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13 de noviembre 2022 - 5:01hs

El camino de madera va hacia el fondo del apartamento. Los pasos sobre el piso encuentran un felpudo que dice: “Espero que te guste Taylor Swift”. La alfombra funciona de antesala a la habitación de una fanática. Un cuarto en el que la cara de la artista te devuelve la mirada desde todos los rincones: está en los almohadones, en las paredes, las fotografías de las carteleras, en las tazas y los llaveros. Está tatuada en la piel de sus fanáticas. Donde veas, está la imagen de Taylor Swift como una estampita en un santuario.

Pero como los tesoros, lo más valioso está escondido. Josefina Mösle abre un cajón y saca una bolsa plástica con su nombre y, como si fuera evidencia policial, saca un montoncito de servilletas en un degradé de colores pasteles. Son las servilletas que guardó el día que conoció a Taylor Swift en su casa de Los Ángeles, junto a un contrato de confidencialidad.

Ser fanáticas de esta estrella pop estadounidense es un rasgo de personalidad para las cinco uruguayas que se reunieron en la habitación-santuario del barrio Pocitos. Lucrecia, Pilar, Valentina, Lucía y Josefina –todas entre 23 y 26 años– se conocieron en las reuniones del Club de Fans de la cantante en Uruguay y encontraron una red de contención. Un lugar donde compartir su fanatismo cuando las personas de su vida no entendían la euforia por la muchacha que cantaba Fearless. “De nuestros círculos somos las personas Taylor Swift”, dicen.

Leonardo Carreño

Josefina, por ejemplo, escuchaba sus canciones en un Ipod Nano cuando iba al liceo y, entre un montón de adolescentes que escuchaban cumbia, un día sonó Love Story cuando se le salieron los auriculares. En ese momento sintió vergüenza. “Con el tiempo entendí que no tengo por qué avergonzarme de que me encante de esta manera y a este nivel”.

Acceder a la música de Swift no era sencillo y había que recurrir a alternativas: descargar una canción, con su correspondiente contraparte de virus informáticos, en algún programa pirata, o contactarse con el amigo de un primo de un conocido de alguien que viajaba a Norteamérica para conseguir un cedé, que no llegaban a Uruguay. “Fueron muchos años de esperar acá y ser fan desde lejos, que es redifícil pero también tiene su belleza porque así fue que nos conocimos”, cuenta. Las fanáticas crecieron juntas y el vínculo con la música de Swift creció con ellas; fue algo constante los últimos –al menos– 10 años de sus vidas.

Noches de insomnio

En las últimas semanas, Taylor Swift hizo historia. La cantante y compositora lanzó el 21 de octubre su último disco, Midnights, con el que se convirtió en la primera artista en ocupar simultáneamente los 10 primeros puestos de la lista de canciones más escuchadas del ranking Hot 100 de Billboard. Es la primera vez en los 64 años de historia de la famosa lista que un único artista lo logra, superando a los Beatles y el rapero Drake.

Este es un disco que la cantante describió como la historia de “13 noches de insomnio” a lo largo de su vida y “un viaje a través de terrores y dulces sueños”. Midnights marca también el regreso de la estrella al pop, después del folk de Evermore y Folklore, sus discos pandémicos.

Es un proyecto que compuso en rachas de insomnio, y también le regaló una noche de insomnio a sus fanáticas que esperaron juntas, en esa misma habitación, su lanzamiento a la una de la madrugada de Uruguay. La tradición es así: escuchan cada canción, la comentan, la analizan, la desmenuzan. Lloran, se ríen, “agonizan”, recuerdan su propia experiencia y se sienten un poco más cerca.

“Nosotras estábamos sentadas en un colchón de la mano, llorando —cuenta Lucrecia—. Estás viviendo cosas en tu vida y cada canción es ese mundo y esa experiencia, y es eso de ‘me siento entendida’ o ‘no puedo creer que Taylor Swift vivió lo mismo que yo’”.

Leonardo Carreño

¿Y quién mejor para describir un disco de Swift que las personas que escucharon su discografía entera incontables veces? Midnights es un álbum supervulnerable. Un disco que regresa a la biografía de la artista después de dos álbumes de fantasía. Vuelve a sus raíces con la colaboración del compositor y productor Jack Antonoff. “La palabra es introspectivo. Se adentra mucho en sus letras. Tenés de todo: amor, desamor, amistad, traición, autocrítica, búsqueda de algo más, como en la vida”, dicen las seguidoras uruguayas.

Para Josefina este es un disco que atraviesa su carrera: “Pasa por muchas de sus eras, me parece que lo hizo pensando justamente en el tour que va a hacer próximamente. Se pueden identificar varios discos de ella dentro de este. Si lo escuchás hay canciones que agarran parte una frase de 1989 y la retoma. ¿Por qué? Porque retoma muchas de esas noches sin dormir de distintas épocas de su vida”.

