplante de Mujica fue una bofetada.
Los 77 días de Astori, de aquel día al anuncio del jueves, fueron con sabor amargo y un final previsible. Desde que supo que no podría ser candidato a la Presidencia en su último intento posible, el ministro guardó en silencio su decisión para esperar el momento justo.
Ya fuera para no dejar a “Pepe” como el responsable de sacarlo de la troya, o para esperar algún giro inesperado, Astori no dio señal ni al Frente Líber Seregni en su conjunto amplio, ni a la Asamblea Uruguay que es su propio sector.
Pero su suerte estaba echada y él lo sabía.


Astori ha sufrido un doble desgaste: unos lo cuestionan por la economía, la presión impositiva y descargan en él, el malestar por enfriamiento de los negocios. Y otros, más de izquierda, le reprochan que no apostó a medidas de redistribución del ingreso más fuertes, ni que insista en fomentar libre comercio y estímulo a la inversión extranjera.
Un sondeo de opinión pública que circula entre dirigentes oficialistas, muestra que solo 4 de cada 10 frenteamplistas le tiene simpatía. 
Y a nivel de toda la población, apenas 20% le expresa “simpatía” y 62% le tiene “antipatía”: lejísimo de los muy buenos niveles de popularidad que recogió en los dos primeros gobiernos frentistas.


Los tiempos corrían y en el propio FLS había inquietud.
Alianza Progresista quería cerrar con Martínez.
El Nuevo Espacio pensaba en neutralizar a Mujica mediante un acuerdo más amplio, para encontrar al “candidato que no apareció”.
Asamblea Uruguay esperaba a Danilo, sin datos.


Banderas de Líber quedaba como el soporte para un lanzamiento de Mario Bergara.
Y el jueves 20, Astori confirmó que seguirá en Economía y no dará batalla.
En mayo de 2017 habíamos advertido que era difícil que del “área económica” saliera un candidato presidencial y que Daniel Martínez se quedaba con la postulación por ese andarivel de izquierda moderada. Ya se anticipaba este final de Astori, mientras que se veía que Bergara podría hacer un intento de asomar su postulación, como lo está haciendo.1
En junio de aquel año, habíamos considerado la posibilidad de que el Partido Comunista planteara al MPP devolución de gesto, y ya que se había apoyado a un tupamaro en 2009 (Mujica), que ahora se hiciera eso con un bolche, y que esa carta era la del “Boca” Andradre. 2
Y a fin de año planteamos que la ministra Carolina Cosse era la única posible dentro del MPP de poner su candidatura presidencial, aún sin venia de Pepe Mujica. 3
Todo previsible. Todo, menos Pepe. Mujica dice que no se postulará, pero como su gente sabe que él hará política hasta el último día, y que en 2008 ya cambió un “no” por un “sí”, aguardan un anuncio sorpresivo.
En tanto, en el Frente están como en el “juego de la silla”, con varios corriendo alrededor de la mesa y con sillas que van saliendo de escena. 

Todo previsible. Todo, menos Pepe. Mujica dice que no se postulará, pero como su gente sabe que él hará política hasta el último día, y que en 2008 ya cambió un “no” por un “sí”, aguardan un anuncio sorpresivo.


Cuando la música para, todos se sientan, pero cada vez se saca una silla, o sea que uno queda sin lugar. Esa música podría ser la de “No nos moverán”, que en 1971 cantaba Dean Reed como himno frentista, y que refleja el deseo del oficialismo de seguir en el gobierno.
¿Quiénes irán a las primarias de junio para ganar el derecho a llevar la bandera del Frente a octubre?
Lo previsible se convirtió en hechos, y ahora habrá que ver si todos siguen hasta junio o acuerdan antes.
Lo imprevisible, ni Mujica lo sabe: habrá que esperar.


Pero en el Frente Amplio comienzan a asumir que no la tienen fácil, porque el malestar popular con el gobierno es alto, y porque la última encuesta recibida les muestra que en estas condiciones, el oficialismo no llegaría a 40% en primera vuelta.
Falta mucho y la atención ahora estará en el próximo corte de música, cuando saquen otra silla de alrededor de la mesa, y se vea quienes quedan para la batalla. 

  

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