Hay algo particular entre la cantante y sus fanáticas: un idioma, una sensibilidad, una percepción. Conocen su vida al detalle, sus guiños, sus gestos y sus metáforas. “Generás una conexión más allá de que no conozcas a la persona. Es como entrar un poco en su mente, en sus sentimientos, en lo que la estaba atravesando en el momento. Eso te hace también ser parte de su vida”, explica Pilar. Por eso es que las fanáticas pueden descubrir lo que esconden las letras entre sus líneas.

“Es como si fuera una amiga. En realidad no hablás con ella, pero sentís como que sí, a través de su música, y creo que es la clave por la cual es tan amada por tanta gente. Ella llega a través de las letras, mucho más que cualquier otro artista”, acota Josefina. “Es importante la fidelidad que tienen los fans con ella, porque creo que o sos muy fan o nada. No hay punto medio”, agrega Lucía.

Leonardo Carreño

Las fanáticas de Swift conforman uno de los movimientos o fandoms más fuertes de la música contemporánea. Y solo algunos logran conocerla. En la pizarra blanca de la habitación hay una lista de indicaciones escritas con marcador rojo: Los Ángeles, West Hollywood, 6 de agosto, contraseña: spelling is fun. Josefina lo anotó el día que el equipo de Taylor la llamó –después de meses en los que se abocó a una campaña en Tumblr para llamar la atención de la cantante– para invitarla a una secret session en la casa de la estrella del pop, un evento secreto y confidencial en el que la artista les muestra sus canciones antes de sacar un disco nuevo. Es un momento que ubica entre los mejores de su vida: “Está en el top tres de mi vida. El primero es la secret session, el segundo es cuando ella me siguió en Tumblr y si algún día tengo un hijo, va a quedar tercero”, dice.

Josefina llegó a Los Ángeles y una van con vidrios polarizados la llevó a la casa de la cantante, donde conoció a fanáticos de Japón o Filipinas. Fue la primera latinoamericana en ser elegida.

“Muestra el disco que todavía no sacó, que en mi caso fue Lover. Va pasando cada una de las canciones y explicando cómo la compuso”, explica. Después compartió 10 minutos mano a mano con la artista antes de volver al hotel en una charla en la que Swift la tomó por sorpresa con información sobre ella. “Me olvidé de todo lo que había preparado. Le conté de todas nosotras, le dije que la estaban esperando en Uruguay, le pedí que al menos viniera a Latinoamérica”, recuerda Josefina, y repite seis veces “divina” para describirla. “Fue una experiencia única, irrepetible, espectacular. Para mí fue como un momento full circle, poder verla después de tantos años de esfuerzo y decirle ‘me hice las mejores amigas del mundo gracias a vos’. Gracias por existir, vení a ver a mis amigas también por favor porque te aman”.

Taylor Swift ft. Montevideo

Ser fan de lejos no es fácil. Lo repiten varias veces. “Siempre hemos sentido que perdimos muchas experiencias”, dice Lucrecia, pero esperan poder compartir un concierto de la cantante en su próxima gira internacional: Eras.


Si bien ven difícil la posibilidad de que llegue a Uruguay, quieren hacerle notar que en este rincón del Cono Sur también escuchan su música y las redes sociales son el aliado ideal. Actualmente las cuentas oficiales del club de fans acumulan hasta 17 mil seguidores y están embarcadas en una campaña para hacerse notar por el equipo de Taylor Swift. Horas antes de la entrevista habían publicado una placa en redes sociales con los datos de Uruguay como venue para bandas internacionales, con el objetivo de poner a Montevideo en consideración del equipo de la cantante para el tour. “No me imagino saliendo de mi casa yéndome al Centenario a ver a Taylor. Sería un sueño estar a 10 cuadras de ver a Taylor Swift”, comenta Josefina.

Desde aquel grupo de Facebook en el que se conocieron hasta acumular miles de fanáticos activos en redes sociales pasaron más de 10 años. “De un tiempo a esta parte creo que alrededor de Folklore-Evermore, estos dos discos de pandemia que ella saca, la comunidad se expandió un montón. Mucha gente empezó a escucharla y ahí empezó a verse un poco más: de repente podíamos ver que estaba número uno en las ventas de discos o en Spotify, las listas posicionan las canciones en el top de Uruguay”, comenta Lucía. 

Leonardo Carreño

En 2020 iba a llegar por primera vez a América Latina con el tour de Lover. Las uruguayas habían comprado entradas y pasajes para ir a verla en Brasil pero la pandemia de coronavirus jugó en su contra. Ahora especulan con que la próxima gira desembarque en Brasil y México, pero vieron cómo los clubes de fans empezaron campañas en otros países de Latinoamérica, como Argentina o Chile, y quisieron “hacer un poquito de ruido” desde acá. Lanzaron una colecta para promocionar el disco en la pantalla del bar Facal, en la esquina de 18 de Julio y Yi, y consiguieron juntar los $ 15 mil en menos de 24 horas. Durante una semana y media el rostro de Taylor Swift estuvo en el Centro de Montevideo junto a un código QR para escuchar sus canciones, y los fanáticos desfilaron frente a él para postear sus fotos en todas sus redes sociales.

Además decidieron crear la fiesta de la que querían ser parte: una alrededor del culto a la artista. “Todo el tiempo tenemos que salir a lugares donde escuchamos música que de repente no nos gusta tanto, pero es la única opción que hay para salir. Se escucha música que no es lo que más te representa, capaz que te encanta pero de repente lo que vos escuchás más en tu tiempo libre es Taylor, y no hay ningún espacio en donde pueda salir y escucharla”. Publicaron un formulario para estimar la convocatoria, pensando que como mucho responderían 100 personas y podrían alquilar un salón de cumpleaños, pero se sorprendieron al ver que los interesados se contaban de a cientos.

El próximo 20 de noviembre celebrarán la tercera edición de una fiesta que autogestionan en la Sala del Museo. Es la tercera en la que venden más de 1.000 entradas en menos de 24 horas. “Lo que buscamos permanentemente en la Taylor Party es eso de celebrarte sin importar nada más. Todos son celebrados y buscamos la diversidad. Que haya espacios más poblados con autenticidad”, dice Lucía. 

Encontraron un DJ que conocía la discografía de la artista, organizan premios para los mejores looks de la noche inspirados en Swift, entregan regalos que hacen ellas mismas. Crearon la celebración a medida para los fanáticos que da por tierra lo que entienden como un estigma: que el fanatismo es una cuestión adolescente.

Leonardo Carreño

“A nosotros nos costó generar la comunidad. No compartíamos tantos espacios con gente que realmente nos comprendiera. Estamos haciendo una fiesta para mayores de 18 años, es gente grande. Eso de que el fanático tiene 15 y después se le pasa, esa imagen aniñada es un estigma. Es lindo generar esos espacios. Es espectacular cuando te paran y te dicen ‘Es la mejor noche de mi vida’”.

Quisimos generar un espacio que nos gustaría habitar y vimos también que había una necesidad. Entonces está buenísimo que se mantenga y que sea un lugar seguro para todos, que vayas, te diviertas y conozcas gente”.

También organizan reuniones cada 13 de diciembre, en la fecha del cumpleaños de Swift, para mantener la tradición y facilitar un espacio para las nuevas fanáticas que no tienen edad para entrar a la fiesta.

“Ella es la industria musical”

El nombre de Taylor Swift cotiza al alza en la industria musical desde que tiene 16 años y eso le ha pasado factura. Pero a pesar de librar una extensa batalla legal con su exdiscográfica, Big Machine Label Group, por los derechos morales y patrimoniales de seis de sus primeros álbumes y soportar el desdén de colegas de la industria, sigue rompiendo récords.

Su último disco vendió 1,6 millones de copias –en vinilo y en cedé– en la primera semana y se posicionó como el lanzamiento más vendido de 2022. Anti-Hero fue la canción más escuchada de Spotify en el mundo y Snow on the Beach, la colaboración con Lana del Rey, obtuvo el mejor debut para una colaboración femenina en la historia de la música pop. Midnights también se convirtió en el álbum con más reproducciones en Spotify en un solo día: apretaron el botón de play 184,7 millones de veces.


Ahora el reconocimiento llega, una vez más, sobre los hombros –o las reproducciones– de sus fans. “Es inspirador. Que ocupe los 10 puestos, es la primera vez en la historia que no hay ningún hombre en los Billboard. Es una inspiración personal ante lo que la industria musical les hace a las mujeres. Siempre exigiéndoles, siempre la reinvención, nunca alcanza, Taylor siempre luchando contra eso, siempre reinventándose. Y ella es la industria musical”, sostiene Pilar.

Josefina recuerda que hubo momentos donde no fue sencillo ser fan de Taylor Swift. “Vivimos muchas épocas en las que fue cancelada en las redes sociales por diversas cosas, un montón de momentos en los que ser fan de Taylor Swift fue un poco difícil porque era siempre la burla. Siempre la trataron como a la rubia sin sustancia, y carga con el estigma de la típica americana. Es un orgullo haber estado todo este tiempo al lado de ella. Le bancamos los trapos en los peores momentos”, dicen.

Es muy lindo ver que tiene el reconocimiento que merece. En su momento fue como nuestro pequeñito secreto y ahora es superraro ver gente en la calle que la reconozca más. Pero creo que poder mantenerlo en la intimidad también es lindo porque es el origen. Aunque verla desde lejos y que rompa todo está de más”, comenta Lucrecia.

El santuario sigue ahí. Y las fanáticas siguen rezando para poder verla sobre un escenario en Latinoamérica. Si es en Uruguay, mejor.

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